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Automovilismo: Falleció Néstor “Conejo” Busch

Néstor “Conejo” Busch falleció a los 69 años y familiares, como así también el mundo de los fierros, le dieron una cálida despedida.

Cuando se va alguien querido por unanimidad, es difícil hacer una crónica o una despedida de esa persona. Porque hay que encontrar las palabras sin que la tristeza nos paralice los dedos y no nos deje escribir. Hay que esperar que el corazón deje de acelerarse, esperar que el “motor regule” y ver si ponemos primera y salimos muy despacio. Tampoco hay que exaltarse y pasar al motor de vueltas, porque todo puede terminar en abandono. ¿Por qué usamos términos automovilísticos?, porque se nos fue Néstor “Conejo” Busch, un amigo de todos, un amigo de los fierros, un tipo simple, cabal, compañero y de siempre bajo perfil.

A los 69 nos dejó y a su vez dejó una huella importante, porque nos importa, sumamente, que alguien sea buena persona, y en este caso muy buena persona, para despedirlo con todos los honores. Y sin hacer deporte, al menos en forma sobresaliente o llamativa, el “Conejo” hizo mucho por el deporte. Como cuando empezó, que lo empezaba a moldear de cuerpo entero como persona. Nelson “Chiqui” García, con 13 años, tenía su primera carrera de Motos en Gualeguaychú y su padre no podía acompañarlo. Entonces, apareció en escena el “Conejo” Busch y lo llevó, por la sencilla razón de que “Chiqui” aún no tenía carnet para manejar. Seguramente sabía manejar, pero obvio que en la ruta se necesita el carnet para circular.

Y Busch lo llevó hasta el sur de la provincia. Y fue el “adhesivo” que no los despegó nunca más, porque a partir de allí Busch comenzó a forjar una historia muy particular con García, tanto que donde iba “Chiqui” estaba el “Conejo”. Claro que la mayor huella de amistad, compañerismo y humanidad, la dejó en el TC 2000. García fue tan buen piloto como respetado y querido por los equipos que integró, y por la categoría misma. Y a Busch solo le faltó ser piloto para decir exactamente lo mismo, porque supo ganarse el corazón de todos dentro de la categoría. Y lo hizo por ser buen tipo, por ser abierto, por estar siempre y por ser un tipo ubicado, sabedor del lugar que ocupaba, sin comprometer nunca al piloto en  tal o cual cuestión.

Y en el “detrás de escena”, era el mejor, el cocinero, el que armaba todo, el que atendía a los invitados, incluso a nosotros, cuando íbamos a las carreras. Siempre estábamos en el box de Chiqui, cuando este salía arriba del auto nos apostábamos al costado de la pista para filmar o sacar fotos, pero luego el paso obligado era por el motorhome o la carpa de García, donde Busch siempre nos esperaba con algo para tomar, para picar o directamente nos hacía ser partícipe de la cena sentados a la mesa. Además, manejaba muy bien los tiempos, los estados de ánimo. Cuando a García no le iba bien, aparecía el tipo moderado, que no hacía falta pedir que no haya clima muy festivo, aunque García siempre estaba un rato con todos para cumplir y se iba a seguir trabajando, o a dormir. Cuando al piloto le iba bien, ya la sonrisa de Busch era permanente, alegrándose del presente del amigo, como correspondía.

Donde caló hondo fue en el corazón de los Berta, con quienes entabló una gran relación y ayer se mostraron sorprendidos y consternados por la noticia, al hablar telefónicamente con “Chiqui”. Era tanto el cariño que los Berta le compartían a Busch algunas cosas mecánicas, porque sabían que el “Conejo” conocía muy bien del tema y, lo que es más, también sabían de lo reservado que era y de él no saldría una palabra. Y así podría vérselo a Busch en todos los boxes, donde charlaba con uno, con otro, mate y termo en mano, siempre, y de brazo extendido convidando a todos por igual, a todo el que se acerque.

Para sintetizar, era de esos tipos necesarios que había que tener, y obvio que también García necesitaba, porque es indudable que habrán tenido charlas larguísimas, más en los viajes, donde hablaban de amigo a amigo, donde Busch seguro le daba las respuestas justas. También, claro, compartir las alegrías, como cuando el piloto/amigo fue Campeón de la Copa Particulares, o cuando ganó con el Honda en Buenos Aires. Y Busch era tan derecho que nunca se extralimitó, y ni siquiera se jactó de andar por todo el país siendo uno más del circo del TC 2000 y menos aún de ser amigo de todos, porque para él era normal ser amigo.

Quizá nos cerramos en el TC2000, pero lo de Busch fue más allá, porque aquí en Concordia también era amigo de todos, de andar por el autódromo y tardar horas en recorrer los boxes de punta a punta, porque charlaba con uno o con otro. No importaba la categoría que llegara, él estaba ahí, no para conversar, que era obvio, sino para apoyar a los amigos, a los del autódromo o a los pilotos, a quien sea. Por eso ayer fue hondo el pesar que gobernó a todos tras ir conociéndose su muerte, porque saben que se fue uno de esos tipos que no se ven a montones. García también sabe que no habrá otro igual.

Y él no se quedó con la parte deportiva, porque obviamente que cuando dejó de correr siguieron siendo tanto o más amigos que siempre, porque la vida los juntó para eso, para ser inseparables. Y esta muerte los puede separar físicamente, pero los corazones seguirán unidos, porque aquel “adhesivo” que los unió en el viaje a Gualeguaychú (hace 40 y pico de años), selló para siempre el corazón de ambos. Y por lo que dejó el “Conejo” en esta vida, el corazón de todos ayer se sintió tocado. Pero, no hay dudas, que el cariño de todos seguirá intacto, y no faltará el recuerdo en cada autódromo, en cada acelerada, o en cada charla sobre fierros, en cada rueda de mate. Hasta siempre, “Cone” querido.

Imágenes: Néstor Busch y su infaltable mate, al lado el mismo Busch entre Oreste Berta padre e hijo, acompañados por Nelson García y un pequeño Santiago (su hijo).

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