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Parten en vuelo de línea: Presidente Fernández y embajador Urribarri viajan a Israel

Participarán del Foro Internacional de Líderes que recuerdan el Holocausto y luchan contra el Antisemitismo.

El presidente Alberto Fernández arribará el martes a Israel, en su primera visita oficial a un país desde que asumió el 10 de diciembre, para participar en Jerusalén del Foro Internacional de Líderes en Conmemoración del Día Internacional de Recordación del Holocausto y la Lucha contra el Antisemitismo y, en ese marco, compartir una cena privada con los presidentes y jefes de gobiernos que participarán del encuentro, con la posibilidad de concretar reuniones bilaterales.

Fernández y su comitiva partirán hoy en un vuelo de línea, para comenzar su agenda en Israel el miércoles, cuando por la noche asista a la cena que se ofrecerá a los mandatarios llegados de todo el mundo para participar del Foro. El presidente decidió que partiría con una delegación mínima: la primera dama, Fabiola Yañez, Solá, el secretario de Asuntos Estratégicos, Gustavo Beliz, el gobernador Axel Kicillof, el diputado Eduardo Valdés, el vocero Juan Pablo Biondi y el futuro embajador en Tel Aviv, Sergio Uribarri.

La conmemoración del Día Internacional del Holocausto se hará en Jerusalén el 23 de enero, aunque las invitaciones cursadas a los líderes mundiales instaban a llegar el 22 para participar de una cena de Estado organizada por Reuven Rivlin, presidente de Israel. Habían confirmado Vladimir Putin y Emmanuel Macron, entre otros, y la embajadora Ronen ya dudaba de la posibilidad de recibir a Alberto Fernández en el aeropuerto Ben Gurion.

Hacia mediados de enero, cuando aún era noticia internacional que Estados Unidos había terminado con el general iraní Qassem Soleimani, la embajadora israelí insistía en la Casa Rosada para saber si había novedades acerca de la invitación cursada por su país a la Argentina. Julio Vitobello, secretario General de la Presidencia, trataba con extrema amabilidad a Ronen, pero Alberto Fernández tenía otras urgencias y no se decidía.

El miércoles pasado, Cristina Fernández de Kirchner invitó a cenar a Alberto Fernández. Había regresado de Cuba y tenían muchos asuntos que tratar: desde la negociación de la deuda externa al encuentro con Francisco en el Vaticano. CFK tiene opinión formada sobre todo, y los años fuera del poder real le permitieron tomar distancia de los hechos mundiales y ahora observar el tablero mundial desde otra perspectiva personal.

La vicepresidente asume que su decisión de firmar el Memo con Irán, su crítica despiadada a la Casa Blanca y su alianza tácita con Venezuela, China y Rusia terminaron por aislar su gobierno y transformar su gestión en un hecho político lapidado en las principales capitales del mundo, incluidas Washington, Paris, Madrid, Berlín y Tel Aviv.

Esa cruda realidad geopolítica, que implicaba las miradas con cierto sarcasmo en las cumbres del G20 o en las Asambleas Generales de la ONU, fue un aprendizaje de Cristina Fernández que hizo valer en la cena que compartió con Alberto Fernández. El presidente comentó que había sido invitado a la conmemoración del Día del Holocausto en Jerusalén, y adelantó que no pensaba ir por su completísima agenda de política doméstica.

Frente al anuncio presidencial, Cristina Fernández de Kirchner recomendó que fuera a Jerusalén. La expresidente -exhibiendo su capacidad para leer la agenda global- argumentó que la ausencia de Argentina podía ser interpretada como una toma de distancia de Israel y Estados Unidos en plena crisis de Medio Oriente, y a su vez, profundizaba los enfrentamientos en la sociedad, causados por la muerte de Alberto Nisman.

Desde esta perspectiva, el viaje relámpago de Alberto Fernández a Jerusalén servía a dos fines específicos y complementarios: un acercamiento diplomático a Benjamin Netanyahu y a Donald Trump cuando se inicia la negociación de la deuda externa y un mensaje directo a los sectores de la sociedad argentina que cuestionan al gobierno por su posición frente al asesinato del fiscal federal y la pericia de la Gendarmería Nacional que avala esta conclusión en la causa Nisman.

Hoy, Alberto Fernández y su comitiva partirán desde Ezeiza rumbo a Jerusalén, con una escala de dos horas en Roma. Se alojarán en el legendario hotel King David y horas después de su llegada (22 a la tarde), el presidente argentino participará de una cena de Estado que convocó su colega israelí Reuven Rivlin.

Será la primera vez que, cara a cara, Alberto Fernández se encuentre con Macron, Putin, el vicepresidente americano Mike Pence y la reina Máxima de Holanda, entre otros líderes mundiales. Una excelente oportunidad para contestar tres preguntas que se hace la diplomacia internacional: cuál es su mirada sobre el mundo, cómo hará para resolver la crisis de la deuda externa y cuánto influye Cristina Fernández en sus decisiones políticas.

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