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Pandemia, empatía, egocentrismo y coherencia

Estamos viviendo una situación que, sin lugar a dudas, está poniendo a prueba nuestra más primitiva forma de vivir: el instinto de supervivencia.

La lucha contra un enemigo (COVID-19), que pareciera ser la creación de aquel famoso dictador con el fin de seleccionar a los más fuertes y descartar a los más débiles, está dejando expuesto, a diestra y siniestra, cómo una sociedad capitalista -donde el egocentrismo prima sobre la empatía hacia el prójimo-, hace que no nos demos cuenta que esa misma incoherencia hará efecto boomerang y, tarde o temprano, nos afectará a todos en forma directa o indirecta.

No nos damos cuenta de que el impulso por no permanecer “encerrados” en nuestros hogares responde a un inculcado egoísmo y al instinto innato por la libertad; impulsos que, en estos momentos de zozobra, deben ser dominados antes que sea demasiado tarde.

Tampoco nos percatamos de que malgastamos el tiempo, muchas veces, en tratar de mitigar la opresión usando el ingenio para la creación y la difusión de “memes divertidos” (lo que no implica ser un amargado si no se lo hace), sin saber que, en realidad, minimizar y tomar con humor la problemática influye en el subconsciente de las personas; hechos que se ven reflejados, por ejemplo, en la incoherencia de no respetar la cuarentena, exponiendo así a un sinnúmero de inocentes.

La confusión, el miedo y la falta de una estructura fuerte desde el Estado en el Sistema de Salud Público, producto del paso de un sinnúmero de deficientes funcionarios políticos, crean un coctel para que los dementes hagan de las suyas, inventando noticias falsas con el fin de fomentar unas psicosis que potencia el mal.

Un momento en el cual los líderes políticos deben nutrirse de una objetividad absoluta, ESCUCHANDO a los que más saben, están y estarán en el frente de esta guerra cual superhéroes sin capa, bregando por la salud y la vida de todos nosotros; científicos, médicos, enfermeros, auxiliares que, hasta quebrados en llanto, ya no saben cómo más expresar la desesperación que sufren al ver dejar morir al más débil en pos de quien tiene mayores probabilidades de vivir. Donde merecido reconocimiento se deben llevar, también, las fuerzas de seguridad, servicios esenciales y todo aquel que expone su integridad en favor de su familia y la sociedad toda.

Un momento que nos hace reflexionar que los guionistas y directores de películas de terror apocalíptico no estaban tan errados del absurdo accionar de la sociedad actual.

Un momento en que nosotros, como seres humanos, también debemos analizar y meditar en forma seria, tomando la posta con carácter, haciendo que quien esté al lado tome los recaudos necesarios y respete la decisión del prójimo por sobrevivir sin ser contagiado.

Un momento, una situación que a falta de una vacuna, la empatía y la coherencia parecen ser los únicos antídotos, y no solo para el virus, sino también para nosotros como seres y sociedad.

Marcelo Leal


 

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