Diario EL SOL Matutino Independiente (Concordia - Entre Ríos) "Un sello de calidad en la comunicación informativa"

El cambio climático bajo la sombra del Covid-19

Por Daniel Werner
Director de Proyectos del Ministerio de Agricultura de Israel

……………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………

La súbita aparición del covid-19 y su generalizado impacto sobre nuestras vidas, condujo a la comunidad internacional a la urgente necesidad de dar soluciones inmediatas a los daños que la pandemia está causando. En primera instancia, la medida más efectiva encontrada para detener la propagación del virus fue el aislamiento social cuyo resultado ha sido la reducción prácticamente total de la actividad económica, dejando activos solamente sectores básicos como son la salud y la alimentación.

La adaptación de nuestras vidas a la “modalidad Corona” alteró los objetivos del mundo, transformando el combate contra el virus como el primer objetivo, generando en forma paralela incertidumbre en relación a cuáles serán las rutas a seguir para salir de la recesión económica. Según estimaciones del Banco Mundial de junio del presente año se prevé una contracción promedio de la economía para 2020 del 7% en las economías avanzadas y algo más del 2.5% de contracción para las economías emergentes. Mientras que la disminución promedio de los ingresos será en promedio 3.6%, lo cual empujará a amplios sectores de la población a situaciones de pobreza extrema.

La repentina detención de los medios de transporte, cierre de industrias, etc. ha generado efectos más profundos en aquellos países en los que la dependencia del comercio internacional, exportaciones de productos básicos, turismo, etc. son importantes.

En este sentido, las economías emergentes y países en desarrollo se presentan como más endebles. Cabe señalar que las economías de estos países se ven sumamente influenciadas por los procesos de globalización, que en la segunda década del siglo XXI poseen características diferentes a la que conocimos durante los años ‘80 del siglo pasado. Países en vía de desarrollo y economías emergentes se transformaron en más competitivas. La combinación de costos de producción bajos, resultado de mano de obra y materia primas baratas son parte de las causas. A estas causas, se suma la incorporación de tecnologías innovadoras a los procesos productivos liderados por las empresas internacionales. El resultado es claro: países en vías de desarrollo captan conocimientos sin la necesidad de transitar todo el proceso de desarrollo.

Según el renombrado economista R. Baldwin, estas ventajas comparativas, permitieron generar un flujo de mercaderías basados en materias primas locales desde países en vías de desarrollo a países desarrollados. Estas particulares características han llevado a nuestra sociedad a la construcción de cadenas de valores complejas que transportan productos, información y personas entre diferentes regiones, países y continentes. Estas cadenas de valor son sistemas dinámicos y de alta sensibilidad, especialmente en aquellas intersecciones en las que el contacto interpersonal es imprescindible.

Resulta particularmente complejo cuando hablamos de cadenas de valor en sistemas alimentarios, especialmente en un mundo en el cual la agricultura se enfrenta a una realidad dictada por el crecimiento de la población y con él, la mayor demanda de alimentos, la constante degradación y disminución de los recursos naturales como lo son el agua, el suelo y la energía y no menos importante el efecto del cambio climático.

Cabe preguntarse ¿por qué es importante el cambio climático cuando la sociedad necesita invertir todos sus esfuerzos en dar soluciones inmediatas al problema del COVID-19? ¿Cómo están relacionados el COVID-19 con los gases de invernadero, la contaminación ambiental y el cambio climático? Uno de los fenómenos más interesantes que nos trajo el COVID-19 fue la reducción del consumo de energía que también ha ocasionado la desaceleración de las emisiones de dióxido de carbón. La Agencia de Energía Internacional (EIA), estima que en 2020 el mundo usará un 6% menos de energía, lo que a su vez lleva a una caída de las emisiones dióxido de carbono. Datos del satélite Sentinel-5P muestran que los niveles de contaminación atmosférica por dióxido de nitrógeno, producto de la quema de combustibles fósiles disminuyeron.

A pesar de estos importantes datos debe ser claro que, si bien a corto plazo las disminuciones son útiles, su influencia a largo plazo es de poca importancia, fundamentalmente debido a que es la acumulación de los gases de invernadero quien determina los niveles de contaminación y no los valores individuales de un periodo en particular. Estos datos nos demuestran que la atención al cambio climático a diferencia del COVID-19 no se solucionara con confinamiento y su tratamiento sigue siendo crítico. Se estima que las emisiones de gases de invernadero como el dióxido de nitrógeno y el dióxido de carbono aumentarán en forma importante, a menos que se tomen medidas que reduzcan su emisión.

El cambio climático seguirá existiendo y nos obliga a preguntarnos si el mundo puede darse el lujo de dejar su ocupación e inversión en la problemática. En qué medida la pandemia y fenómenos como disminución en la contaminación ambiental, el mantenimiento de las cadenas de valor alimentarias sostenibles en periodos de crisis son lecciones aprendidas una vez que hayamos superado esta crisis. Pensemos por ejemplo en la posibilidad que las medidas para reactivar la economía en el periodo post COVID-19 nos conduzcan, luego de semanas de confinamiento a consumir o viajar en exceso. ¿Las fábricas incrementarán su producción para satisfacer nuestra demanda?, ¿crecerán los números de vuelos y viajaremos con nuestros vehículos más de lo acostumbrado? En otras palabras, lo que fue, es lo que será (efecto rebote) o ¿cambiaremos nuestros hábitos como consumidores?

Una última reflexión a tener en cuenta en referencia con la agricultura. El COVID-19 ha resaltado el valor estratégico de la producción agrícola. Es sabido que una de cada cinco calorías que el ser humano consume ha atravesado por lo menos una frontera (M. T. Cullen, FAO, 2020), en otras palabras, las cadenas alimentarias son un ejemplo claro de los procesos de globalización y pone al descubierto la alta sensibilidad de estas cadenas a cuestiones de logísticas como son el transporte y personal de trabajo.

La historia nos demuestra que grandes crisis se transforman en oportunidades. Los procesos de innovación son resultado de trabajo multidisciplinario en búsqueda de soluciones en periodos de crisis. En este contexto, la búsqueda de nuevos caminos para mitigar los efectos del cambio climático y su comportamiento económico, inversiones en infraestructuras y tecnologías adaptadas a las nuevas necesidades que la crisis nos impone, pueden transformarse en prioridades. Mayor uso de energía renovable para el “descarbonizado” de las cadenas alimentarias y otras industrias, el aprovechamiento de los encuentros virtuales que reduzcan la necesidad de viajar y la digitalización en el comercio, etc. son posibles caminos a seguir. Sin lugar a dudas, gobiernos, empresas, la sociedad civil y cada uno de nosotros como individuos deberemos repensar cuales son las verdaderas prioridades.

Columna de Daniel Werner, argentino-israelí que es funcionario del Ministerio de Agricultura de Israel y especialista en temas de agrotecnología, que hoy se desempeña como «punto focal» para la cooperación técnica Argentina-Israel en materia de agricultura.


 

Deja un Comentario