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Adiós a Matías Esteche: Las canchas ya tienen otro “duende”

Un profundo dolor en la sociedad, y más que nada en el fútbol, causó el deceso de Matías Esteche, el joven futbolista que durante varios días luchó por su vida tras sufrir un terrible accidente, al chocar frontalmente con una camioneta en la zona de Boulevard San Lorenzo y Lamadrid.

La comunidad toda se expresó ante tan terrible suceso, en su momento y más ahora con el fallecimiento del muy joven futbolista. Surgido de Salto Grande, Esteche vestía, como en la foto, la camiseta de Nebel y desde allí llegaron tantas voces de aliento como de tristeza, ayer, cuando se conoció la noticia. Un pibe que pintaba para bueno, pero que era muy querido precisamente por ser buen pibe. Con él se murieron también sus sueños, que como el de todo futbolista era brillar, llegar a gritar varios goles y poder hacer gritar a su gente, a su país, también, en el futuro.

Y todo quedó lamentablemente trunco sin siquiera haber tomado un trago entero de la vida, porque con su juventud apenas había podido saborear sorbos de felicidad, de buenos momentos, de instantes compartidos con su familia, amigos, gente del fútbol, de la vida misma. Con muchísimo camino por recorrer, es obvio que sus sueños eran muchísimos, como así también los de su familia que aún lo estaba viendo crecer orgullosamente, y tiene que soportar este golpazo de no tenerlo más entre ellos.

Conmueve una muerte en el momento que sea, pero cuando se es joven la misma tiene el doble o triple de conmoción para todos, porque por naturaleza uno alienta a la juventud, a que traten de hacer las cosas en la vida mejor que nosotros, mejor que todos. Y lo decimos, más que nada, desde el punto de vista de su familia, que por lo que era el pibe había recibido muy buena educación, con pocas o muchas armas para ello, pero buena educación, que es la base con la que todos debemos atravesar la puerta de la casa para encontrarnos con la calle, con la vida misma.

Y Matías no necesitaba, paradójicamente, más años para ser querido, porque ya lo era, y con creces, porque él se lo había ganado con su forma de ser. El tiempo hubiera dado su testimonio si era bueno, regular o gran jugador. Pero es seguro que contagiaba con sus ganas, con su propia juventud y sus proyectos, que quizá siempre estuvieron en su mente y no escribió en un papel, sino que lo sentía bien adentro y por ello había elegido ser jugador de fútbol, más allá de estudiar y de las instrucciones de familia, que con el estudio siempre se puede llegar más lejos.

Pero más allá de lo futbolístico, la sociedad sintió el impacto por una muerte prematura, muy joven, que tronchó sus sueños, y los de todos los que nos imaginamos cuáles eran. Porque el sueño principal, como el de todos, es simplemente vivir, sentir, disfrutar cada momento. Y de golpe todo se cortó. Pero lo que no se cortará será el amor de su familia, el sentimiento de sus amigos, de sus compañeros del fútbol, que siempre levantarán la cabeza y lo buscarán para darle el pase, o hasta quizá esperar algún centro suyo, o algún pase gol.

Recordarán su grito en cada tanto que se convierta, y no cabe duda que también saldrán a la cancha arengados por él. Las canchas tienen un nuevo duende que jugará cada partido con la alegría y juventud de siempre. Y en ese abrazo imaginario que todos tuvieron ayer para con él, a modo de despedida, va el nuestro a toda su familia y seres queridos.

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