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Castrillón contó detalles de la pelea que protagonizó el fin de semana en La Paz

“Me patearon en el piso entre tres o cuatro, me fisuraron tres costillas y me lastimaron los brazos. Me caí en la vereda y ahí me patean en el piso hasta que me levanté”, relató el vocal del STJ tras incidente por el volumen de la música.

El expresidente y actual vocal del Superior Tribunal de Justicia de Entre Ríos, Emilio Aroldo Castrillón, se vio involucrado el pasado fin de semana, en una serie de incidentes que ocurrieron frente a su domicilio, ubicado en la localidad de La Paz.

El conflicto ocurrió en un quiosco, frente al domicilio de Castrillón, ubicado en las calles en Sáenz Peña y Belgrano.

Según se supo, este domingo a la madrugada Castrillón le pidió al propietario del quisco que baje la música que estaba muy alta y se desencadenó un fuerte cruce que terminó en una pelea, en la que un grupo de jóvenes y el empleado del kiosco lo golpearon por pedirles que bajen la música.

Conflicto de barrio

Castrillón contó que lo sucedido “es como cualquier cuestión de pueblo en el cual nos conocemos casi todos, que es chico y tiene sus costumbres, con el kiosco del barrio y se dan situaciones molestas que siempre existieron, subsisten y seguirán subsistiendo”, dijo en declaraciones radiales. Puntualizó que “en este caso es un kiosco de pequeñas dimensiones, contiguo a mi casa, en una esquina céntrica, que está a tres cuadras de la plaza y a cuatro cuadras de la policía” y explicó que “al achicarse los lugares por la pandemia, los que se animan a pasarse de la raya, tienen más clientes porque en los otros lugares están restringidos”.

“Había 340 personas”

El vocal del Superior Tribunal de Justicia afirmó que “ya existían numerosas quejas por el volumen y la utilización de música a alta hora de la noche, por parte del dueño de este kiosco, que se transforma en un bar; y el sábado tenía una concurrencia como la cervecería más concurrida de Paraná por tres, en la calle, sin baño, con mi garaje usado como baño, y con un nivel de música que triplica los decibeles autorizadas a las 2 de la mañana”, dijo a Radio de la plaza.

“El problema no es la pandemia ni que estaban sin barbijo ni que había 340 personas, ese es problema de las autoridades que no controlan, pero el problema es el exceso de volumen de la música”, sentenció el magistrado.

“Desde las 20 había gente por un partido de básquet cercano, el problema no es que se junten y tomen, el problema es el horario y el volumen”, sentenció.

La actitud del empleado

Relató que “en otras oportunidades se llama a la policía, cuando viene la policía bajan la música y a los 15 minutos está igual” pero este sábado, “fui directamente a pedirle al que estaba en el kiosco, que no sabía quién era y resultó ser empleado –no el dueño-, que me contestó mal y me dijo que la música no era de ellos”. Puntualizó que cuando bajó al kiosco “era la 1.45” de la madrugada y el empleado “tenía los ojos hinchados, no sé si de alcohol o de otras sustancias”.

Admitió que en ese momento “estaba enojado, no excesivamente” pero ingresó al lugar “para exigir que bajen la música”. “Cuando yo entré en el lugar, el empleado quiso dar vuelta al mostrador para correrme, y ahí le puse un exhibidor en el camino para poder salir sin que me agarre. Al salir me caí en unos escalones y ahí me patearon en el piso entre tres o cuatro, me fisuraron tres costillas, me lastimaron todos los brazos”, sentenció. “Me trastabillé, caí en la vereda y ahí me patean en el piso hasta que me levanté y salí”, acotó. Agregó que también sufre mareos.

Siguieron vendiendo bebidas

“Ahí pedí que llamen a la policía, que llegó inmediatamente, y como había un grupo totalmente alterado –no todos- hubo que llamar al grupo de choque porque la Municipalidad no actuaba. Cuando llegó el dueño estaba totalmente enloquecido, es patotero o venían de una fiesta. Era imposible hablar con él, ni la policía lo podía parar, estaba totalmente alterado”.

“La Policía en el lugar me dijo que tenía que venir el fiscal. Más allá de que había unos 30 exaltados la policía se manejó bien, y aparte del griterío, se terminó y siguieron vendiendo bebidas hasta las 4 de la mañana, ya sin música”, relató Castrillón. Y agregó que “uno de los propaladores de música es un medio hermano del fiscal”.

“No medí que tengo 60 años”

Consultado por su forma de actuar, el vocal dijo que “hay dos formas: una es que cuando tengo problemas particulares con alguien, pida a la policía que me den guardia permanente y que con la plata del pueblo me estén custodiando, pero no soy de esos”. “No soy ni los choferes, ni de la placa de bronce ni de pedir seguridad para mí por cuestiones privadas”, apuntó.

“No medí que esto sería así, no medí que tengo 60 años y los otros tienen 30 y que eran más. Los que me atacaron eran una banda de afines a la conducción del kiosco, había gente de todo tipo que se fue juntando, era una fiesta”, planteó.

Dijo que recién el domingo habló con el fiscal y que en la zona “hay cámaras” que se podrían utilizar para determinar quiénes fueron los agresores.

“En definitiva, fue una situación normal en la cual antes de escudarme en la policía para que venga y se plante en la puerta de mi casa, fui a reclamar. Lo que no conocía es que a esa altura de la noche estaban pasados”, señaló.

Sin custodia

El vocal del STJ sostuvo que “hubo muchos” que se solidarizaron con su situación y aclaró: “Yo no tiré ninguna trompada ni le pegué a nadie, es cierto que busqué que el muchacho no me corra y parar al que estaba atendiendo, es cierto que bajé a pedir por el volumen de la música a esa hora; es cierto que había un grupo que estaban bandeados y que podría pedir custodia como piden otros/otras para que lo pague el pueblo, pero no lo hago”.

“Que la Municipalidad tome medidas”

Sobre lo que se espera a futuro, mencionó que “depende de la Municipalidad”. “Hablé con el intendente, y le dije que no pueden habilitar un bar con mesas y demás, sin baño, y que usen mi garaje de baño. El lugar está anotado en la Municipalidad como prestador de servicios, ni siquiera como kiosco, y funciona como bar, como elaboración de comida y delivery. Pero mi problema no fue por eso, fue la realización de un evento en la vía pública sin control. Si no fuera por la música, no habría problemas con todas las otras cosas que violan, la violación de todo es problema de la Municipalidad de La Paz”, advirtió.

Finalmente, dijo que “el comercio funciona desde hace unos dos o tres años, pero en la pandemia el problema se agudizó porque en los otros lugares tienen cuidados y como estos no tienen límites, la gente se junta ahí”. “Necesitamos que la Municipalidad tome las medidas que se deben tomar”, concluyó.

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