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Historia en primera persona: A 39 años de un gol inolvidable

Con gol de Perotti, Boca le ganaba a Ferro e iba por el título de 1981.

Hoy este “efeméride” puede ser contada en primera persona, y precisamente por este cronista. Eran los últimos días del mes de julio de 1981. Quien suscribe tenía 15 años y por supuesto mucho por vivir, por descubrir aún en la vida. Por supuesto que ya las vivencias eran volcadas para el lado del deporte, porque ya concurría a las canchas locales de fútbol, que fue el primer deporte descubierto, por llamarlo de alguna manera, por jugarlo con los amigos del barrio, como a todos, o casi todos les ha ocurrido.

Mi Padrino, Eusebio Alegre (ya fallecido) me encara en el Club Alumni (mis padres trabajaban allí) y me dice “¿vos querés conocer Buenos Aires?”. Y lo hizo porque él me había contado que estuvo y yo le había manifestado que sería lindo conocer. Entonces, obvio que le respondí que “Sí, claro, me gustaría conocer Buenos Aires”. Y me dijo: “bueno, le voy a pedir permiso a tu mamá, pero con la condición que iremos a la Cancha de Boca y a la hinchada local, es decir a la 12”.

Y por supuesto que asentí igual, ya que mis intenciones iban por encima de cualquier condición que pusiera. Además, si bien mi padre era Ferroviario (y mi Padrino también), nunca había viajado en tren hacia Buenos Aires en “El Gran Capitán”, el famoso tren de pasajeros que unía Buenos Aires con Misiones, y pasaba por Concordia casi puntualmente todas las noches a las 22 horas.

Además, obvio que sabía que ello ocurría gracias a la construcción de dos inmensos puentes que unían a Entre Ríos con Buenos Aires, y me habían contado que ir con el tren “allá arriba” de ellos era una vista impactante, hasta de asustarse, exageraron algunos. Y obvio que ello me atrapaba, por mi juventud.

Mi madre, Doña Cristina, no tuvo reparos en dejarme en manos de mi Padrino, porque es obvio que había confianza ciega. Entonces, Eusebio sacó los pasajes para el 1 de agosto de 1981, a las 22 horas, y éramos tres, porque también iría su hijo, Ramón Alberto “Beto” Alegre, con quien éramos súper compinches, por tener la misma edad.

En lo deportivo, en aquel 1981 a Boca Junior llegó nada menos que un tal Diego Armando Maradona, revolucionando el mercado de pases ya no de la Argentina, sino del mundo, por todo lo que se había visto de él en Argentinos Juniors, donde incluso “bailó” a Boca en su momento y puso en ridículo al mismísimo “Loco” Gatti, arquero de los xeneizes, un año antes.

Estuvo a punto de ir a River, porque Aragón Cabrera se movió rápido y solo faltaba la firma. Pero un llamado de Boca pudo más, y se lo terminó quedando Alberto J. Armando, porque a Maradona, que si bien de chico fue confeso hincha de Independiente y de Bochini, le tiraban los colores de Boca más que los de River. Y así llegó a vestir la Azul y Oro, hecho que sin duda es de lo más significativo en la historia de Boca hasta hoy.

En aquel año, también, llegaba al país Víctor Hugo Morales, el relator uruguayo que había dejado su Radio Oriental, para la que transmitía en Montevideo, y armó su “Sport 80” aquí en Radio Mitre, con excelentes periodistas que lo rodearon, entre los que se destacaban Fernando Niembro, Adrián Paenza, entre otros.

Y su primera transmisión fue en febrero de 1981, y fue goleada de Boca a Talleres, en la Bombonera, por 4 a 1, con una fenomenal actuación de Maradona. Claro, lo que hacía el genio del fútbol mundial era para lucir más aún a Víctor Hugo, quien exhibía un relato notable, que incluso fue superando a José María Muñoz, el otro gran relator que teníamos en Radio Rivadavia, y con otro fenomenal equipo deportivo.

Pero volviendo a mi tema, Boca llegaba a aquel partido contra Ferro puntero, y sabía que si ganaba era casi campeón, a falta de dos fechas para que termine el Metropolitano. Y enfrentaba a un Súper equipo de Carlos Griguol, que se cansó también de ganar cosas y jugar bien, con Arregui, Saccardi, Cañete, Márcico, Rocchia, Garré, Barisio y una infinidad de buenos jugadores.

Boca lucía a Maradona, Benítez, Mouzo, Pernía, Gatti, Comas, Perotti, Krasouski, entre otros tremendos talentos. Y fue un choque de novela. Tanto que la Bombonera explotaba ese día y mi vista aún más, porque no me perdí detalle desde que entrenamos a la cancha unas tres horas y media antes que empiece el partido.

Miramos, claro, el partido de reserva y luego la “explosión”, por ver a los jugadores que sólo veía en la Revista El Gráfico, que llegaba semanalmente a mi casa. Emoción total, gritos por todos lados, Bombonera a full. El partido fue parejo, con alguna piernita fuerte, pero siempre leal porque no había que regalar nada. Maradona, muy marcado, había hecho un partido discreto, como los 22 jugadores de campo, porque si bien el partido no era aburrido, era muy luchado.

Hasta que en el minuto 80, como si se tratara de un adelanto del gol de Caniggia a los brasileños en el 90, Maradona cuerpea con tres defensores que lo van tironeando y acorralando, y con su zurda mágica le marca el pase al “Mono” Perotti, que ya lo intuía. Fue pase de zurda, corrida de Perotti, que enfrentó al arquero y definió a lo Burruchaga en el 86 en la final ante Alemania, pero al revés, fue con la zurda. La Bombonera se movía, se iba a caer y no sé cómo no se cayó, porque la explosión fue tremenda. Hubo avalancha, porque Perotti y Maradona vinieron a gritar el gol al alambrado de la 12, porque era justo en ese arco.

Boca aguantó algunos embates de Ferro hasta el final y se quedó con la victoria. La historia dirá que en la penúltima fecha perdió con Central 1-0 (gol de García) y Maradona increíblemente erró un penal en ese partido. Entonces, todo se definió en la última fecha, donde Boca pudo empatar con Racing y gritar Campeón Metropolitano 1981.

El traer a Maradona había rendido sus frutos, con toda el fútbol a sus pies rindiéndole pleitesía a él y a un gran equipo, que dirigía el recientemente fallecido Silvio Marzolini. Y fue mi primera “explosión” que viví a través del deporte. Un viaje que me marcó para siempre y que hoy, al cumplirse ayer 39 años, me sigue marcando, y cada vez que lo recuerdo siento que el piso se mueve, como si fuera la Bombonera.

Por: Edgardo Perafán

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