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Evita Inmortal

El 26 de julio de 1952 una de las mujeres argentinas más maravillosas dejaba este mundo, se convertía así en un mito.  Una infancia atravesada por las privaciones, por la exclusión y un penoso padecer en carne propia las desigualdades, a contrario modo de ahondar su sometimiento, forjo un carácter fundamental y predestinante que a poco de adentrarse en la vida política irrumpió con bravura en la misma.

Las cómodas oligarquías empezaron a odiarla, pero el pueblo oprimido empezó a amarla como una madre protectora que no titubearía para luchar con ellos y para ellos, un sentimiento que haría que se consagre como la Jefa Espiritual de la Nación. 

El placer de los ricos que fue la limosna hacia los pobres, fue devuelta a los inescrupulosos  para advertir que las necesidades generan derechos, y que “… no necesitamos de la ostentación de riqueza y de poder para humillar a los humildes”.

La figura de Evita debe estar presente en cada uno de las decisiones políticas, no como algo simplemente marketinero, sino como un símbolo de coherencia. Ahora que detentamos el Gobierno Nacional, que poseemos el poder de decisión en los diferentes niveles estatales, el desafío y la coherencia que poseyó Evita trasvasa y exige responsabilidad. 

Aprendamos de ella, que con la posibilidad de sentarse en un escritorio, de ser parte del elefante gris lento y parsimonioso que muchas veces es el Estado, entendió que su puesto era de lucha, que su responsabilidad era generar que los explotados dejen de serlo.

Cuanto se equivocan esos pequeños caudillitos elegidos a dedo, que se hacen llamar funcionarios, aquellos que al cruzar el escritorio dejan entrever sus peores miserias y ven a los trabajadores como adversarios, y declaman como la peor reacia patronal “estos quieren plata”.  Son traidores a sí mismos y a su movimiento, el poder los obnubila y perturba, y deja advertir lo que Evita nos enseño a combatir, el oligarca que todos llevamos adentro.

No por cambiar de zapatos, ni ponerse traje, ni peinarse a la gomina, debemos de cambiar;  ahí está la grandeza de ser coherentes y aprender del legado de Evita, no nos limitemos a resaltar la figura de ella como un slogan,  entendamos que los puestos de decisión son puestos de responsabilidad, y son con nuestro pueblo.

Que no nos pase como siempre que abrimos las puertas del Estado a los que nos aborrecen, mientras dejamos en el zaguán a los que nos apoyaron, el movimiento peronista será revolucionario o no será nada.

Concejal Juan Domingo Gallo – Bloque Justicialista

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