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Campeón Clase 4: Las Bodas de Plata de Diego Ponte

Saliendo de una familia totalmente “fierrera” y habiendo andado tantos autódromos, en aquel momento con su padre, era obvio que se le iba a dar por subirse a los autos de competición. Y de a poco fue mostrando sus condiciones, con las que luego de hacer los “deberes” en el plano local y categorías menores, pegó el salto a nivel nacional. Y vaya si le fue bien, porque cosechó dos títulos nacionales.

¿De quién hablamos?: de Diego Gabriel Ponte. El día jueves 17 de diciembre se cumplieron 25 años, las Bodas de Plata, de aquel primer título que consiguió en la Clase 4, Monomarca Sierra, dentro del Turismo Nacional. Y fue un título netamente local, porque a ese auto lo preparada José Luis “Polaco” Morier, y no fue el único ya que también le preparaba el auto con el que también fue Campeón del Supercart, años más tarde en otra fantástica campaña. Morier era sinónimo de los Ponte, porque también estaba vinculado, obviamente, a papá Luis, el popular “Luli”, quien hasta hace poco todavía le hacía al automovilismo, una gran pasión para él.

Pero volviendo a aquel 1995, Diego Ponte ganó 3 carreras, hizo podio en otras y sumó los puntos necesarios para ser campeón, con un auto que “volaba”. Con 19 años, era un piloto joven pero conocedor de muchas cosas y fue sumando experiencia que le sirvió para afrontar la definición del campeonato, contra unos “nenes” ya avezados dentro del automovilismo.

“En aquel momento quizá no te das cuenta, pero ahora que pienso todo lo que pasó y demás, cae mucho mejor la fecha. Será porque uno se está poniendo viejo y por ende valora mucho más las cosas lindas que fue dejando atrás, o que se viven ahora mismo”, dijo brevemente Diego en una charla con El Sol hace pocas horas. Y a propósito del título, le salimos al cruce diciéndole que era toda una casualidad, porque el 17 de diciembre también cumple años otro grande del automovilismo: Nelson Daniel “Chiqui” García (sopló las 57 velitas el jueves), y quien supo correr en la Monomarca Sierra también y brilló en el TC 2000 en su momento, habiendo hecho también algunas carreras del Turismo Carretera. Pero su fuerte vínculo con los Berta, o Bessone también en aquellos tiempos, lo hicieron volcarse por el TC2000.

Diego Ponte tuvo una buena carrera deportiva, envidiable por cierto. Siempre decimos que la fama es una cosa y por allí hay gente que no es tan famosa, pero es igual de ilustre. Y esto viene a comparación de que Marcos Di Palma tiene un solo título nacional, en el Supercart, y Diego Ponte tiene dos, el del TN y también Supercart. Pero obviamente que el de Concordia no alcanzó ni la mitad de los niveles de popularidad que el carismático corredor de Arrecifes. Claro que es hijo de un súper ilustre del automovilismo, como Luis Rubén Di Palma, pero en títulos Diego lo supera, en este caso.

Ponte, luego de consagrarse en el Supercart, intentó suerte en el Turismo Carretera, en la Top Race, pero ya sin demasiados resultados, porque eran otros tiempos económicos que le fueron cerrando la puerta. Además, seguramente tuvo que hacerse a un lado porque su hermano Martín venía como un “torbellino” pidiendo pista luego de aquel Título Internacional en la Franam estadounidense en 2005 y entonces se dedicó también a acompañarlo, aunque supieron correr juntos en su momento en la Top Race, junto a un muy amigo en común de ellos como Roberto Argento (hoy hombre fuerte del TC).

Pero, con el tiempo, Diego decididamente empezó a acompañar a su hermano a los distintos autódromos, incluso formando parte fija del equipo del TC últimamente. Ahora, por la pandemia, y una familia muy bien formada, Diego disfruta de esos momentos puertas adentro que lo llenan de satisfacción. Por supuesto que los fierros son su pasión, pero supo ganar tiempo con su familia y también disfrutar de otro deporte en el que anda muy bien: el tenis. En este último ha ganado torneos y siempre está peleando los partidos finales en cada cita en el Victoria Park, porque es jugador de esa institución. Por edad (44 años) y por tiempo, es otra vida y la disfruta mucho.

Pero grande fue su asombro cuando vio en el calendario que ya pasaron 25 años de aquella hermosa historia donde pudo gritar por primera vez campeón nacional, y ser recibido con los honores lógicos en su ciudad, como también ocurrió tiempo después en el Supercart. Integrante de una familia fierrera “al mango”, porque hasta mamá Zulma siempre acompañó gustosa a sus hijos (y obviamente a su marido también), Diego no pudo escaparle a ponerse el buzo, aunque no hizo nada para esquivarlo porque a la aceleración, al ruido y a los fierros los traía desde la cuna. Felicidades, Diego Gabriel, por estas Bodas de Plata de aquel gran logro.

Por: Edgardo Perafán

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