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Auschiwtz: El laberinto de Dios y la razón

Es imposible escribir sobre aspectos de La  historia del Siglo XX sin caer en una mirada acotada, prejuiciosa, propia de nuestra  contemporaneidad, pero ese ejercicio de poder escribir , intenta titánicamente romper esa lógica de tiempo y espacio capturante y poder abordar aquellas realidades de la primera mitad del siglo veinte, donde la sordera y sordidez de la humanidad , motivó  la destrucción de un pasado humano sostenido  en los mecanismos sociales ,que vinculaban las experiencias  contemporáneas con las generaciones anteriores. 

1914 es para Eric Hobswan un punto de inflexión en la historia de la humanidad presagiando quizás lo que significaría también  el periodo de 1939 a 1945. En el Siglo XIX  Alexis de Tocqueville escribió “que Europa estaba sentada sobre un volcán”  aludiendo a los conflictos producto de la Revolución Francesa y  el avance de los sectores antimonárquicos, sin prever en esa afirmación el avance del antisemitismo y los totalitarismos entre finales del Siglo XIX y comienzo del Siglo XX que llevarían a la humanidad a la negación intrínseca de su condición.

El Holocausto aparece así, como un  punto nodal  del debate contemporáneo y produciendo de manera significativa un “conflicto de las interpretaciones” (Ricœur, 2003) que presenta la riqueza de la multidisciplinariedad en la necesidad de desentrañarlo.

Según Imre Kertész (2002), el Holocausto en general y Auschwitz en particular no sería un asunto privado, que concierne únicamente a ciertos individuos, ciertas etnias y ciertas religiones, sino que sería el acontecimiento traumático por excelencia de toda la civilización occidental. Kertész incluso sugiere que Auschwitz algún día será considerado como “el inicio de una nueva era” (2002:26)

J.-F. Lyotard recoge con  énfasis  el factor epocal e inscribe a Auschwitz en el marco del proyecto moderno, pues mostraría, de manera dramática, el fracaso de éste: “Auschwitz puede ser tomado como un nombre paradigmático para la „no realización‟ trágica de la modernidad” (Lyotard, 1992:30).

Auschwitz no solamente sería uno de ellos, sino que se convertiría en “el crimen que abre la postmodernidad” (Lyotard, 1992:31).

Es por ello que las  mentalidades que determinan épocas pueden ser pensadas en términos de mas  rápidas o mas lentas, que producen cambios profundos o superficiales o que en muchos de los casos establecen parámetros de  confusión y equivoco.  

Castioradis (2008)   sostiene que toda designación “que aluda a lo epocal es en un punto convencional”, es decir resultante, de una construcción social o producto de una elite intelectual que se endilga alguna forma de potestad definitoria o enunciativa de estos procesos.  

El termino “moderno” expresa para este autor una actitud profundamente “auto-ego-céntrica” que se sintetiza en un  “nosotros somos los modernos”. El componente imaginario y a la vez consciente de si, del termino (moderno), implicaria la auto caracterización de la modernidad como apertura indefinida al porvenir que solo puede tener sentido en relación al pasado. “Ellos son los antiguos, nosotros los modernos”( Castioradis:2008:15). La conformación de  estas sujetaciones : ellos- nosotros- unos- otros , encontrará sentido en el fuerte arraigo de las actitudes xenófobas – racistas desarrolladas desde el Siglo XIX.  

La Modernidad puede ser caracterizada entonces desde una doble perspectiva, desde la  visión de ese nosotros ,como una constante lucha contra la ambivalencia y la contingencia y  como la  decidida aspiración a instituir un orden racional y universal , es decir un meta relato que se asume como dogmatico.

Esta universalidad y racionalidad, se traduce en una práctica sistemática, destinada a controlar y aniquilar toda forma de ambigüedad y extranjería con el propósito de restablecer la homogeneidad unitaria del cuerpo socio-simbólico (Adorno, 1973).

Estas aristas  y otras constituyen  las características fundamentales de esta época, donde la oposición y la tensión entre los significados centrales es visceral, produciendo una nueva perspectiva tridimensional: la autonomía individual ,  producto de la ruptura con lo religioso ( cristiano- occidental)  , lo  social  (construcción del sujeto político) y la expansión ilimitada del dominio racional. La expresión efectiva de todo este proceso se tradujo en el despliegue y persistencia  de los irracionalismos de los  conflictos políticos, sociales e ideológicos que jalonaran estos tiempos.    

El racismo aparece así, como un rasgo monstruoso empíricamente universal de las sociedades humanas que encuentra en el siglo  XX y en el  marco de los  nazi-fascismo un potencial de desarrollo y justificación.

La exclusión de la alteridad (Castioradis: 35) instala necesariamente que los otros son  inferiores y no iguales a “nosotros”.  Los otros son simplemente otros y como tal su inferioridad constituye la otra cara de la verdad erigida por el sistema institucional de esa sociedad.

La institución de la sociedad se instituye creando una idea del mundo visto como “propio”, en el cual no se indican solamente representaciones, sino también un modo de valorización/desvalorización  del otro que necesariamente “sujeta”, “afecta”. 

En esta fijación racista que construyen determinadas estructuras políticas (Nazi-fascismos) y que  se referencia en sus  sociedades, el ejercicio racista no da la posibilidad de abjurar (Castioradis: 37), es decir no persigue el objetivo de formas de  conversión, sino el de la aniquilación.

La sociedad alemana entonces puede ser vista, en este caso, como  producto  de un proceso histórico- filosófico configurado  a partir de autores como  Paul de Lagarde (1827- 1891 y el estudioso de la cultura alemana Julius Langbehn (1851-1907), que sintetizaron la corriente de  pensamiento völkisch (“pueblo”- “comunidad de sangre”), que brindaron junto a otros autores, una crítica aguda de la civilización contemporánea y su decadencia social. Lo que reviste mayor importancia  es que en los escritos de ambos autores, los judíos y el judaísmo figuran destacadamente como el símbolo máximo de la decadencia de la civilización moderna. La principal contribución de Lagarde al pensamiento völkisch se encuentra en su colección de ensayos titulados Deutsche  Schriften (“Escritos alemanes”, (1878), en los que criticaba la falta de verdadera espiritualidad y unidad en la Alemania contemporánea, y proponía corregirla mediante una revisión drástica del cristianismo tradicional, reemplazándolo por una nueva fe alemana centrada en el renacimiento espiritual del Volk alemán. Con respecto a los judíos, aseguraba que su naturaleza esencial y su religión guardada para-sí-mismos los convertían en incompatibles elementos extranjeros en suelo alemán y en una barrera a la verdadera unificación germana.( Daniel Fraenkel:2004:07).

Los prejuicios antisemitas del pensamiento völkisch fueron reforzados  por los prejuicios cristianos tradicionales. Después de todo, el cristianismo tenía sus propias tendencias antijudías que de ningún modo abandonó, y a las que no renunció cuando se confirió a los judíos igualdad de derechos en muchas regiones de Europa.( Daniel Fraenkel:2004:09). Con el crecimiento del movimiento völkisch y la  consolidación sistemática de sus ideas en los escritos de Lagarde y Langbehn, el antisemitismo religioso tradicional fue absorbido por el pensamiento völkisch , dando por resultado una síntesis de pensamiento conocida por los historiadores como “germanismo cristiano”.  Dios y la religión cobran también un sentido conspirativo.

 A decir de Castioradis (2008) ¿la existencia del otro  (en este caso el judío) puede poner en peligro al yo?

“Somos como el especialista que cultiva plantas quien, cuando quiere producir una nueva cepa a partir de una especie bien probada que ha sido agotada a causa del exceso de cruzamientos, va primero al campo para extraer las plantas indeseables. Nosotros también comenzaremos por arrancar y descartar a la gente que, en nuestra opinión, no es material adecuado de SS “(Heinrich Himmler, jefe de las SS) .

Fundamentos como los de Himmler,  superaron el umbral biológicista darwiniano  del siglo XIX  y  designan a partir de el, un momento histórico en el cual lo biológico, por primera vez, se refleja en lo político y se comienza a hacer política. Las formas de poder emergentes en este contexto, el bio-poder, respectivamente, el bio-poder de la población y los conceptos de higiene racial y social, así como de eugenesia estarán estrechamente relacionados con el racismo estatal del nacionalsocialismo (Foucault, 1992).

Racismo estatizado que encontrará su propia materialidad en “los ghettos” y  “el lager” como manifestación ambos, de una humanidad reducida a una condición excrementental, llevada a los límites de toda forma de bestializacion.    

Los campos de concentración aparecen como una prolongación o exaltación del dominio totalitario y de la calculabilidad absoluta  producto de la modernidad y del  capitalismo, el holocausto también encierra una cuestión de adición y sustracción que implica humanidad. 

Auschwitz, Sobibor y Treblinka son  acontecimientos que pusieron  en tensión, la concepción de  la Modernidad,  como  hegemonía de los grandes metarelatos universalizantes.

Cuestion que  llevo a  J. Lyotard,  a sostener que “el poder ejercido por esos relatos […] es totalitario y conduce inexorablemente a horrores como el del Holocausto”. (Niklas Bornhauser: 2018)

 Auschwitz fue y es un trauma civilizatorio que marco desde la perspectiva de Agamben y de Primo Levi el fracaso de la ética y del régimen jurídico moderno. Auschwitz fue la trampa de la Modernidad.

Auschwitz es lo que interpela a Primo Levi y lo obliga a preguntarse “si esto es un hombre”, pregunta que en Viktor Frankl se transforma en “  un hombre en busca de sentido”.

¿Como he podido sobrevivir en  Auschwitz? Mi norma es que en primer lugar, en segundo y tercero estoy yo. Y luego nadie mas. Luego otra vez yo y luego todos los demás. (Levi: 1989).

Frankl encontró la posibilidad de la supervivencia,  en los vericuetos del psiquismo, un estado de animo que la psiquiatría denomina, “ilusión del indulto”, por el cual el condenado concibe la infundada esperanza de alguna forma de absolución. Supervivencia que  necesariamente no  implico en ellos liberación.

Auschwitz fue la frontera entre la vida y la muerte, el estado de agonía mental y de abandono social, la unidad humana  que se disuelve, en un cuerpo desnudo que se descarna, donde espíritu y conciencia experimentan formas de  inmolación y donde  la muerte aparece como forma de poder que de alguna forma libera. 

Auschwitz, postula la necesidad de asumir el desafío de pensar un nuevo ethos que de cuenta de la verdad del testimonio y también de aquellas voces y rostros que todavía después de 75 años,  esperan liberación. 

Lic. Diego R. Garcia

Becario Yad Vashem

Becario Morei Morin Lehoraat Ha Shoa


 

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