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AMANECIENDO EN EL “BARCO FANTASMA”

Editorial 27/09/2021 Por Editor
El invento del alemán Gutemberg en 1440, considerado como “el padre de la imprenta”, vino a poner fin a la copias de libros y documentos de todo tipo que hasta la fecha estaban restringidos a solo unos pocos por parte de la iglesia católica, ya que los monjes eran los únicos responsables de las copias manuscritas.

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AMANECIENDO EN EL “BARCO FANTASMA”

En la etapa del Feudalismo, la iglesia católica otorgaba exclusivamente el papel para la reproducción y difusión de conocimientos a la institución religiosa. De esta forma, prohibía los temas de los que no se podían hablar y permitía que se hablaran de los que más le interesaba. 

La invención de la imprenta supuso un cambio a nivel histórico, cultural e intelectual. La historia de la imprenta o invención de la imprenta moderna tiene lugar a finales de la Edad Media y a principios de la Edad Moderna —casi con el descubrimiento de Colón en 1492 Con la invención de la imprenta se multiplicaron los textos que existían en la última etapa de la Edad Media —y a principios de la etapa del Renacimiento—, lo que supuso una ampliación del número de lectores y de las personas que se interesaban por la lectura y por adquirir conocimientos nuevos —aumentando considerablemente el nivel de alfabetización de la población—.

Por supuesto, a nivel histórico y cultural la invención de la imprenta fue de vital importancia. Ello permitió recopilar una gran parte de la información de aquella época que —de otra forma hubiera desaparecido—, además de expandir la cultura por el resto de ciudades y regiones de todo el mundo.

La evolución de la imprenta dio lugar a otro tipo de publicaciones —aparte de los libros— como las tiradas de prensa con los primeros impresos con noticias contemporáneas en forma de hojas sueltas. Rápidamente, la imprenta y las nuevas impresoras ganaron terreno permitiendo la impresión de cientos de copias de libros y miles de tiradas de prensa -diarios- en el mínimo tiempo hasta la fecha actual, expandiéndose por todo el mundo.

Pero entre la invención de la imprenta y la aparición del primer diario pasaron algo así  como 152 años ya que la primera publicación periodística impresa tuvo lugar en Viena en el año 1529. Era una hoja de noticias (también llamados “mercurios”) en la que se solicitaba a los ciudadanos ayuda para poder enfrentarse y derrotar a los turcos, que peligrosamente estaban acechando las puertas de la ciudad imperial.

Muchos años después, en Argentina, el primer periódico fue La Gazeta de Buenos Ayres, fundada el 2 de junio de 1810 por la Primera Junta de Gobierno (primer gobierno patrio de la Argentina), mediante un decreto que establecía que “el pueblo tiene derecho a saber la conducta de sus representantes”. Su primer número apareció el jueves 7 de ese mes, fecha que luego fue elegida como el Día del Periodista por el Primer Congreso Nacional de Periodistas celebrado en Córdoba en 1938.

La Gazeta publicaba las resoluciones oficiales, decretos y otros documentos oficiales, ofrecía noticias de actualidad tanto del extranjero como locales y contenía también los ideales del gobierno.

Su lema era la frase «Tiempos de rara felicidad,/son/ aquellos en los cuales se puede sentir lo que se desea y es lícito decirlo», del historiador romano Cornelio Tácito.

Con la irrupción de internet la prensa escrita ha venido sufriendo una crisis por la progresiva caída de la venta de ejemplares y una pérdida de influencia entre el público nuevo, hiperconectado y sobreinformado.

La irrupción de docenas de “periodistas” digitales creando portales informativos con contenidos copiados y pegados de otros operadores y en el afán de mostrarse como generadoras de esas noticias, las van adaptando y rearmándolas, dándose el efecto del “teléfono roto” donde la noticia original termina distorsionada por sucesivas “readaptaciones” que la terminan degenerando de tal manera que nada tiene que ver con la verdad.

La convergencia entre la prensa digital y la escrita, aprovechando la facilidad de transmisión de textos e imágenes por internet, ha creado el raro fenómeno de que algunos “copie y pegue” inviertan ingentes sumas de dinero en imprimir periódicos en papel en un mercado que va en baja y se mantienen gracias al subsidio de aportantes anónimos de dinero “negro” y sin periodistas. Como si fueran un barco fantasma, sin capitán, ni tripulación, quien tiene el timón se presenta en público como el “propietario” y a la postre era el cocinero de otro barco lo que le permite decir que tiene “años de experiencia”, pero en realidad no sabe lo que es proa ni la popa del barco, menos aún cuál es el calado de su barco, ni dónde puede encallar mientras, como si fuera el Concordia, toca a full la sirena saludando a todos, previo al desastre.

Ni siquiera ha subido a su barco la guardia costera para verificar quien paga el combustible, los sueldos y las cargas sociales de la tripulación, navegando en aguas argentinas, los papeles deberían estar en orden y cuando las papas queman y la ley pregunte: ¿Quién paga este viaje?, apuntarán al político “A” “B” o “C” o al empresario de las gaseosas que dirá que no tiene idea. Ningún pasajero paga pasaje, ningún tripulante recibe paga, ni figura en nómina de personal, el único en “blanco” es el capitán cocinero y dueño del “barco fantasma”, que pretende lavar impunemente el dinero que le entregan los “transas” hasta que el barco encalle, sea inspeccionado o se vaya a pique por haberse abierto una avería bajo la línea de flotación. Esto es un fraude, está lejos de ser periodismo sin periodistas, ni puede ser ejemplo de cómo se puede crear en la crisis de los periódicos uno nuevo, cuando los que tienen más de medio siglo de existencia, están casi en bancarrota.

La economía es como la matemática, aunque se afirme que es una ciencia empírica, los conocimientos y previsiones propios de la Economía son susceptibles de apreciación en la realidad y esta nos demuestra que si un producto te cuesta veinte y lo vendes en diez, la pérdida de ese dinero, debe ser cubierta con otra fuente de financiación que en los periódicos es la publicidad. Si no tienes publicidad y sobrevives es porque tienes un “mecenas”; si este es un político, el dinero que te entrega es producto de la corrupción; y si es de sus propias ganancias, debería declararlo; si no lo hace, queda atrapado en figuras de tipo penal; si es de dinero negro de otras “transas” -fuera de la política- y el paganini es, por ejemplo, un narco, va de suyo que el periódico lavaría dinero del narcotráfico y se convertirá -tarde o temprano- en portavoz de los delincuentes. 

¿Hay alguna otra opción? Sí, es religiosa. Puede ocurrir que no hayamos advertido la nueva venida del Mesías y que esté al lado del capitán-cocinero del “barco fantasma” haciendo el mismo trabajo que la imprenta del Banco Central, imprimiendo billetes, como si fuera maná del cielo, que cae sobre la cubierta del barco y les asegura la cobertura financiera para navegar cuando todos los demás barcos están averiados y con riesgo de irse a pique.

Es medio arrancada de los pelos esta última teoría y no creo que ningún fiscal serio, salvo Moro, crea que Dios va en el “buque fantasma” haciendo caer billetes sobre la cubierta para que los tripulantes vanaglorien su nombre cuando han vendido sus almas al diablo por un 30 % de sus futuros “beneficios”.

En esa hipótesis no han calculado que “copiar y pegar” no otorga impunidad para cometer delitos y que no pueden engañar a nadie diciendo que son periodistas que no saben de “autopías” ¿? El cerco se cerrará más temprano que tarde y en ese momento se darán cuenta que para ser talibanes se necesita más que audacia y falta de escrúpulos. Un cocinero ambicioso y un papá taimado que pretende ser guía “espiritual” de una tripulación que pretende tener el oficio de escribir como si fueran verdaderamente periodistas y no saben ni apagar la luz.

Si Ud., amigo lector, va al médico, pretende que lo atienda un profesional de la medicina; si va al dentista, que quien le saque la muela, haya estudiado y se dedique a extraerla con profesionalidad. Imagine si fuera al médico y lo atiende el cocinero y todavía le dice con aire de suficiencia lo que debe hacer, es probable que lo lleve a la muerte y sería mejor morirse antes que te trate de sacar una muela un laboratorista de cuarta, que sabe prender la máquina por tantos segundos, apagarla y revelar la chapa, causa pavor pensar a este hipotético operario se dedique al ejercicio de un oficio tan delicado como el del periodismo.

Carlos Gardel, lo dice en esta letra:

El mundo fue y será una porquería, ya lo sé
En el quinientos seis y en el dos mil también
Que siempre ha habido chorros
Maquiávelos y estafáos'
Contentos y amargaos, valores y dublé
Pero que el siglo veinte es un despliegue
De maldá' insolente ya no hay quien lo niegue
Vivimos revolcaos en un merengue
Y en el mismo lodo todos manoseaos

Hoy resulta que es lo mismo ser derecho que traidor
Ignorante, sabio, chorro, generoso, estafador
Todo es igual, nada es mejor
Lo mismo un burro que un gran profesor!
No hay aplazaos ni escalafón
Los inmorales nos han iguala'o
Si uno vive en la impostura
Y otro roba en su ambición
Da lo mismo que sea cura
Colchonero, rey de bastos
Caradura o polizón

¡Qué falta de respeto, qué atropello a la razón!
¡Cualquiera es un señor, cualquiera es un ladrón!
Mezclao' con Stavisky van Don Bosco y La Mignon
Don Chicho y Napoleón, Carnera y San Martín
Igual que en la vidriera irrespetuosa
De los cambalaches se ha mezclao' la vida
Y herida por un sable sin remache
Ve llorar la Biblia contra un bandoneón

Siglo veinte, cambalache, problemático y febril
El que no llora no mama y el que no afana es un gil
Dale nomás, dale que va
Que allá en el horno nos vamo' a encontrar
No pienses más, sentate a un lao'
Que a nadie importa si naciste honrao'
Es lo mismo el que labura
Noche y día como un buey
Que el que vive de los otros
Que el que mata o el que cura
O está fuera de la ley

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