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Nadie es profeta en su tierra

Sergio Urribarri, el inquieto embajador argentino en Israel, escribió una interesante nota que se publica en nuestra edición de hoy, sobre la experiencia y tecnología israeli en el campo que bien podría ser replicado en nuestras pampas.

De una foto de un kibutz actual rescatè su similitud en el trazado de calles con la ex Colonia Clara (hoy Villa Dominguez) realizada por el agrimensor francés Arístides Sol quien proyectó el pueblo a semejanza de la Plaza l´ Etoile de París , donde ocho calles parten como rayos de sol de su plaza circular de 200 metros de diámetro.

En 1891 el Barón Maurice de Hirsch fundó la Jewish Colonization Association (J.C.A.),a través de la cual habría de conducir un gigantesco proyecto de bienestar social consistente en la inmigración de miles de personas desde el Imperio Ruso hacia nuestro país y su establecimiento en colonias agrícolas y que encontró especial desarrollo en EntRìos,además de Santa Fe y Brasil.

Ese gigantesco proyecto filantrópico de Hirsch, no estuvo exento de dificultades para los colonos, muchos de los cuales provenían del Volga y que dieron origen a otras poblaciones que recibieron el mote “de los Alemanes del Volga” y que tiene su origen en que Catalina de Rusia, llevò inmigrantes al Volga para realizar tareas agrícolas, entre ellos judíos de Alemania cuyas aldeas fueron hostigadas por los cosacos que atacaban incendiando y matando a hombres, mujeres y niños.

El primer contingente de estos inmigrantes fue traído en el vapor “Pampa” a nuestras tierras luego que Hirsch, que estaba tendiendo la vìa férrea desde Paris a Constantinopla (hoy Estambul) sacara de la cárcel a un centenar de judíos puestos en prisión por los turcos por haber arribado a su país, huyendo de los cosacos,, sin los permisos de las autoridades.

Mediante una negociación que incluyo una “compensación” Hirschr rescatò a los judíos y los embarcò a Argentina pero aun no tenia arreglada la compra de las tierras por lo cual, sus protegidos estuvieron una temporada en Mar de las Pampas, donde los ingleses tenían un hotel, luego de esos meses frente al mar, la dolcefairniente de los futuros colonos, termino para llegar en vapor a Concepcion del Uruguay donde tomaron el recientemente inaugurado ferrocarril que los dejaría en la nueva Colonia Clara (en honor a la esposa del Baròn).

Las anécdotas que surgieron con el paso de los años en el centro de Entre Rìos, dio lugar a un libro de Alberto Gerchunoff, “Los gauchos Judios” y a un a película de Juan José Jusid, con la actuación de Pepe Soriano, Luisina Brando, Víctor Laplace, María RosaGallo, China Zorrilla y Jorge Barreiro, con el mismo nombre.

Cooperativizar a los colonos no fue tarea fácil. Miguel Sajaroff, que tenia gran ascendencia sobre ellos porque les prestaba sus herramientas y arreglaba la de los colonos en su taller, respondio en una asamblea al pedido de los colonos de “queremos pan, no cooperativa”, con la frase “hagamos la cooperativa y tendremos pan”.

Se fundó la misma y fue la segunda cooperativa agrícola del país, muchos años después murió ante la inacción de los nietos de sus fundadores y para rescatarla presenté en Casa de Gobierno al hoy firmante de la nota un proyecto para crear en la ex Colonia Clara una especie de kibutz cooperativo para desarrollar el centro entrerriano desde esa cooperativa.

Después de darme unos minutos de su tiempo, pasó a temas que le interesaban y olvidó el proyecto. Años después intenté reeditarlo con mayor fracaso, ni siquiera pude exponerlo, no pasé de una ministra que me echó flit.

Sin embargo, no puedo dejar de alegrarme hoy que Urribarri haya visitado los Kibutz y aliente ahora un proyecto nacional en ese sentido, que incluso es superior en su concepción tecnológica a mis ideas.

Debo decir que contra ella soplan los vientos de la gente que no quiere trabajar y los que se enancan en las leyes laborales para joder a los que se suban a un proyecto cooperativo, los sindicatos también quieren “su tajada” y las autoridades dejan hacer porque les gusta “hacer la plancha” o dedicarse a la meditación trascendental antes que decidirse a realmente cambiar lo que está mal y atenta en contra de la producción y el desarrollo.

Quizás haya algunas personas con serias intenciones de comprometerse en un proyecto social y productivo como el que describe con acierto hoy el Pato, cuando pienso en quienes serían éstos, recuerdo a un cooperativista que impulsó un proyecto productivo en Los Charrúas hace unos treinta años y que luego volvió a Buenos Aires a enseñar cooperativismo en la Universidad de Belgrano y sacudió las estructuras cooperativas con su impronta.

Creo que tanto este buen hombre como otro grupo igual a él en sus ideas de la revolución cooperativa en paz y armonía estamos grandes y nuestra acción, fruto de la poca ayuda que recibimos cuando nuestros interlocutores tenían otros intereses, hicieron fracasar proyectos que hoy ven con otros ojos porque lo vieron implementado en otro país.

Se hace cierto aquello, entonces de que “no hay profeta en su tierra” y agregaría, que “para ser Profeta hay que visitar la tierra de ellos”, aprender lo que antes no lograron aprehender para mostrarnos el camino.

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