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El día en que Concordia se tiñó de rojo

CASI CIEN

Todo deporte tuvo, tiene y tendrá sus clásicos. Sus anécdotas, sus peleas, sus amores, sus desengaños, su folklore, su colorido, su pasión. Lo primero que el simpatizante busca al salir el fixture del torneo, es cuándo y dónde se jugará el partido más trascendental de la ciudad. Incluso, no importa si es en el inicio, en la mitad o en el final del certamen. Tampoco afecta cómo están en la tabla de posiciones y mucho menos sobresalta como llegan cada uno. Los clásicos son partidos a parte.

¿A qué nos referimos cuando hablamos de rugby?

La respuesta es extensa pero sintetizándolo en algo breve, se puede describir en que el rugby es un deporte muy valioso que tiende puentes con la sociedad, con la cultura, con la comunicación y que deja huellas que marcan historias. La historia de un club, la historia de un equipo, la historia de una familia, la historia de una hinchada, y por qué no, la de una ciudad.

¿La historia en la realidad o la realidad hecha historia?

Domingo 27 de julio de 2007, 15:30 hs. El Club Regatas Concordia fue el epicentro de una nueva edición del clásico concordiense. El Club Los Espinillos recibía en su casa al Club Salto Grande por la décima fecha del Torneo Provincial. Un “Rojo” que venía entonado tras conseguir una victoria 15 a 5 ante Tagué mientras que el “Hidroeléctrico” llegaba golpeado tras caer ante Universitario de Concepción del Uruguay por 94 a 7.

SEMANA CLÁSICA

“No sería fantástico poder ganar con altura, goleando y alcanzando el tan ansiado punto bonus. Espero que estemos todos el domingo en el Regatas, para festejar la victoria de las Hordas Rojas, en el 3er Tiempo dejando un buen ejemplo a los chicos y familiares que vayan de lo que es el espíritu de rugby, un abrazo de try y que sea toda una fiesta (ROJA)”, expresó Arturo H. McLoughlin en la antesala del cotejo.

EQUIPO DEL 2007

Carlos Canals era el coach de Los Espinillos y conformaba una dupla técnica junto al Gustavo Graziano. El grupo contaba con una base conformada por jugadores jóvenes, quienes estaban haciendo sus primeros pasos en la primera división, y mayores, quienes venían de conseguir el subcampeonato en el año 2006. El “Rojo” llegó al cuadrangular final del Provincial y logró el segundo puesto detrás del poderoso CUCU, un equipo multicampeón en la década del 2000, que consiguió 10 títulos en los últimos 15 años.

Sebastián Scaiola, jugador del plantel, describió el equipo que integró en el 2007: “Era aguerrido, sólido y dominaba con un estilo de juego sobresaliente. Imponíamos jugadas que hasta en la actualidad se utilizan. A su vez, contábamos con un pack de forwards, que iba para adelante y backs destacados”.

Asimismo, Carlos Canals, técnico del grupo, añadió: “Fue un grupo inolvidable que tenía como principal fortaleza la humildad y las ganas de superarse día a día para conseguir los objetivos que nos planteábamos. En ese momento, estábamos con la cabeza para lograr lo que quisiéramos, era una constante estimulación la del cuerpo técnico y jugadores”.

PREVIA DEL PARTIDO

Los Espinillos con 25 puntos conseguidos transitaban un campeonato regular y buscaban una victoria que los llevará a la zona de clasificación en la que estaban, San Martín de San Jaime, Álamo, Universitario y Guazunchos. En la vereda de enfrente, Salto Grande arrastraba un certamen opaco. A falta de 4 fechas para ingresar al cuadrangular el equipo entrerriano solo sumó 9 puntos y tenía un único objetivo: golpear a su clásico rival.

En lo anímico, el equipo “Rojo”, llegaba confiado pese a la lesión de su capitán Sebastián Robelin, quien se había lesionado ante Tagué, y no pudo llegar a disputar el cotejo. La cinta en esa oportunidad fue para el juvenil Nicolás Pessolani: “Fue mí primera vez en primera división, me lo comunicó Carlos Canals durante la semana y casi me muero, tuve que disimular las lágrimas. Era lo que soñaba desde chico, viendo muchos grandes jugadores que fueron ídolos en el club. Es un recuerdo que guardo muy gratamente. Me crié en el club, soy de familia roja, mí único club”, remarcó el concordiense.

Uno de los referentes de la primera división era Joaquín “Hormiga” Ortiz. El apertura contó cómo trabajaron el partido durante la semana: “Con tranquilidad pero con concentración. Un punto alto nuestro era el recambio de jugadores, todos teníamos ganas de entrenar y de sumar minutos. Los clásicos son partidos hermosos para jugar y principalmente cuando te toca en tu casa y con tu gente”.

SIMPLICIDAD

No hay nada más dificultoso que definir la simplicidad. Y, probablemente, nada más difícil de conseguir. Porque de algún modo se caracteriza a la perfección pero no a lo fácil. No hay camino más espinoso al que conduce la simplicidad. Un camino en el que se tiene que trabajar para llegar. Un trabajo duro, continuo, en este caso, de un grupo, de un equipo, de un club o más específicamente de una familia.

Dentro de un grupo existen cábalas, tal vez no son viralizadas y son guardadas como un valioso secreto. En este caso, el plantel anfitrión tenía una. La profecía indicaba que todo iba a salir bien si su número 10 antes de iniciar el partido se dirigía hacia el baño del vestuario. Las ganas de hacer sus necesidades eran las ganas de todo el equipo o tal vez las ganas de pegarse una ducha antes de iniciar la arenga era lo que anhelaban los titulares, los suplentes y el cuerpo técnico. Hormiga, no podía fallar.

Lo que predijo Arturo H. McLoughlin comenzaba a tener color. El mensaje que había mandado la semana previa llegó a muchos fieles del Rojo. El Club Regatas se tiñó de rojo. Banderas, colorido y cantos a favor del elenco dirigido por Canals. La voz del grupo la tomaron sus referentes, Ortiz arenó a sus compañeros al igual que Pessolani. “Antes del partido había mucha adrenalina pero también confianza. Sabíamos que era un partido a parte, la historia pesa”, aseveró el medio scrum.

El partido se puso en marcha con el silbido del “Teniente Coronel”, apodo que llevaba el referee. El juego comenzó a tomar color después de los primeros 15 minutos cuando llegó el primer try del equipo local. El primero de los diecisiete. Sí, literal. Fueron diecisiete. En este caso, el número de la desgracia, de los quinieleros, se reflejó en la vereda visitante. Los Espinillos jugó un partido perfecto en ataque, le salió lo planificado en todas las líneas. Presión, inteligencia, precisión, despliegue y actitud. Lo jugaron con el corazón, como hermanos. Y sí, precisamente como hermanos porque el encuentro culminó 99 a 0.

La entrega fue notable, cuando el partido estaba resuelto ya no se miró el resultado sino el objetivo pasó a mantener el resultado en 0. Rodrigo Díaz Vélez, ingresó en el complemento. El rugbier venia de arrastrar un desgarro y no estaba al ciento por ciento para jugar pero no se quiso perder el juego. “Faltaban 5 minutos para terminar y Rodrigo se entregó al equipo. Corrió 70 metros para tacklear a un jugador de ellos cuando ya ganábamos por 80 puntos y el ingoal se mantuvo en cero. Eso habla a las claras de la actitud del equipo”, confesó Pessolani.

En cuanto al resultado, Canals narró: “Se dio así porque ellos sintieron nuestra superioridad. El Rojo fue muy inteligente y demolió a Salto Grande poco a poco, sin egoísmo y jugando todos de manera leal. Fue un placer verlos jugar de esa forma”. Por otra parte, Scaiola completó: “Sin desmerecer al rival, lo disfrutamos demasiado. Hasta en la actualidad recordamos el resultado histórico que conseguimos”.

“Lo que me gustaría destacar es la caballerosidad con la que se jugó el partido; a pesar del resultado creo que no hubo ninguna tarjeta ni jugada desleal. Es uno de los recuerdos más lindos que tengo, porque jugué al lado de amigos y de gente que aprecio mucho. No sé si alguna vez se volverá a repetir, por eso me gusta haber sido parte de esa historia”, culminó Pessolani.

Lo que sintió y expresó en la previa Arturo H. McLoughlin se hizo realidad. El “Rojo, no solo con altura, goleó y alcanzó el punto bonus sino que talló un resultado que quedará en la memoria de Los Espinillos. El plantel fue un ejemplo silencioso y supieron que el éxito nunca fue el final de su camino sino un feliz eslabón hacia conquista.

Finalmente, el “Rojo” clasificó al cuadrangular final pero nuevamente quedó en la segunda posición. Derrotó a San Martín de San Jaime y sumó los puntos ante Álamo ya que no se presentó a jugar el partido. El verdugo fue CUCU que nuevamente lo venció y alzó el trofeo en 2007.

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