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Un miembro del Escuadrón Perdido

En El Escuadrón Perdido, de José Luis D´Andrea Mohr – al que puede accederse en http://www.desaparecidos.org/arg/doc/escuadron/ – se reconstruye la desaparición de Jorge Emilio Papetti, en el sitio se expresa textualmente:

«El 20 de abril de 1976 Jorge Emilio PAPETTI, hijo de italianos, fue incorporado como soldado conscripto al Regimiento Caballería de Tiradores Blindados 6, en Concordia, Entre Ríos. El 16 de marzo de 1977, casi ya de baja y ascendido a dragoneante, fue detenido dentro del regimiento mientras estaba de guardia. Algunos de sus compañeros oyeron sus gritos de protesta cuando se lo llevaban y alertaron a las padres de lo sucedido.

Al día siguiente el padre del dragoneante se entrevistó con el teniente coronel Naldo Miguel DASSO, jefe de la unidad, en presencia del segundo jefe, mayor Osvaldo Antonio LAROCCA. DAsso explicó que el dragoneante PAPETTI, sospechoso de extremismo, había sido trasladado a otra ciudad «por órdenes superiores» pero que, a la altura de Villaguay, se había fugado después de haber obtenido permiso para ir al baño en una estación de servicio. El oficial no dio más detalles, y el padre, angustiado, llevó el caso al Juzgado de Instrucción N2 1 de la ciudad de Concordia, a cargo del doctor Oscar SATALIA MENDEZ.

La falsedad de lo manifestado por DASSO al padre del dragoneante PAPETTI quedó al descubierto por la declaración posterior de un detenido no desaparecido. Ese hombre había sido secuestrado en su domicilio y trasladado al Regimiento 6. Allí lo encapucharon, lo golpearon y lo picanearon para después exigirle que reconociera a unos detenidos. Cuando le levantaron la capucha vio, entre otras personas, a PAPETTI muy lastimado, con posible fractura de costillas y una tos persistente. Era el 18 de marzo de 1977.

El y PAPETTI fueron trasladados del Regimiento 6 a un lugar cercano a la represa de Salto Grande, donde fueron interrogados y nuevamente torturados. PAPETTI estaba muy mal. Por la noche los trasladaron a la cárcel de Concordia y de allí, a la mañana, a la ciudad de Paraná, en un camión tanque acondicionado para transportar personas de modo clandestino. En Paraná los alojaron en el Escuadrón de Comunicaciones Blindado 2 y de allí a la cárcel de Paraná, donde se realizaban las sesiones de tortura.

El testigo, detenido durante seis años en distintas cárceles del país, recuerda de esa primera sesión: «PAPETTI estaba siendo torturado y yo aguardaba atado desnudo en una cama de la misma habitación, cuando comenzaron los estertores de agonía, la preocupación de los interrogadores, el masaje cardíaco, la precipitada retirada de algunos de ellos… la muerte».

Mientras lo narrado ocurría en Paraná, DASSO explicaba lo inexplicable a los padres y, finalmente, daba de baja al conscripto de su regimiento con fecha 28 de mayo de 1977 por «primera deserción calificada».

El 22 de diciembre de 1983 el teniente coronel Francisco Darío PAREDES, jefe del Regimiento de Caballería de Tiradores Blindados 6 «Blandengues» (RC TIR BL 6) contestó un requerimiento del juez Oscar SATALIA MENDEZ. Este magistrado llevaba varios años en la tarea de investigar las desapariciones de personas ocurridas dentro del Area 225, entra ellas la del conscripto PAPETTI.

La renuencia sistemática y orgánica de los militares a suministrar información a los jueces quedó en evidencia en la siguiente fracción del texto firmado por PAREDES:

«[…] Sobre el particular cumplo en informarle que se solicitó a la Superioridad el temperamento a seguir en razón de subsistir la orden del Comando en Jefe del Ejército, que señala que en casos como éste se debe requerir la correspondiente autorización y es el Comando Superior quien satisface el requerimiento».

La de Paredes no había sido la primera respuesta evasiva de las autoridades militares al juez SATALIA MENDEZ. El antecesor de PAREDES en la jefatura del Regimiento de Caballería de Tiradores Blindados 6 fue el teniente coronel Enrique Santiago SERVATICO. Este jefe respondió al juez de manera algo desopilante: «En tal sentido, solicito a VS quiera tener a bien contemplar la posibilidad de delimitar a qué tipo de personas se refiera dicho oficio; es decir, si la nómina de los presumiblemente detenidos o arrestados en jurisdicción del Area incluye a quienes permanecieron en esa situación por motivos de la lucha antiterrorista o por averiguación de antecedentes y si también se involucro a militares que lo han estado por razones disciplinarias».

Las respuestas de los jefes militares del Area 225 motivaron que el doctor SATALIA MENDEZ solicitara al comandante en Jefe de las Fuerzas Armadas que, «dadas las respuestas evasivas de las autoridades militares, dispusiera se le suministrara por orden suya la información pedida».

Aquel muchacho, estudiante de Geología, ingresó al escuadrón perdido. Naldo Miguel DASSO ascendió a general en 1984. Junto con las palmas del grado le entregaron una réplica del sable corvo sanmartiniano. Ironía cruel: en el ejército de San Martín habría sido fusilado sin más trámites junto a los demás verdugos de conciudadanos inermes.

El cuerpo del dragoneante Jorge Emilio PAPETTI no ha sido encontrado».

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