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Como mataron a Masfalta

El buen pastor, viendo que su tiempo en este mundo se acababa, decidió dejar su vaca lechera su numerosa prole como herencia, sin importar si la madre había sido una buena persona, ya estaba más allá del bien y del mal.

Masfalta, la vaca lechera, de reconocida raza, producía 20 litros de leche por día, y cuando tenía ternero, podía ampliar su producción a 30 litros.

Como su prole era de 30 hijos, entenados y chupa…sangre, los reunió y les dijo: “Les dejo la vaca, cuídenla, denle de comer, cámbienla de lugar,  no se olviden de llevarle agua y recuerden que hay que ponerle las vacunas a su debido tiempo, si la cuidan bien y no se pelean entre ustedes, nunca les va a faltar leche.

Los hijos, algunos obedientes y otros pícaros, asintieron al viejo, que se retiraba a esperar el llamado del Señor.

Al día siguiente, aparecieron por la granja para revisar la vaca y de paso vieron si se podían llevar algo “de recuerdo” de su “viejo”. Allí establecieron los días que le tocaría a cada uno ocuparse de la vaca. Establecieron horarios, quien debía cambiarla de lugar para que tenga pasto y agua fresca y aunque surgieron algunos problemas, todo se solucionó mediante la intervención del pastor que todavía estaba en pie para escuchar y dar su parecer.

El primer problema, surgió porque “Patas Sucias” reclamaba a los gritos y “La Sombra” como los conocía el padre no quería verlo y permanecía en la oscuridad “venga mijo le dijo el viejo”, pero “la sombra” se escondió más detrás de otro árbol más lejano. Después, sucedió algo más traumático que el parto de la vaca, los treinta encargados de la vaca, querían tomarse vacaciones en simultáneo y no había nadie para ocuparse de la vaca.

“A mí me tienen que dar mis dos vasos de leche, uno a la mañana y el otro a la tarde”, espetó “Patas Sucias”, y no me importa quien tiene que venir, “yo quiero mis vasos de leche”.

El pastor con voz cansina, les dijo: “Hasta ahora, si ustedes no venían a ayudar yo cubría sus faltas, ahora son ustedes los que deben ocuparse de la vaca” y dado que no se ponían de acuerdo estableció horarios y designó quien y cuando debía ocuparse de la vaca. Todos asintieron y le dieron las gracias. El asunto había quedado arreglado y convenido.

El amanecer del  día siguiente no fue tranquilo, alguien despertó al viejo a gritos destemplados, era Michel, encargado siempre de anticipar las malas nuevas: “no vino nadie a atender a la vaca”!, el viejo se levantó y se encargó de ordeñarla, al rato aparecieron sus hijos, entenados y “chupa…sangre” a buscar su leche y todos llevaron la parte que les correspondía aunque se escucharon gritos de disconformidad porque “la leche es poca” “yo quiero que me den más porque en la Granja de Montoto los hijos se llevan cuatro vasos por día”, al escucharlos “el viejo” les dijo: “Montoto tiene menos hijos y todos trabajan, esto le permitió tener más vacas”. Previendo un futuro incierto, el viejo dijo que deberían designar a quien lo suplantaría el día de mañana, designaron a Dogor, una porque era afín al viejo y otra porque llevaría las cosas adelante era quien más necesitaba de la supervivencia y producción de Masfalta.

Al otro día, aparecieron cuatro de los hijos, hijastros y entenados, quienes en lugar de cambiar de lugar la vaca, darle agua y ordeñarla, se reunieron para confabular como presionarlo al “viejo” para obtener más leche. Golpearon su puerta para espetarlo. Miren, les respondió, no quiero oírlos. A esa altura sabía que “sanguijuela” que no había estado ningún día en 8 meses, pretendía cuatro vasos de leche y que Rubinska, que se perdía cuando debía atender a Masfalta, también reclamaba más leche. En tanto el designado presentaba una esquela que no se animó a entregársela en persona al viejo y le anunciaba que como no recibía más leche no estaba dispuesto a guiar a los herederos pero no renunciaba a su lechita.

Los días siguientes, la vaca enflaqueció y en lugar de 20 litros empezó a producir menos, desatendida y sedienta, el viejo pronostico que tal vez, moriría, lo cual a nadie parecía importarle y empezaron los destemplados reclamos de los herederos porque ya no había dos vasos, sino uno y se escucharon gritos “denme lo mío” y “Sombra” por fin hablo para reclamar, otro le contesto “Vete a hacer Cuzco”. En tanto “Patas Sucias” elucubraba como llevarse a Masfalta para su casa para lo cual lo vio al más sucio y truculento de los picapleitos quien le aseguró que mediante una de sus conocidas triquiñuelas podría quedarse con Masfalta y que sus hermanos y demás acompañaran a “Sombra” a hacerse la Cuzco.

Entre tantas intrigas, la vaca seguía enflaqueciendo y vivía porque el empecinado viejo se levantaba a atenderla, aunque de vez en cuando aparecía alguno de los herederos –además de llevarse la leche- a pontificar de cómo se debía atender a una buena vaca, como si Masfalta, no lo fuera, aunque lucia triste y enferma.

Al final, llegó el día en que Masfalta estiró la pata y los herederos se quedaron sin su lechita, las masfaltadoras ahora hinchas de la pobre vaquita acusaron al viejo de no levantarse a atenderla y este prefirió No oir, ni siquiera reconvenirlos por haberla matado.

Y colorín, colorado…


 

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