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Tranquilo goldo, no enloquesqueis

Cuando hay como ahora un Pandemónium es cuando más tranquilos deben estar los dirigentes. Ninguna medida se puede tomar si exorbitamos los ya de por sí escandalosos niveles de contagio que estamos soportando en estos momentos en Concordia.

No proponemos bailar sobre la cubierta del Titanic, sino actuar con serenidad para no perjudicar en lugar de beneficiar a la gente que ha confiado en quienes nos dirigen y los ha investido en los lugares que cada uno ocupa por decisión del pueblo.

Es claro que muy distinto es ver los pingos caminar a paso redoblado y de cola levantada que verlos en la pista sometidos a la presión ciudadana y el emparejamiento en la carrera del virus que no se ve y actúa en silencio con la complicidad de los que no se cuidan y desafían los anuncios como si todo fuera una campaña orquestada por alguien para ganar votos o la confianza popular.

Están los irresponsables que minimizan al coronavirus como si fuera una “gripecita” parafraseando a Bolsonaro, también los giles que se creen vivos y se atreven a decir “todos vamos a tener coronavirus antes o después que me agarre ahora o después es lo mismo” y realmente no lo es, porque se espera la llegada de la vacuna que contribuirá a salvar la vida de millones de personas. De tal manera que no es lo mismo que te contagies ahora –que no hay vacunas- que dentro de unos meses donde estarías vacunado y en mejores condiciones de sobrevivir al ataque.

Otros, recientemente nombrados al frente de sus comunidades, toman medidas que les parecen adecuadas pero que realmente son producto de su afiebrada concepción del poder, imagínense, si hubieran llegado a cargos con mayor responsabilidad, podrían alocarse todavía más y ordenar –si pudieran- el fusilamiento de los portadores del virus, con el fin de evitar su propagación.

Todo lo que se hizo en Concordia, para contener el virus, fue malogrado por gente que desafió las medidas implementadas y actuaron exactamente en revés de lo que se les pedía. Se reunieron, comieron asado, bailaron en galpones de la periferia, viajaron de vuelta a la ciudad en los baúles de los autos que participaron de la “joda” y no usaron, ni siquiera ahora con casi un centenar de casos diarios, barbijo ni tapabocas, es decir desafían lo que se les pide, porque “son vivos”.

Si solamente el virus se ensañara con sus cuerpos, no podríamos decir nada porque cada uno es dueño de hacer de  su vida lo que quiera pero, distinta es la situación, cuando ese obrar no solo los hace carne de cañón del virus, sino que a través de sus humanidades se convierten en fuente de contagio para otras personas y terminan pagando con su vida, aquellos que no tuvieron nada que ver con su inconducta social y sanitaria.

Es tal su irresponsabilidad que, ni siquiera enfermos, acuden rápidamente al Servicio de Salud y prefieren esconderse para no ser detectados y así son focos de contagio permanente de la enfermedad.

Un solo irresponsable puede contagiar a varios respetuosos del virus y cuidadosos de su salud y la de los suyos, y estos, a su vez, a otros tantos en un espiral que puede hacernos llegar a miles de casos.

Hoy, se sigue diciendo que estamos bien preparados para enfrentar la Pandemia (no el Pandemónium) claro a un nivel que se considera “controlable”, pero adviértase que no lo estamos para soportar un nivel sostenido de un centenar de casos diarios. Si así ocurriera, en pocos dias, nuestro sistema de salud colapsara y veremos aquí las tristes escenas que ocurrieron en otros países con gente en los pasillos de los hospitales, sin respiradores, ni posibilidades de que el personal médico los atendiera.

Para evitarlo no existe hoy nada más que nuestra propia responsabilidad. Hay que “guardarse”, salir lo menos posible y no hacer reuniones,  ni rondas de mate, ni todo lo que ya se han cansado de decirnos que NO HAGAMOS. Hoy, no tenemos otra y esperar la vacuna, rusa, china, norteamericana o de donde venga y serenarnos, para no morirnos de la ansiedad o la amargura. Otra no queda.


 

1 Comentario

    • Ivan
      14 noviembre, 2020

      Exelente nota… Me gustaría saber quién la escribió.

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