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Bochas: “Pelito” deja una huella imborrable

Luis Menteguiaga, “Pelito” para quienes lo conocíamos, nos dejó físicamente el día jueves. Grande fue la consternación en el mundo de las Bochas y particularmente en el Barrio de la Escuela Vélez Sarsfield (Alberdi y Colón) donde vivió prácticamente toda su vida Menteguiaga.

Una afección cardíaca y una neumonía lo tuvieron internado, y lamentablemente el desenlace fatal llegó el día jueves, como quedó dicho.

A “Pelito” se lo recordará principalmente como un gran tipo. Callado, solitario, pero compañero y amigo, también. La mayor parte de su vida la pasó en el Club Río Uruguay, donde supo desarrollar su pasión: Las Bochas. Y vaya si tenía talento para ello, porque llegó a ser uno de los mejores punteros de la ciudad y la provincia, por lejos. Puntero, para el que no sabe, se le llama al que arrima, y “Pelito” tenía una sensibilidad especial para manejar la bocha y dejarla lo más cerca posible del bochín o “chico”. 

A lo largo de su carrera formó equipos tan fuertes como inolvidables. Pero sin duda que se va a recordar la gran dupla que formó con Pedro Alberto “Cuqui” Goggia, con quien jugó a nivel local, provincial y nacional. Ganaron y perdieron, pero se ganaron el respeto y admiración de todos, por siempre. Y me atrevo a señalar una particularidad. El nivel de “Pelito” crecía al lado del “Cuqui”, más que con otros compañeros. Porque con ese formidable bochero se entendía a la perfección, casi con la mirada. A decir verdad, no compartían mucho fuera de la cancha, pero no por nada en particular, sino porque “Pelito” era más solitario, más de escuchar que de hablar y/o participar de alguna discusión o charla en el club. Pero dentro de la cancha, con el “Cuqui” había una particular unión que por momentos los hacían invencibles.

Quizá “Pelito” sí participaba cuando la discusión era futbolera. Hincha de Boca hasta la médula, discutía sobre la actuación de su equipo el domingo, y era crítico también cuando el mismo perdía, rezongando al entrenador de turno. Justamente, claro, Goggia también es hincha de Boca y congeniaban hasta en eso. También, personalmente, lo solía ver a “Pelito” tomar calle Colón rumbo a la cancha de Libertad, para ver algún partido del fútbol local o bien de algún regional, pero siempre con la radio en la mano. Jamás iba a perderse detalle de lo que ocurriera con “su” Boca Juniors.

Y en ese tiempo, fines del 70 y parte del 80, la radio “mandaba” porque no había tanta televisión y los partidos no se veían en vivo como ahora. Había que imaginarlos por el relato de un José María Muñoz, por ejemplo, y seguro que “Pelito” se pegó a Víctor Hugo Morales, también, en los 80 porque solía regocijarse con las imitaciones que hacía mi hermano Walter del fantástico relator, con el apoyo de mi “locución comercial”, haciendo de Dardo Luis Gregores.

No hace mucho, el 15 de septiembre de 2017, fue homenajeado por todos en el Club Alumni, en oportunidad de jugarse un Torneo Provincial. Hubo entrega de plaqueta, el torneo llevó su nombre y discursos, acorde a la grandeza de Menteguiaga. Él, como siempre, fue tan humilde que sólo esbozaba una sonrisa de compromiso. Lo mismo hizo al levantar los “mil” trofeos que ganó. Nunca se la creyó, aunque lógicamente aceptaba que jugaba para ganar.

A grandes rasgos, así fue la vida de “Pelito”, un ser muy querido por todos, que nunca tuvo problemas con nadie, que en lo particular no pude verlo nunca enojado y quien paseó su talento por muchas canchas del país.

El jueves nos dejó, se despidió, quizá para seguir jugando “allá arriba” con otros grandes que ya no están, o hasta quizá seguir hablando sobre su Boca Juniors en alguna conversación que se cuadre. Pero sin discutir, sin levantar la voz. Porque él tenía tacto, tenía mano para todo. La misma mano que supo brindarnos enormes alegrías dentro de una cancha. La misma mano que siempre nos tendió con una franqueza indisimulable. Un gran jugador, un gran tipo. Gracias “Pelito”. Hasta siempre querido amigo.

EN LAS IMÁGENES: Goggia, Menteguiaga y Cristino Rodríguez en un Campeonato Nacional. En las restantes, mi padre, Don Raúl Perafán, casi siempre maestro de ceremonia del Río Uruguay, había hecho el anuncio y el “Negro” Bento le entrega un trofeo a “Pelito”. Y más acá en el tiempo, en 2017 posando con el entonces presidente del Alumni, Darío Morilla, cuando le hicieron un notable homenaje.  Y aparece Rosa Signes, amante de las bochas si las hay.

Por: Edgardo Perafán

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