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Bordet, Salomón y “el perro del hortelano”

Se espera que un gobernante tenga una especial cosmovisión para ver y entender los hechos y realidades que se presentan ante sus ojos y resuelva siempre teniendo en cuenta aquello que se describe como una “Solución Salomónica” y que se fundamenta en lo narrado en el Libro I de los Reyes (3: 16-28).

En él se escribe el recurso que utilizó Salomón, rey de Israel, para averiguar la verdad en un caso judicial que se le presentaba: la disputa entre dos mujeres, el hijo de una de las cuales había muerto; ambas decían ser la madre del niño vivo.

«Ésta afirma: “Mi hijo es el que vive y tu hijo es el que ha muerto”; la otra dice: “No, el tuyo es el muerto y mi hijo es el que vive.”» Y añadió el rey:

—Traedme una espada.

Y trajeron al rey una espada. En seguida el rey dijo:

—Partid en dos al niño vivo, y dad la mitad a la una y la otra mitad a la otra.

Entonces la mujer de quien era el hijo vivo habló al rey (porque sus entrañas se le conmovieron por su hijo), y le dijo:

— ¡Ah, señor mío! Dad a ésta el niño vivo, y no lo matéis.

—Ni a mí ni a ti; ¡partidlo! —dijo la otra.

Entonces el rey respondió:

—Entregad a aquélla el niño vivo, y no lo matéis; ella es la madre.

Además de exaltar la justicia y sabiduría de quien ejerce el poder político legitimo (el que proviene de Dios en la interpretación tradicional), resalta el valor de la abnegación del amor maternal (que prefiere renunciar al propio derecho por el superior interés del hijo) en contraste con la maldad de la envidia (que prefiere el mal ajeno aun sin provecho propio: “el perro del hortelano”.

Frase extraída del viejo relato que tiene como protagonista a un perro que no come, ni deja comer, pues aquel can no se alimentaba de las verduras de la huerta pero vigilaba que nadie las tocase y que diera origen a la comedia de Lope de Vega, publicada en Madrid en 1618 y que recoge la expresión «Ser como el perro del hortelano, que no come ni deja comer»; el perro es un animal no vegetariano que no come los vegetales del huerto de su amo, pero no deja que los otros animales los coman.

En nuestros días, el gobernador Gustavo Bordet, no es Salomón aunque nada quita que pueda utilizar la justicia y sabiduría de aquel para resolver una cuestión que se presentaba difícil y que –en realidad- era muy fácil de resolver mediante el uso de la espada- y con el fin de hacer cesar situaciones que en la farragosa tarea de gobernar es la nada misma pero no puede, ni debería, entregar la espada del rey a vasallos designados por él para otros menesteres que carecen de esa visión que se requiere para impartir justicia sin acudir a otros textos que son propios de los leguleyos y doctores de la ley, que como vengo diciendo deben amontonarse en los tribunales, pero no pueden ser designados para impartir justicia y desarrollar pues no son competentes ya que no son jueces y no disponen de la legalidad que le otorgó la soberanía popular a Gustavo para usarla en provecho de todos, impidiendo que los “perros del hortelano” se enanquen en su gobierno para hacer lo que saben hacer: NADA….BUENO.

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