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“El sinvergüenza”

Editorial 28/09/2021 Por Editor
Me preguntaba un amigo si había ocurrido algo que había hecho cambiar mi estado de humor desde la primavera a ayer cuando descargué hechos y circunstancias que no van en el camino anterior de PAZ y AMOR.

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HERRAMIENTAS CARPINTERO

“Tal vez”, le expresé, recordando al carpintero que debía hacer un trabajo y le fueron entregadas las herramientas y materiales, pero el martes dijo que no había podido hacer nada porque no tenía grasa para la motosierra; el martes se la trajeron y volvió a holgazanear todo el día porque la cadena estaba desafilada y necesitaba una lima para afilarla; el miércoles tuvo la lima, pero se acordó de que el piñón estaba “gastado” y necesitaba un piñón nuevo, se tiró en la playa e hizo turismo hasta que a la tarde pasaron a buscarlo. Ya para el fin de semana no tenía más excusas, así que cortó algunos palos y los instaló medio torcidos, pero al fin produjo algo.

Por la tarde, inició una larga perorata de cómo había que hacer el trabajo y el por qué no adelantaba el suyo, echándole la culpa a las herramientas primero, a los materiales después y, por último, a sus compañeros que lo iban a buscar muy tarde y el tenía que volver temprano porque estaba haciendo una “changuita”.

El sábado, cobró sus días de “turismo” y quedamos en avisarle cuándo lo necesitaríamos para seguir haciendo las sombrillas que –a ese ritmo- estarían instaladas para el invierno… Pasó una temporada y volvió a pedir trabajo. Le recordé los sucesos que lo habían tenido como un “vivo” y, para mi sorpresa, el hombre se rio y dijo que yo tenía razón y que había adoptado esa actitud porque “ganaba poco” y que si ahora le mejoraba los ingresos se comprometía a “rendir” en el trabajo, aparte, si le ponía un conductor más competente que lo fuera a buscar a horario, porque ahora había conseguido otra “changa” de sereno.

No tuve ganas de volver a complicarme con una persona “difícil” y engañosa. El tipo era jodido y lo demostró tiempo después cuando comenzó a difundir por internet las sombrillas que debía hacer como si fueran de su diseño y ofreciéndolas como fabricadas por él cuando nunca pudo terminar ni una.

En fin, el “Síndrome del carpintero sinvergüenza” quedó presente en mí…  Cuando alguien empieza a decir que no trabaja porque le falta “A”; cuando lo tiene, pide “B”; y cuando lo tiene dice que ahora le falta ser designado gerente para impulsar el trabajo de él y del resto, motorizados por su extraordinaria fuerza de haraganería. Damián debía haberse ofrecido como probador de colchones en una mueblería para hacer noni-noni, no como carpintero, pues deshonraba la noble profesión.

Habrá que volver a pedir la prueba de amor…al trabajo y no tener piedad con los haraganes. Ellos quieren constituirse en sanguijuelas que chupen la sangre y el esfuerzo de los demás, rascándose o tirados en la arena de la playa. 

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