Gob er ola de cuidados

Recordando al padre Andrés

Editorial 28/07/2021 Por Editor
Ayer, escribía unas palabras de despedida al ingeniero Bourren y hoy me toca referirme a su amigo y coequiper en la construcción de la Defensa Sur de Concordia, el padre Andrés Servin quien sirvió cuatro décadas a los habitantes de la zona sur a través de su amada Parroquia de la Gruta de Lourdes en Concordia, donde luchó por la paz en la justicia.
padre servin

Es propicia la oportunidad, por cuanto a las 16 de esta tarde se renombrará la calle Leguizamón que pasará a ser, de ahora en más, padre Andrés Servin, en una sencilla ceremonia que se realizará en el Club Sarmiento.

Tengo recuerdos vívidos de Andrés porque fue mi confesor y bautizó a Vero, una de mis hijas en la Gruta de Lourdes, pero lo conocí no solo en su misión sacerdotal, sino en su permanente compromiso por los pobres y desposeídos. Al momento de producirse el golpe del 76, Andrés, junto al padre Temón y un grupo de jóvenes idealistas construía las casitas alpinas del barrio Pancho Ramírez, cerca del Constitución y fue investigado como un “cura tercermundista” pero los genocidas no se animaron a detenerlo porque el obispo se plantó ante el jefe del regimiento.

Defensor de la inclusión de los pobres; impulsor de la Defensa Sur que hoy protege a miles de habitantes; creador de instituciones como el Hogar de Día, la Escuela Gruta de Lourdes y la Casa de los Gurises entre otras; perseguido durante la dictadura militar por su compromiso social; amigo de Monseñor Ricardo Rösch a quien acompañó hasta su muerte; el Padre Andrés, como le decían los vecinos, dejó un vacío imposible de llenar, tras su partida cuando su corazón dijo basta.

Su pensamiento quedó reflejado en reportajes que se le hicieron poco antes de su partida: “La pobreza durante un tiempo disminuyó, pero después se estancó y crece. La pobreza siempre es pobreza, salvo la voluntaria. Yo distingo la pobreza que conocí -hace 44 años que estoy acá- y el bagaje de valores que tenía una familia pobre era extraordinario, la solidaridad que existía, había códigos elementales, un pobre jamás le robaba a otro pobre. Era otro mundo. Hoy el deterioro que causa la pobreza es mucho mayor. Creo que la gente todavía no tomó consciencia sobre la distinción entre pobreza y exclusión. Antes el marginado tenía cierta movilidad social por la que podía conseguir su trabajo, realizar su oficio, salir de una situación de pobreza a través de un trabajo digno. La exclusión ya no es una línea que marca un margen donde es posible pasarla y escribir tu propia historia. Por un lado, el mundo ha crecido tecnológicamente, las exigencias del trabajo han variado enormemente, las herramientas necesarias para insertarse son otras. Entonces hay una gran población que está del otro lado del muro. Ese muro es la exclusión, es el que sobra, el que no puede atravesarlo. Y por otro, el mundo del consumo, ese chico que anda por la peatonal y pega su nariz contra la vidriera y sabe que ese mundo no es suyo. Entonces, se desata esa violencia desproporcionada por un par de zapatillas.”

Parece que su pensamiento es actual si revisamos la edición de hoy de esta hoja, donde el juez de garantías, Dr. Ledesma, opina en parecidos términos y los hechos policiales ocurridos en las últimas horas, reflejan que su pensamiento es actual y se encuentra vigente.

También su desazón: “Confieso que estoy cansado, estoy harto de esta política que no da respuestas”, expresó. “Estamos en un momento de involución social, donde la pobreza y la exclusión deterioran la vida de las personas”, lamentaba el Padre Andrés.

“He podido vivir lo que soñé cuando era estudiante; tenía una opción clara de vivir para los pobres. Dentro de mi vocación sacerdotal a veces hemos tenido grandes dificultades, tiempos difíciles, pero creo que fuimos coherentes, queremos ser coherentes.”

“Que los ciudadanos se comprometan y no se encierren, empiecen a dar vida, tiempo a sus hermanos que necesitan. Y que los gobiernos en vez de entretenerse en pequeñas cosas, busquen dialogar, escuchar la voz de la gente y dar respuestas sinceras. El diálogo no es una palabra hueca. Es indispensable a todo nivel: en la familia, en un matrimonio, entre padres e hijos, con los adversarios políticos, con el pueblo. Vaciamos de sentido palabras como liberación. Todo es liberación, pero no. A veces son cadenas.”

“Mi mayor deseo es que la dignidad de la gente sea respetada, estamos en un momento de involución social donde la pobreza y la exclusión deterioran la vida de las personas. Y uno quisiera un país un poco más normal y en paz”.

@diarioelsolconcordia

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