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Refinado Tom, un crack en el recuerdo

La helada dejaba huellas en los campos bonaerenses, uno de ellos el desaparecido Haras La Biznaga,en la localidad de 25 de Mayo, donde en la madrugada del sábado 28 de agosto nacía Refinado Tom. 

Por entonces, ni el más optimista imaginaba que ese alazán que no se despegaba un segundo de su madre,Ma Raffine, sería tres años más tarde ganador de la Triple Corona. Fue el último que logró la hazaña de imponerse consecutivamente en la Polla de Potrillos, el Jockey Cluby el Nacional en el país. Nadie podía proyectar que una cabaña acostumbrada a vender todos sus machos decidiera quedarse con el potro porque no había ofertas convincentes. Fue una de las 54 crías de la primera camada del padrillo estadounidense Shy Tom, que había llegado con muy buenas expectativas. 

«La Biznaga se lo reservó porque no había un gran interés en comprarlo, aunque estuvo en venta. No se destacaba por nada. Tenía el físico de un velocista, era de anca grande, cogotudo, con una frente ancha… Parecía un patovica, aunque luego demostró que tenía condiciones de atleta», describe Roberto «Coco» Bullrich, el elegido para entrenarlo cuando dejó el campo y se le asignó un box en la villa hípica de San Isidro. «Era parecido al padre. Pensábamos que no tenía mucho sentido quedarnos con un macho, pero al final, quedó», recuerda Juan Iturralde, manager de la cabaña hasta su liquidación en 2018. 

«Al principio, en el entrenamiento no daba señales positivas», confiesa Bulllrich. El estreno fue discreto, en febrero de 1996, con un 4º puesto entre perdedores y debutantes, en 1200m. En su segunda carrera, antes del final del verano, otra vez en Palermo pero sobre 1400m, Refinado Tom se convirtió en ganador. Luego, en San Isidro, ya sobre césped, ganó el primero de sus cinco grandes premios esa temporada. «El día que salió de perdedor me demostró que era distinto. Me sorprendió que tuviera tanta combatividad tan rápido, después de un debut en el que no nos había conformado demasiado. Tres semanas después, les volvió el alma al cuerpo. «Se le fue la alergia, el pelo se le consolidó y regresamos a Palermo para las Estrellas. No sé si grité tanto en mi vida un caballo como ese día. Me emocioné mucho», recuerda Coco, que se tomó dos meses y medio para prepararlo para el inicio de la serie más deseada en el turf.

«Fue una temporada con mucha lluvia, pero llegamos a la Polla sin que Refinado Tom hubiera corrido antes en una cancha pesada. Ese día, que también llovió mucho, comencé a soñar con la Triple Corona. Me entusiasmaba más por la forma que ganó. Además, no parecía incomodarle el aumento de la distancia y por el pedigree, del lado materno, se trataba de una familia clásica para las carreras largas», evaluaba el preparador. En el Jockey Club, en San Isidro, ganó más fácil, ya trepando a los dos kilómetros de competencia. 

«Para el Nacional, tenía la duda de la distancia (2500m), pero sabía que era un potrillo que cualquier obstáculo que le pusiera lo iba a querer saltar. De hecho, el caballo manifestó su intención de ganar en todo momento y puso lo que tenía que poner. Era un crack y echó el resto para consagrarse», sostiene Bullrich. No fue, igualmente, un día sencillo: «La gente al llegar al hipódromo me decía que iba a ganar el mío, que iba a ser triple coronado. Era una presión bárbara. En los últimos metros se me nubló la vista, sentí que estaba por desmayarme. La emoción me superó y no lo pude gritar.  

En un momento miro por el ventanal, veo que Refinado Tom ya había pasado por la veterinaria y se iba para el camión que lo iba a llevar al stud en San Isidro, y noto que estaba manco. En ese momento no le dije nada a nadie, me lo guardé para mí. Pero supe que se había lesionado», recrea Coco. En los días posteriores, una ecografía reflejaría que había tenido un desgarro en la paleta izquierda.» Tenía un corazón enorme, sus ganas de ganar estaban por encima del dolor que sentía». 

Iturralde suma escenas de la intimidad: «Refinado Tom tenía mucha personalidad, pese a ser un malcriado. Recuerdo llegar al stud y ver al capataz sentado con un manojo de pasto adentro del box. El caballo estaba tirado y, levantando sólo la cabeza, mordía un poco y se echaba otra vez. La imagen se repetía siempre. Lo llamativo es que no era amigable, porque cuando te acercabas al box ya bajaba las orejas, no le gustaba que te arrimaras ni las caricias. Es más, con Coco no se llevaban bien el día de la carrera y lo ensillaban entre el capataz y el galopador (el Tigre Acuña) porque si no el caballo agarraba el box a patadas». 

La recuperación la hizo mitad del tiempo en el stud y parte en el campo. Se perdió el Carlos Pellegrini, pero igual fue el Caballo del Año. En la espera, sus dueños, los Blaquier, decidieron que cuando estuviera bien físicamente viajaría a Estados Unidos. Subió al avión en 1997y, afincado en California, en ese país venció en una de sus 10 carreras, en seis hipódromos. «No fue lo que la gente esperaba allá, pero ganó fácil un Grupo 3 en San Francisco y no era tan sencillo», detalla Coco. En 1999, Refinado Tom fue repatriado. Fue el regreso del campeón. 

«Cuando volvió nos reencontramos en el lazareto de Ezeiza, tras bajar del avión. Fue inolvidable. De potrillo, cuando me acercaba a su box, le daba unos chocolates chiquitos y blancos, que era lo que más le gustaba. Aquel día del regreso, nos metimos en el box junto al peón que había tenido, con alguna duda sobre si nos reconocería. El caballo dió un relincho mirándolo a Quintana, que estoy seguro que fue2 un gesto de reconocimiento, y poco después buscó mi mano, donde sabía que estaba el chocolate blanco», revela Bullrich, que en ese momento pensaba que el alazán iba a estar de paso delante de sus ojos.  

«En principio, había vuelto para ser padrillo, pero tras la cuarentena habitual y ponerse lindo, decidimos intentar que volviera a correr. Sabíamos de su calidad. (Richard) Mandella me mandó un caballo distinto, para mejor. Lo preparó para un turf más violento de salida y Refinado Tom le agregó una velocidad que no tenía a su calidad. Me encontré con un caballo ligero», reconoce. Para Valdi, «al volver trabajaba mucho más, era distinto, había cambiado el temperamento». Iturralde recuerda que en Estados Unidos se lo veía con muchos kilos más, pero Mandella, casi una celebridad de la cuida, sostenía que debía ser así. 

Se impuso tres veces más en aquella temporada del regreso, incluyendo el Classic de las Estrellas, arañando el récord de los 2000m en el césped de San Isidro. Tres años habían pasado de su éxito anterior en la serie de la Fundación Equina Argentina, de potrillo. «Cuando reprisó ganando en Palermo, yo lloraba. Se me acercaban y me decían que lo que habíamos hecho no era fácil y la verdad, íntimamente, sentía que él era el que hacía todo. Cuidé muchos caballos, pero ninguno fué ni parecido», afirma Bullrich. 

Retirado de la competencia, Refinado Tom volvió al campo de 25 de Mayo, en 2000.Tuvo muy pocas crías, apenas tres yeguas. Le costaba mucho servir y tras probar dos años dejaron de intentarlo y que disfrute su vida libremente. Hasta su muerte el 9 de diciembre pasado estuvo en un generoso corral «viviendo como un Rey». Comía, trotaba, dormía y se sacaba fotos con Bullrich, que le llevaba chocolates, y Valdivieso cada vez que iban de visita al haras.  

De su legado, dos llegaron a las pistas. Fueron simples ganadoras. Pero se crearon réplicas atípicas cuando fue clonado poco antes de morir, con la extracción de su ADN. Lo que hoy es muy popular en el polo, por la inquietud y gestión de Adolfo Cambiaso, está prohibido para el turf, donde sólo se acepta la combinación natural entre padrillo y yegua. Sin embargo, la clase de Refinado Tom se pensó posible para otro deporte hípico.  

La clonación significa transferir un ADN al óvulo de una yegua donante para que fecunde una o más crías, pero no implica que salgan iguales físicamente o de la misma calidad. No se trata de gemelos nacidos en tiempos diferentes. En este caso, el clon de Refinado Tom, con destino de reproductor de las yeguas jugadoras de Santiago Blaquier, crece hace dos años en Roque Pérez, en las tierras de la Estancia La Biznaga donde el campeón pasó sus últimos días y está sepultado. 

Por: Gustavo Rapetti/gustavorapetticoncordia@hotmail.com 

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