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Federico Marín: Un “pájaro” que aprendió a volar alto en el mundo del básquetbol

Federico “Pájaro” Marín, un extraordinario jugador, una gran persona, solidario como pocos…de esos que cada día cuesta más encontrar. Por ello, fue motivo más que suficiente para una nota radial realizada hace pocas horas. Marín fue, además, claro, jugador importante en su momento en Estudiantes, donde cosechó alegrías, y también buenos amigos en su paso por la ciudad.

Fede ¿Cómo fue tu niñez?

– La verdad es que tengo un recuerdo hermoso, tanto que deseo que mis hijos puedan vivir de esa manera, con padres que nos dieron mucha libertad y disfrutar como yo lo hice. Pensar que cuando yo tenía corta edad me manejaba solo, libre, tomaba el colectivo o iba en bici a todos lados y ahora hasta me cuesta dejarlo ir a mi hijo que vaya a lo del amigo a dos cuadras.

Sí, tenía mucha libertad, pero por la confianza que me depositaban mis viejos, yo me cuidaba para no defraudarlos, fue una época muy linda.

Mi viejo era muy futbolero, y nosotros también, antes que nos pusiéramos a practicar básquetbol ni sabíamos que era. Cuando conocí el básquet me enamoré de este deporte, y de ahí en más viví con la pelota naranja bajo el brazo.

Tiene que haber sido grande tu amor por el básquet, porque el fútbol es atrapante también. ¿De qué equipo era hincha tu viejo?

Él era hincha de River Plate, bah, en su niñez era de Talleres, porque había nacido en Córdoba pero cuando se vino a Buenos Aires se hizo de River, pero en definitiva todos éramos futboleros en casa, mi viejo, mi hermano y yo. Al igual que mi hermano, yo también quería ser jugador de fútbol, pero cuando los dos conocimos el básquetbol, nos atrapó a los dos.

Hicimos paralelamente los dos deportes hasta que nos volcamos decididamente al básquet, sin hablar mal del ambiente del fútbol debo reconocer que me gustó más el ambiente y el entorno del básquet.

Contanos un poco del negocio de tu viejo, del club y también de la “pajarería”…

Sí, mi viejo era el “pajarero” de San Justo, él era muy conocido ahí y su negocio también, yo del negocio estaba a dos cuadras de la escuela primaria, del parroquial, y muy cerca también del Club Huracán de San Justo, donde me inicié.

Así que yo salía de la escuela, me iba a merendar al negocio y de ahí me iba al club, donde me quedaba hasta que mi viejo cerraba la pajarería y me iba a buscar. Y bueno, ahí en San  Justo todos sabían que yo era el hijo del “Pájaro”, como le decían a mi viejo, el apodo como verás viene por herencia.

Pero bueno, acordate que en esa época no había celular ni nada de eso, entonces él estaba tranquilo porque como nos conocíamos todos si pasaba algo seguro le irían a avisar.

Entonces te dejaron volar como un pájaro, literalmente…

Totalmente, algo así, pero porque me tenían confianza, y es algo que les trato de transmitir a mis hijos. Ahora mismo me está pasando con mi hija mayor, que por ahí quiere irse a reunir con las amigas al parque y yo o la madre le decimos que por lo menos mande un mensaje de que está todo bien, y luego que mande otro para que la vayamos a buscar, y negociamos así, en base a confianza. Porque si no me mandas un mensaje y luego cuando te voy a buscar no te encuentro es como que se va perdiendo esa confianza. Hasta ahora lo llevamos bien.

En Huracán, cuando empezaste a jugar, ¿dónde te ubicaba tu entrenador?, ¿en qué lugar te sentías cómodo? ¿de qué te gustaba jugar?

Yo tuve la fortuna de tener a Fabián Saby como formador y entrenador, él fue quien me hizo entender el básquet y que yo terminara amando este deporte, por eso digo siempre sobre la importancia de estos entrenadores cuando son positivos y te van inculcando cosas que te sirven para toda la vida. Es tan importante, porque yo he visto a sobrinos míos, o hijos de amigos que si no enganchan eso de entrada a los dos días ya te dicen “no quiero ir más”.

Yo en Fabián encontré mucha empatía, mucho entendimiento para que me fuera metiendo cada día más en el básquet. Tanto era así que terminaba un entrenamiento y ya quería que fuera el otro día de práctica. Así que me la pasaba todo el día en el club, si no estaba practicando andaba al costado de la cancha viendo cómo entrenaban otras categorías. Hasta que no se apagaban las luces siempre estaba en el estadio, hasta que no me buscaba mi viejo mi vida estaba el club.

Vos dijiste que seguías los pasos de tu hermano, incluso fuiste con él a Banco Provincia, contanos de eso…

Sí, a mi hermano en realidad lo quería Obras Sanitarias, que en ese momento estaba jugando TNA, fue el año que asciende Obras, y creo que estaba Fernando Duró de técnico, él fue a entrenar y yo me fui también a Obras. La cosa se complicó por una cuestión de dinero en el pase y bueno, apareció lo de Banco Provincia y terminamos los dos ahí.

Yo por ahí pienso de qué forma estaríamos motivados porque teníamos como dos horas para ir desde San Justo a Vicente López y no nos pesaba, lo hacíamos con ganas. Pero claro, volver tarde desde Vicente López era lo más duro, llegábamos a casa cerca de las 12 de la noche y nuestra madre nos estaba esperando con la cena, y al otro día temprano a levantarse para ir a la escuela, o sea, te tiene que gustar…

Fue un esfuerzo grande, pero sirvió, sirvió para seguir creciendo. Ahí tuve la suerte de tener un técnico como Carlos Duro, que estuvo como asistente de Julio Lamas en San Lorenzo y del cual aprendí mucho.

Eso me permitió formarme mejor aún y me dio la posibilidad de llegar a Estudiantes de Olavarría muy bien preparado, ese primer salto fue quizás el más duro, era irme a otra ciudad y alejarme de mi casa y mi familia. Ya había tenido una propuesta de Guillermo Vecchio que me quería en Quilmes pero mi familia me aconsejó que primero terminara el año escolar y después sí que podía irme, y ahí salió lo de Estudiantes de Olavarría y con 15 años tuve mi primera salida a otra ciudad.

También ahí tuve suerte, porque estaba Alejandro Peniche como asistente del “Oveja” Hernández y él había sido mi técnico en la primera de Huracán de San Justo, Alejandro me conocía desde los 8 años y lo conocía a mi viejo también. Eso ayudó mucho, porque no era fácil irte de tu casa con 15 años a otra ciudad, al menos él era un referente conocido, y a mi familia le dio tranquilidad.

Vos tenías 15 años cuando llegaste a Olavarría, ¿Después ya llegó la partida al Varese de Italia?

Sí, yo tenía 20 años, y la verdad que no me costó mucho, porque como desde los 15 que no estaba más en casa se hizo todo más fácil. Es como que me adapté a esa vida, a estar lejos de mis padres, de mi hermano, aunque claro, ellos venían casi todos los fines de semana y siempre había lágrimas de mi madre, yo le decía, bueno mamá, ya está, pero ahora con el tiempo lo entiendo mucho más. Entiendo eso, y también de que entendiera que yo iba por mi sueño, es invalorable eso.

Te casaste en Italia…

Sí, yo a Cecilia la conozco el último año que estuve en Olavarría durante la temporada 2001/ 2002, muy sobre el final de temporada, en ese momento éramos como “amigovios”, y cuando me sale esto de viajar a Italia. Era algo que no esperaba, habíamos tenido una buena liga, tanto que ese año jugamos la final con Atenas y fueron unos italianos a ver esos partidos, yo creo que fueron a ver a otros, a Hermann, a Osella y a otros que tenían en carpeta, pero creo que ni sabían quién era Federico Marín.

Fue algo que se dio, en la semifinal anterior el “Sepo” Ginóbili se desgarra y yo jugué en su lugar y tuve la suerte que rendí muy bien y con muchos minutos de juego, y bueno, todo salió bien y terminan llevando a Osella y a mí.

El otro día hablamos con “Lolo” Farabello y coincidimos en que cuesta mucho que se identifique a un jugador como insignia de un club, por la realidad de nuestro básquet es continuo el movimiento de pases entre clubes. pero el “Verde” de Concordia algo te dejó ¿no?

Síi, sin dudas, y siempre lo digo, y creo que voy a estar ligado de por vida, me comprometí mucho con acciones solidarias y aparte hice muchas amistades, y no solo dentro del ambiente del básquetbol, y por lo general eso no es tan común.

¿Quién es Osvaldo Dotto para vos?

Y yo digo que es mi abuelo prácticamente, no voy a decir que a mis abuelos no los quise, todo lo contrario, digo que siento el mismo amor por él, me emociono cuando lo nombro. Es una persona fantástica, siempre estamos en contacto y me gustaría verlo más seguido. Siempre que hemos ido a jugar y después tengo esa noche libre para ir a cenar con amigos, enseguida nos ponemos de acuerdo para ver por donde lo paso a buscar. Es un tipo con un corazón enorme y agradezco a la vida habérmelo cruzado.

Es así, tengo más que un paso deportivo por Concordia, tengo muchos amigos y eso es lo lindo que me ha dejado siempre el básquet.

Uno dentro de su profesión vive muy concentrado en los entrenamientos, partidos y viajes y no tenés muchas posibilidades de socializar mucho fuera de lo que es el básquetbol. Por ejemplo, cuando estuve en Neuquén no me hice conocido ni de mi vecino, en cambio me decís Concordia y es todo distinto, Estudiantes es el clásico club de barrio, vos te cruzás del estadio a la cantina y te encontrás con un montón de gente que te saludan, que te brindan afecto y te hacen preguntas del partido y todo eso, y es imposible que eso no te llegue.

Ahí te encontrás con el Dani, con Lucas Nogués, Kily.. y te puedo seguir nombrando personas, el “Yoyi”, Enrique, que aunque fueron mis dirigentes fueron más amigos que otra cosa. Y fijate, con ellos sigo en contacto, algo que no me pasó con otros dirigentes….y eso que “Yoyi” me vivía llorando con los pagos (risas), no, pero en serio, tenemos una linda relación. Sería muy largo, el “Conejo”, el “Guille” Ellero, Felipe el de la heladería…uff, tendría que estar una hora nombrando gente.

Pájaro, volviendo a lo que hoy nos toca vivir a todos ¿cómo te trata la pandemia?

Mirá, yo le busco siempre el lado positivo a las cosas, si querés buscar lo negativo podés encontrarlo en un millón de cosas, con pandemia o no.

Obvio que uno siente que haya muertes, mucha gente enferma, que la economía esté mal, que emocionalmente mucha gente esté mal. Yo lo veo con mis suegros y con mi mamá, que no puedan ver sus nietos, que no los puedan abrazar. Pero yo podría decir desde lo negativo, “nos quedamos sin jugar buena parte de la Liga”, y desde lo positivo digo “qué bueno, puedo estar mucho tiempo con mis hijos”.

Yo por ejemplo, cuando estaba en Concordia era muy natural que comamos un asado seguido, y hoy le das mucho más importancia, lo extrañás, porque no lo podés hacer. No sé cómo están en Concordia, pero acá hace cuatro meses que no nos reunimos a comer algo.

Uno valora mucho más un abrazo hoy, yo veo mi suegra como se muere por dar un abrazo a sus nietos, todo esto algo nos tiene que dejar.

¿De qué forma pensás que volverá nuestra Liga Nacional?

Es difícil imaginarse como volverá, pero seguramente deberá reestructurarse una vez más. Es como si se te cae una pirámide, tener que volver piedra por piedra a reconstruirla, sobre todo desde la economía, pero en todo aspecto, no solo en el básquetbol.

Es indudable que los clubes van a tener que reinventarse nuevamente, no nos olvidemos que están cerrados desde hace cuatro meses, y es muy poco el porcentaje de las cuotas que se abonan, los sponsors que se te caen, muchos jugadores se están yendo a otros países – y aclaro que eso me parece genial – es una oportunidad y la tienen que aprovechar. Los clubes también deberán rearmarse medio como pasó en 2001 y 2002, ahí se estuvo muy mal y luego de a poco se fue acomodando y llegamos a tener una Liga súper competitiva.

Dos o tres años atrás recuerden los planteles que teníamos, como el propio Estudiantes Concordia. Hubo extranjeros de extraordinaria calidad que venían a la Argentina incluso ante ofertas de Europa, habíamos logrado ser súper competitivos.

Ya en la Liga anterior a esta que se canceló había bajado muchísimo el nivel de los extranjeros contratados, imaginen lo que va a ser la próxima Liga que se juegue.

Van a tener que tener mucha creatividad para que la gente vuelva a ir a las canchas, ya a sabiendas que la cantidad de público no era ni por asomo la que iba 10 o 15 años atrás.

Por eso digo, estaría bueno comenzar a armar desde la base para luego comenzar a construir hacia arriba.

Respecto del éxodo casi masivo que se ha dado estos últimos días, ¿has tenido alguna oferta a través de tu representante?

Mirá, estuve pensando en esa opción, en otro momento hace unos tres años tuve un ofrecimiento para volver a Italia, pero en esos momentos pensé en toda la movida familiar que tenía que hacer  y desistí, el colegio de los chicos y otras cosas más.

Hace unos días tuve una oferta de España y no me convenció mucho, pero estoy abierto a alguna negociación ya sea con Europa, México o Uruguay. Total yo creo que las clases no van a empezar, al menos en un futuro cercano, entonces si los chicos pueden estudiar a través de internet, lo pueden hacer tanto desde Europa o de la China.

Pero en definitiva la propuesta no me entusiasmó, aunque estoy abierto a otros ofrecimientos.

¿Volverías a Estudiantes si se diera la posibilidad?

Me encantaría, aunque obvio, hoy no sé cuál es la situación de Estudiantes, y mi situación tampoco la tengo resuelta, he escuchado que también están evaluando los pasos que van a seguir, y supongo que también, como todos los clubes, van a tener que hacer una reestructuración, hoy no es fácil para nadie. Yo espero que Estudiantes siga en la competición, ojalá que sí. Y espero que lo que armen sea lindo, y te digo que sí, que me gustaría mucho volver a vestir la camiseta del “verde”, aunque no sea ya.

Aunque también te podría decir que me gustaría terminar acá en Olavarría, donde comenzó todo, y en ese aspecto debo decirte que tampoco la situación de Estudiantes de Olavarría se presta para vuelva ahora. De todas formas para que se dé, primero debería llamarme “Yoyi” (Siebzehener) o Enrique (Agosti), y es lo que no sé, no sé cuál es la situación, pero si se diera la oportunidad claro que iría a Concordia…

De todas maneras falta tiempo aún…

Y mirá, sí, aunque no he estado leyendo sobre el tema, solo pongo como ejemplo que si el fútbol, con todo lo que mueve, todavía no larga, imaginate con el básquetbol. Me parece muy prematuro pensar en lo que puede suceder acá. Primero que no he tenido ningún ofrecimiento de un club de Argentina, y bueno si se diera siempre priorizo quedarme acá, y si esa oferta viniera de Estudiantes obvio que la evaluaría, y si fuera una buena oferta la de Estudiantes, la firmo con los ojos cerrados.

También es cierto que cuando me fui fue ante una propuesta superior, así es la vida del profesional del básquetbol, tenemos un tiempo para desarrollar todo lo que podemos dar a este deporte, y uno tiene una familia atrás. Yo no creo que tenga muchos cartuchos más para gastar. De todas maneras, ojo, con el paso de los años aprendí que no todo pasa por la plata, hay instituciones que te seducen más que otras, dirigentes, determinada ciudad y técnicos tienen mucho que ver cuando tomas decisiones en otras etapas de tu vida.

En ese sentido, hablando de técnicos, vos viniste a Estudiantes con Laginestra de entrenador. ¿Qué significó para vos Hernán, a sabiendas que lo conocías de Olavarría?

Claro, a eso voy, yo cuando vuelvo de Italia llego y no hacía mucho que había fallecido mi padre, decido estar en Olavarría para estar más cerca de mi vieja y aparte porque era la ciudad de mi mujer. Ahí lo conozco a Hernán, y ese año fue muy bueno, pero luego Estudiantes vende la plaza y yo empiezo a deambular por varios clubes, como Belgrano de San Nicolás, Independiente de Neuquén, Quimsa, Formosa, hasta que llego a Estudiantes Concordia, donde estaba Hernán, quien ya me conocía y yo lo conocía a él.

Vos decís que te quedan algunos cartuchos, yo digo que todavía te queda un cargador completo. Eso me indica que estás para escuchar ofertas…

Sí, por supuesto, el físico aún no me está reclamando nada, y las ganas de entrenarme están intactas, siento la necesidad de estar en competencia, de exigirme. Recuerdo que hace unos días un periodista me preguntó si me sentía cerca del retiro y le contesté: “mirá mis números de la temporada y decime si estoy para el retiro” y no es para agrandarme ni nada, pero los números hablan, en esta temporada jugué un promedio de 30 minutos, y si pienso que en puntos convertidos es de lo mejor en mi carrera, lo importante es la calidad de los minutos que jugué, y sin lesiones. Mucho tiene que ver en como “te va hablando” el cuerpo, y yo siempre lo voy “escuchando”.

Antes vos decías 35 años y medio que te retiraban por decreto, y hay que pensar que esto ha cambiado, antes la expectativa de vida era de 75 años y ahora es de 84, y así también ha subido la expectativa de vida deportiva, y en eso te puedo nombrar varios jugadores que andan por los 40 años y se mantienen competitivos en la Liga.

¿De todos los técnicos quien fue el que más te marcó?

Uno es Fabián Saby por ser el que me enseñó a amar este deporte y por ser mi formador, Alejandro Peniche fue otro, él me enseñó muchas cosas en Huracán de San Justo y fue quien hizo mucho para que llegara a Estudiantes de Olavarría, aparte que fue quien me marcó muchos aspectos para que fuera un buen profesional y quien me pegó un reto cuando hacía algo mal.

También hay otros que hasta desde lo malo te enseñan, no te lo voy a nombrar, pero es así, yo decía “de este ya sé que no tengo que hacer si alguna vez enseño básquet”.

Y bueno, Hernán Laginestra fue el que sacó lo mejor de mí, según mi hermano los mejores partidos que jugué fue con la conducción de Hernán. Y este año se lo dije, “no tengas dudas que cuando yo dirija mucho de tu teoría la voy a aplicar porque comparto tu misma idea de juego”.

Cometimos un error, casi no hablamos de esa tarea solidaria en la que sabemos que tenés mucho que ver, y que por si fuera poco es aquí en Concordia…

Sí, siempre estamos con “Ángeles Callejeros”, ayudando, junto a amigos de Concordia. A todos siempre les pido que colaboren, que sepan que aunque sea poco, para nosotros siempre es un montón, y los invito a que visiten nuestro Instagram para que sepan como nos pueden ayudar.

Un  abrazo a todos los concordienses que siempre me tratan con mucho cariño…

Entrevista realizada en el Programa “Actitud”, por Radio 24 (98.7), por Pedro Berrutti y Carlos Fulladoza.

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