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Maratón de Reyes: Cuando el corazón domina la mente

Cada edición nos deja un sinfín de emociones y cosas para contar. Pero a la vez es imposible trasladar todo lo que se siente.

Si nos pidieran que graficáramos la Maratón de Reyes, que la contemos de “pe a pa”, nos estarían pidiendo una tarea imposible. No se puede describir con palabras lo que el ojo humano ve; no se puede definir lo que cada uno define a su manera y seguramente a ellos también se le habrán acabado los adjetivos, por más que abran el diccionario una y mil veces más. Ya no hay cómo calificar a la Maratón de Reyes porque es algo que creció de tan manera, se vive con tanta pasión que es imposible cuantificarla.

Y es algo que nos pone orgullosos, porque igual de orgullosos viene gente de todo el país y del exterior a participar. Corrientes, Chaco, Córdoba, Mendoza, Misiones, pueblos chicos y grandes que tuvieron su o sus representantes en la prueba, y todos quisieron decir presente. No querían perderse este espectáculo que desde hace años corre de boca en boca, por ser de los mejores del continente sin duda.

Y es por algo tan sencillo como espectacular, que es el acompañamiento de la gente, cómo esa gente demuestra que es su fiesta y gracias a Dios la cuida, la conserva, y hasta podríamos decir que la hace crecer día a día, porque cada vez es más la gente que durante el recorrido hace un cese de actividades para sentarse o estar parado en la vereda de su casa a ver la carrera.

Pero hay muchos más que se “mudan” por un instante y van al barrio vecino, o simplemente a una arteria por donde pasa la carrera y se instalan a verla desde allí. Entonces, los nuevos, los que vinieron a correr por primera vez repiten lo que han hecho sus antecesores, es decir que quedan deslumbrados con tanta gente, con tanto fervor, con tanto aliento, empujando a todos a llegar a la meta.

Y esto no se ve EN NINGÚN LADO, porque esto hace ÚNICA a la Maratón de Reyes, y lo será por siempre porque nuestra gente tiene un fervor especial, una manera distinta de vivir la prueba. Cada año la carrera es un “plan”. Vamos a preparar unos mates mientras vemos la carrera, o nos preparamos un jugo, una gaseosa y los más osados arrancan con alguna cerveza, o algo así. Pero el programa es ver la Maratón de Reyes.

Imposible que pase inadvertida por la puerta de los hogares de San Lorenzo, Isthilart, Urdinarrain, Alvear, mucho menos Plaza España, Bernardo de Irigoyen-1° de Mayo, Mitre, Lamadrid, y obviamente que quienes tienen esa hermosa platea que es la del Corsódrómo, se vive de otra manera y es el punto culminante. La explosión vista el sábado a las 20.30, cuando Federico Bruno pisó el Corsódromo no tiene nada que envidiarle a un estadio de fútbol, a un grito de gol de la Selección Argentina, por ejemplo, que juega a cancha llena.

Fue impresionante la muestra de júbilo de la gente al ver que la carrera era otra vez para Concordia, y Federico les retribuyó ese gesto también agitando los brazos y diciéndose “vamos, vamos”, porque evidenció que quería volver a ganarla y, más aún, lo demostró. Y esto que estamos contando es letra fría, porque otra cosa es haber estado allí y quien estuvo tendrá en su cabeza y corazón este recuerdo tan fantástico, el que año a año nos entrega la Maratón de Reyes.

Pero la gente es más, mucho más, porque espera hasta el último para alentarlo, para empujarlo hacia la meta y lo aplaude, lo vitorea, como si fuese de los primeros en llegar. Porque la gente interpreta que el premio mayor es ese, llegar, cumplir el objetivo tras un gran esfuerzo. La gente lo que hace es darle la bienvenida a la gran fiesta, que es de todos, de los de adentro y los de afuera.

Por si fuera poco, la organización una vez más estuvo a la altura de las circunstancias. ¿Y si se encontró el grupo definitivo para seguir organizándola?. Por qué no preguntarse ello. Porque cada vez todo fluye casi con naturalidad, los colaboradores trabajan con las mismas ganas siempre, de buen humor, sabiendo lo que tienen que hacer y entonces todo es más fácil. Nadie “cancherea”, porque quieren a la carrera y saben que es tan grande que no permite descuidos. Y por esa sincronización de trabajo, en todos los lugares, es que se habla de éxito tras cada edición.

No es fácil coordinar todos los movimientos con algo tan gigantesco, y se logra. Entonces la capacidad está demostrada. El Intendente, con su alejamiento de la Intendencia, deberá delegar muy bien o seguir monitoreando de cerca que este grupo no se pierda, que pueda permanecer organizando y que siempre se apunte a más, porque se sabe que año a año hay que redoblar el sacrificio porque hay más gente o precisamente más exigencia.

También hay innovaciones que hay que sostener, hasta que alcancen la normalidad deseada. Porque la Maratón también es eso, animarse a más, como se supo acompañar desde aquellos años el crecimiento notable que tuvo la carrera. Sí, se tuvo que tropezar, por allí, con un aluvión de gente, pero de eso se aprendió y como dicen que la perfección no existe, se siguen corrigiendo errores y seguro siempre habrá cosas por mejorar, no solo por la organización, sino por la gente porque a ellos va a destinado el esfuerzo de que Concordia tenga esta fiesta que, insistimos, tiene una magnitud imposible de explicar, mucho menos de describir.

Un “monstruo”, pero de los buenos, de los buenísimos, que siempre se roba el protagonismo en cada año de la película. Y por ello, de nuestra parte tenemos que decir…¡¡Gracias Concordia!!, porque realmente nos place sentir y escribir como sentimos, que es lo que siempre se hace. Y cuando se escribe sobre cosas lindas, mucho mejor.

La emoción hace que los dedos se muevan solos, que no necesiten que nadie les ordene qué hacer…..ni mucho menos qué poner. Hay una canción de GTR, quizá no muy conocida por todos, que se llama “When the heart rules the mind”, que significa algo así como “cuando el corazón domina la mente”. Y sí, cuando cada año hacemos la crónica de otra Maratón de Reyes, el corazón manda.

Por: Edgardo Perafán

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