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El coronavirus avanza sobre el Brasil más postergado

La pandemia está migrando tierra adentro, hacia estados pobres del nordeste como Maranhão, Pernambuco y Ceará. Así, el impacto sanitario podría ser aún más devastador.

En Brasil, el coronavirus avanza peligrosamente desde las grandes ciudades hacia regiones precarias donde no hay unidades de cuidados intensivos ni agua potable. Así, el impacto sanitario podría ser aún más devastador en un país que ya se convirtió en el primero de Latinoamérica y el segundo del mundo más castigado por la pandemia.

Uno de los territorios vulnerables que ahora se ven más amenazados por la covid-19 es el estado de Maranhão, donde el 20 por ciento de la población vive en la extrema pobreza y la mayoría de los trabajadores opera en la economía informal. Las diferencias en torno a las medidas de aislamiento social generaron fuertes conflictos no solo en regiones del nordeste sino también en territorios que hasta hace poco eran aliados de Bolsonaro, como los ricos estados de San Pablo y Río de Janeiro.

Las últimas cifras oficiales dan cuenta de 363.211 casos confirmados y 22.666 muertes por coronavirus en todo el país. En ese contexto, el caótico ministerio de Salud sumó una nueva renuncia: la de su secretario de Vigilancia, Wanderson Oliveira, considerado como la cabeza que formuló la política de combate a la pandemia en Brasil.

Restringido al principio a los barrios y capitales más ricas de Brasil por el contacto cercano con viajeros internacionales, el virus está migrando tierra adentro, incluyendo estados como el de Maranhão, donde ya son 21.191 los contagios y 754 las víctimas fatales. «Hay lugares donde la gente no tiene agua y jabón para lavarse las manos. ¿Cómo podemos hablarles de llevar mascarillas y de enseñarles a toser y estornudar?», dijo el responsable estatal de Salud, Carlos Lula, en una entrevista con la agencia Bloomberg . El funcionario también alertó que en este estado del noreste apenas hay 388 camas de cuidados intensivos, 230 de las cuales están en la capital, San Luis.

El pasado cinco de mayo, la ciudad capital de Maranhão se convirtió en la primera del país en adoptar el confinamiento por decisión de su gobernador Flavio Dino. Único gobernador comunista de Brasil, Dino calificó recientemente al presidente Jair Bolsonaro como un «profeta del caos» aunque remarcó que, pese a que «existen motivos», no «hay espacio» para discutir su destitución en plena pandemia, entrevistado por la agencia EFE.

En tanto en Ceará, uno de los estados más pobres de Brasil, ya se registra casi el mismo número de casos de coronavirus que en Río de Janeiro con la mitad de su población (35.595). Y en Pernambuco, donde hasta el gobernador Paulo Camara dio positivo de covid-19, la media de muertes diarias se duplicó hasta llegar a 90. Las divergencias entre Bolsonaro y los gobernadores respecto al manejo de la crisis sanitaria se multiplicaron no solo en el nordeste, donde la mala relación con el presidente ya era visible, sino también con algunos antiguos aliados, como los gobernadores de Río de Janeiro y San Pablo, que decidieron implementar medidas de aislamiento social más allá de la negativa presidencial.

Frente a un escenario cada vez más complejo, el secretario de Vigilancia del ministerio de Salud de Brasil, Wanderson Oliveira, considerado el máximo responsable de la política de combate al coronavirus en el país, presentó su renuncia. La salida de Oliveira se produce pocos días después de que Bolsonaro confirmara al frente del Ministerio de Salud a Eduardo Pazuello, un general del Ejército sin experiencia en materia de salud pública, tras haber aceptado la renuncia del médico Nelson Teich.

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