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title: "Réquiem para el teléfono de casa"
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date_published: "2026-03-18T06:47:00-03:00"
date_modified: "2026-03-18T06:51:16-03:00"
author_name: "TABANO SC"
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# Réquiem para el teléfono de casa

## ![telefonos-antiguos](/download/multimedia.normal.8025362ab04a132b.bm9ybWFsLndlYnA%3D.webp)

## ****Por** **Antonio Las Heras****

## **Señalan los expertos – y doy fe que es absolutamente cierto – que quienes pertenecen a mi grupo etario (ya he cumplido 73 años cronológicos) hemos vivido más cambios que toda la Humanidad desde que dejamos las cuevas y las cavernas. Y es bien cierto. El ejemplo del teléfono me sirve para demostrarlo.**

**Durante mi infancia, en la casa de mis padres, estaba el teléfono**. Un aparato negro, que llevaba adosado un cable que conectaba a otro que serpenteaba entre los árboles de la calle. ¡No cualquiera podía tener un aparato de estos en su residencia! Tanto es así, que había vecinos que – conociendo que contábamos con ello – venían a pedir usarlo.

**De mi adolescencia recuerdo que las propiedades variaban de precio según tuvieran o no teléfono.** Teniéndolo, el precio aumentaba en varios miles de dólares. Alguien podrá suponer que estoy exagerando. Pero no es así. Realmente contar con el aparato daba un valor agregado para la venta. Y eso es así porque, por más que uno lo pidiera a la única empresa (que era estatal) que le instalaran el teléfono, tal solicitud muy rara vez – y sólo después de mucho tiempo – era concretada.

## El teléfono resultaba algo que había que cuidar. Recuerdo que en mi hogar se tenía en un lugar de no fácil acceso. De manera que a los niños ni se nos ocurriera intentar jugar con tan valioso instrumento.

**Hacer lo que se denominaba *“llamada de larga distancia”* era algo *“para los ricos”*, afirmaban nuestros mayores. Y tenían razón.**No estoy refiriéndome a buscar comunicarse desde la Argentina con Europa o los Estados Unidos ni a la Unión Soviética. *“Llamada de larga distancia”* también era una comunicación desde la Ciudad de Buenos Aires a Mar del Plata*. “Pero si eso es aquí cerquita, apenas 400 kilómetros”,* me dirá el lector joven, sorprendido. ¡Pues no! El trámite tampoco era inmediato. Había que marcar el 0 (operadora) quien le indicaría cuánto habría de demorar en hacerse la comunicación. **Lo usual, para una llamada de Buenos Aires a Mar del Plata… ¡eran unas cuatro horas!** De manera tal que había que permanecer cerca del aparato no fuera a ser que sonara la campanilla y no estando alguien cerca se perdiera la ocasión. Entonces, de nueva a llamar a la operadora de larga distancia y otras 4 horas de espera…

## **El precio también era muy elevado. Por ejemplo, si se estaba en San Salvador de Jujuy, era mejor enviar un telegrama a Buenos Aires que querer hablar por teléfono.** La diferencia de precios era sideral.

## **Al menos, las llamadas locales no tenían costo, estaban incluidas en el abono mensual.** Interesante esto también. La mensualidad no se pagaba en bancos, ni nada de eso. Una persona pasaba, tocaba el timbre… era el cobrador. Entregaba una papeleta y a él se le abonaba en efectivo. Con el tiempo, esta persona empezó a ser acompañada por un agente de policía. Para evitar los robos que habían comenzado a hacerse frecuentes. Lo mismo sucedía con el cobrador de la electricidad y de Obras Sanitarias de la Nación.

## Todo esto no ocurrió – vuelvo a recordar – hace un siglo… 50 años atrás acontecía.

## **Las cosas volvieron a modificarse más recientemente. Ahora todas las llamadas había que pagarlas según el tiempo de uso. Aunque fueran locales.** Hubo que cuidarse más del tiempo de extensión de cada comunicación. Pues uno se arriesgaba a que llegaran facturas abultadas. Pero ya se pagaban en los bancos.

## **Pasaron unos años y aparecieron los primeros teléfonos inalámbricos.**De cierto tamaño, es verdad, pero ya se podía andar por las calles comunicados. Y de allí a los actuales celulares el lapso fue breve. Hoy puedo hacer una videollamada por Whats App desde Buenos Aires a Madrid, de una hora de duración… ¡y no pago ni un peso más por ello!

## **Hace un mes di de baja al teléfono de línea que aún estaba en casa. Resultaba totalmente inútil habida cuenta del pequeño y útil aparato que suelo llevar en un bolsillo de mi saco. Fue el réquiem para el teléfono de casa.**

## Todo aconteció durante una parte de mi vida. Gran verdad que somos quienes estamos transitando – en una existencia – más modificaciones tecnológicas que en toda la Historia de la Humanidad.

## **Claro que todo hace pensar que la cosa no terminará aquí**. Los actuales popes de las comunicaciones ya adelantaron que están trabajando en modelos tales que serán chips implantados en el cerebro, a través de actos quirúrgicos mínimos, y que podremos hablar con quién se quiera en el mundo, así como también vincularnos con nuestras computadoras. Pienso lo que necesito, el chip actúa y con eso alcanza. Suena a ciencia ficción. Es cierto. Como también les pareció a mis padres cuando se informaron de que las empresas estaban probando los primeros teléfonos inalámbricos que cualquiera podría llevar a donde fuera.

## La imaginación humana no se detiene. Nuestra creatividad tampoco. Y como ya hace tiempo dijo un filósofo*: “Todo lo que el humano imagine habrá de convertirse en realidad en algún momento.”*

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