955x100

“EL SÍNDROME HAITI”

Editorial 03/10/2021 Por Editor
Como se sabe, Haití sufrió un devastador terremoto, estos fenómenos, ocurridos en países pobres suelen llevar a que la explicación física del desastre sirva también para justificar las causas de la pobreza de la zona afectada. El castigo de Dios se desataría sobre los más débiles, habitantes de tierras de naturaleza imposible.

VACUNACON  955x100

EDITORIAL 3.10

Haití, en concreto, tiene algunas desventajas físicas respecto de su vecino, la República Dominicana -menos lluvias, suelo más pobre, los ríos de las montañas dominicanas fluyen en su mayoría hacia el este... Sin embargo, los dos países, como escribe Jared Diamond en su extraordinario libro Colapso. Cómo las sociedades eligen fracasar o sobrevivir, son el perfecto antídoto para el determinismo geográfico, el mejor ejemplo de cómo son las sociedades las que deciden el destino de un país.

Hagamos un poco de historia. Cuando Colón llega a La Española en 1492 se calcula que habitaban la isla medio millón de nativos, los taínos. Para su desgracia, tenían oro. En 1519 quedaban tan sólo unos 11.000. España tuvo que importar mano de obra esclava, pero pronto encontró lugares en el continente americano de mayor interés.

La negligencia española llevó a la ocupación francesa del tercio occidental de la isla para finales del siglo XVII. El cultivo intensivo de la caña de azúcar, acompañado de una salvaje deforestación y de pérdida de fertilidad del suelo, convirtió a Haití en la colonia más productiva de Francia en 1785. Para entonces, su población esclava ascendía a 700.000 personas, el 85% del total, frente a los 30.000 de la parte de la isla que seguía siendo española.

La rebelión de los esclavos haitianos y la Constitución de la primera república negra en enero de 1804 horrorizó al Occidente blanco. Las nuevas autoridades haitianas legislaron para que nunca se repitiera la tragedia de la esclavitud: no habría más plantaciones, sino pequeñas parcelas de tierra para la subsistencia de cada familia, y se prohibió el establecimiento y las inversiones de los extranjeros.

Al autoaislamiento se unió la exclusión. Haití era la encarnación de la peor pesadilla del colonialismo blanco. Como dice Ian Thomson, autor de Bonjour Blanc, a Journey Through Haiti, "se pensaba que los haitianos eran incapaces de gobernarse a sí mismos porque eran negros. Luego había que probar que eran ingobernables". EE UU, por ejemplo, sólo reconoció la independencia de Haití en 1862, en plena guerra civil. Pese a todo, la pequeña república era aún mucho más rica que su vecina, a la que invadió en varias ocasiones en el siglo XIX. Sin embargo, la República Dominicana contaba con algunas ventajas: no estaba superpoblada, sus habitantes hablaban español y no creole y eran de origen europeo, recibían bien a los hombres de negocios extranjeros y desarrollaron una economía de exportación.

Los países sufrieron inestabilidad política y administraciones atroces -en Haití, de 22 presidentes entre 1843 y 1915, 21 fueron asesinados o expulsados del poder; en la República Dominicana, entre 1844 y 1930 hubo 50 cambios de presidente- y la ocupación durante varias décadas por EE UU. Y después, el despotismo del clan Duvalier y el clan Trujillo. Dos dictaduras cleptómanas cuyas secuelas aún se pueden sentir. No hay maldición geográfica. La suerte de Haití se decidió mucho antes del terremoto.

Comparando estos desastres económicos, políticos y sociales hoy Haití tiene un 60 % de su población por debajo de la línea de la pobreza y un 20 % de indigencia contrastando con Concordia, que tiene un 56.1% de pobreza y un 15,8 % de indigencia, llegamos a la triste conclusión que estamos a 3,9 % de llegar al índice del país más pobre de Occidente en cuanto a niveles de pobreza y a un 4,2 % del índice de indigencia, pero claro, no sufrimos terremotos, guerras, asesinatos de dirigentes políticos y, por suerte, aquí nadie pelea por un poco de arroz o harina de trigo para hacer pan como se ha visto por la televisión que ocurre en el país caribeño aunque no podemos negar que hay gente que revuelve la basura en busca de comida.

Tenemos entonces una realidad tangible, de la cual muchos están hablando y usando para llevar agua para su molino pero, no se ven propuestas serias de cómo salir de esta crisis. En los años previos a la construcción de Salto Grande se luchaban por su construcción que sería una panacea que curaría todos nuestros males pero hoy tenemos ya hace cuarenta años la represa y salvo los excedentes, demorados y pagados a los saltos, si bien es un aporte a la región, no significó lo que esperábamos.

Es que Salto Grande no fue ideada como una simple productora de energía “limpia y barata” sino una generadora de desarrollo que a través de mecanismos que ideamos los entrerrianos para manejar esos recursos, surgió la CAFESG.

Los proyectos ahora surgen del lado uruguayo donde se lanzan cataratas de ideas por parte del presidente de la delegación del país oriental pero se anuncian proyectos que no parecen luego tener sostén político para llevarlo adelante. Una visita del presidente uruguayo a Salto Grande, no parece haberse llevado a cabo. De nuestro lado, a pesar de que se integró a la Delegación Argentina al autor de la Ley Maya, Héctor Maya, de Gualeguaychú, no se advierte un protagonismo desarrollista. Tal vez, porque concentramos demasiadas responsabilidades ejecutivas en el presidente de la Delegación Argentina, que a su vez es Presidente de la CAFESG y que, en su principio, era ocupaba un tercer cargo de responsabilidad en el gobierno provincial.

Nadie puede quitarle valor al trabajo de Luis Benedetto, como funcionario capaz, honesto y dedicado, tampoco a su gestión que he titulado “Benedetto te calienta”, que ha sido importante para las 30 familias que ya han recibido su calefón solar y otras obras más significativas, pero necesitamos otra cosa: DESARROLLO.

Distintos sectores del gobierno provincial hicieron cabeza de playa en Concordia, es importante, aunque se hayan atrasados las soluciones. La licitación de la costanera Nebel si es importante y sintoniza con la idea de obras, trabajo y desarrollo.

Necesitamos más acción dinamizadora para alejarnos definitivamente del “Síndrome Haití” y no emparentarnos con su pobreza extrema, está en manos de todos, pero más, de quienes hemos asignado responsabilidad para conducirnos. 

Te puede interesar