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Esperando a los Reyes

La magia de la tradición de los Reyes Magos no se apaga con el paso del tiempo ni la Pandemia. Por el contrario, todos secretamente esperamos la llegada de Melchor, Gaspar y Baltasar para alegría de los chicos y renovar la esperanza en que algo bueno está por llegar.

No sabemos si con las riendas de los camellos surcando los cielos, en moto, bicicleta o simplemente caminando, tres (como los Reyes) o un solitario Rey Mago, sobreviviente de los tiempos, se acercará a darnos las buenas nuevas que buscamos por estos días sin encontrarlas.

Las novedades que pasan por los noticieros de la TV, radio y los que publicamos en esta Hoja, no parecen alentadoras, estamos inmersos en un verdadero Pandemonium y no avizoramos la salida del laberinto.

Es, precisamente, en estas circunstancias, que los humanos necesitamos tener esperanzas y creer en algo mas que los datos estremecedores de las cifras que nos apabullan por su recuento de enfermos y muertos por la peste que crece y los anuncios de las subsiguientes “olas”, ahora recomplicándose con la mutación del virus en una cepa más contagiosa.

Por eso, decimos que las novedades del frente de batalla, no son alentadoras pero también que no vamos a vencer las futuras batallas si bajamos los brazos y nos entregamos mansamente al invasor para que haga de la humanidad lo que quiera, que no es nada bueno.

En ese punto, nuestros soldados que están en la primera línea de combate: enfermeros, médicos y personal auxiliar de la salud, son quienes necesitan del aliento de todos nosotros, acá en la tierra, y desde el cielo, a través hoy de los Reyes Magos que no solo traen juguetes para los pequeños reyes de cada casa: los gurises, sino también la esperanza guía sus mágicos pasos.

Cuando creemos que no hay salida, hasta los agnósticos, imploramos a Dios, sin darle ningún otro título, para unas religiones tendrá un nombre y para otras, otro. Poco importa el nombre sino la arraigada creencia de todos en que hay algo más que la nada en las fuerzas del Universo.

Esa fuerza divina que corporizamos en un Dios celestial, debe tener –seguramente- sus emisarios que esta madrugada llegarán hasta los zapatitos de todos y nos dejará algún presente. Los que no veamos algo corpóreo, que se pueda tomar con las manos, es porque recibiremos algo diferente y, tal vez, más importante, la bendición de ese Dios para enfrentar las batallas que inexorablemente deberemos atravesar para librarnos de la peste.

Necesitamos de todos los soldados disponibles: enfermeros, médicos, científicos y biólogos, pero también de los que siembran en los campos y procesan los alimentos para que podamos sobrevivir. No hay lugar para los timoratos, todos con miedo o con valentía, tomaremos nuestro puesto en el frente y nos enfrentaremos con determinación y valor, bendecidos por ese Dios celestial que hoy nos mandó su avanzada en la mágica llegada de los Reyes Magos.


 

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