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Se retiró Osvaldo Martínez Erazun: Un grande que conquistó a muchos

Hace muy poquitos días, Osvaldo Martínez Erazun tomó la decisión de retirarse del deporte, de la Gimnasia, que era, fue y será su pasión. Seguramente fue una decisión muy dura, porque el deportista deja atrás un enorme camino trazado con su talento, pero también con su humildad y perseverancia.

Esto sin contar con su forma de ser tan querible por todos, por lo que también en el camino sembró mucho cariño, el que también fue recogiendo del resto de compañeros y gente de la vida misma. Uno de los grandes deportistas de nuestra ciudad, hay que decirlo, porque fueron muchos años manteniéndose en la elite de la gimnasia nacional e internacional, incluso siendo “artista” permanente de la Selección Argentina, donde tuvo la posibilidad de viajar por el mundo y cosechar medallas de distintos colores, teniendo ese orgullo especial del deportista de vestir el atuendo celeste y blanco de su país, en este caso.

Un camino que, por ejemplo, su padre, “Chumingo” Martínez, conoce como nadie porque fue una pata importante o la pata más importante donde el Osvaldo deportista se apoyó desde siempre, dado que lo acompañó a muchísimos lugares del país, y fue el difusor de sus actividades. A nuestro diario vino infinidad de veces, y en la gran mayoría con muy buenas noticias. Con papeles que certificaban su actuación, en épocas donde internet todavía no era conocido por aquí, y eran papeles que él traía de los distintos torneos a los que asistía, con la misma pasión que la de su hijo por el deporte.

En realidad, no solo “Chumingo”, sino que la familia entera lo apoyó y lo siguió siempre a todos lados. Osvaldo, con su timidez y humildad, lejos estaba de ser él el portador de las noticias de su carrera deportiva, porque que es como que vivía concentrado por y para la gimnasia, no quería salirse en ningún momento de ese “carril”, y nos parecía estupendo que así fuera. Y fueron muchas alegrías cosechadas, y la más importante, insistimos, es permanecer en la elite durante tanto tiempo, más allá de los resultados. No cualquier deportista viste la camiseta de su selección tantos años, y lo hace con la calidad que él lo hizo, intacta hasta el día de esta decisión de retirarse.

Claro que en el medio hubo algunos sinsabores, por no haber podido quebrar una marca, no haber dado la misma para clasificar a tal o cual instancia, pero también fueron muchas alegrías de saber que lo entrenado, salía.

También retribuía el apoyo de su familia ya que en los ratos libres, cuando estaba en Concordia, asumía el rol que le tocaba en la librería de sus padres en calle Entre Ríos, y más tarde cuando la llevaron para su misma casa.

Una historia afín con muy pocos deportistas, porque él estuvo todo el tiempo en el tapete, en la primera plana, en la Selección Argentina, donde con Guillermo Avío, con quien arrancó aquí, se conocía y se conoce con solo mirarse. Y el entrenador también, dicho sea de paso, se mantiene con la misma humildad y casi silencio en la elite, porque también hace mucho que es uno de los entrenadores de la Selección Argentina, actualmente en Stuttgart, Alemania, para otro torneo. El mismo que hizo un aporte invalorable a su deporte armando un gimnasio de primer nivel en su “Azarián”, para que surjan más talentos desde allí, iguales o mejores que Osvaldo, claro.

El deportista me alcanzó en la noche del viernes, donde con la misma humildad de siempre y su voz casi melodiosa, para decir “me retiré de la gimnasia, y a modo de agradecimiento he hecho este folletín donde digo algunas cosas importantes”, nos dijo. Y su padre acotó “vos siempre estuviste difundiendo sus actividades desde muy chico, lo has seguido, y es una forma de agradecerte personalmente todo ello”. Yo simplemente me limité a decirle “felicitaciones por todo lo que hiciste”, porque fue lo natural que salió en ese momento, y es la pura verdad.

En la portada de ese folletín hay fotos más bien “viejas”, desde su juventud viviendo distintos estados de su querido deporte, y un texto, que dice: “Un deporte, GIMNASIA ARTISTICA MASCULINA, me permitió desde Concordia, Entre Ríos, conocerlo, vivirlo, disfrutarlo, proyectarme, logrando un permanente crecimiento, llegando a ser un deportista de elite que posibilitó representar en el deporte a mi país. De hecho en mis inicios, a los 7 años, era impensado ese logro. La dedicación, la perseverancia, el esfuerzo, haciendo un equipo con mi hermano Esteban, al que le seguía sus pasos, y Guillermo, el entrenador, se formó un hábito el entrenamiento, ejercitando el “MUSCULO DE LA VOLUNTAD”. Luego se sumó Gaspar, mi hermano menor.

Hoy, con 34 años me retiro como gimnasta. En todo ese tiempo he tenido muchas vivencias, experiencias de todo tipo. Siempre primó el afán de superación, la constancia para el entrenamiento.

Me he vinculado con muchos gimnastas en el medio local provincial, nacional e internacional, con los que he compartido los torneos y los momentos “invisibles” al torneo, el entrenamiento. Todo suma, crea experiencia en los errores y los logros, es un deporte individual.

Hoy me detengo, luego de la decisión tomada, recuerdo en el tiempo los momentos vividos en torno a mi actividad como gimnasta, pues yo siempre pensaba en lo que venía, cuál era el próximo paso, tenía prioridad la gimnasia en mi vida, proyectaba en función de la misma. Ahora debo replantear ese enfoque, para que me resulte tan placentero y útil en el futuro, en lo que me encamine.

Ese recorrido en el tiempo de gimnasta me permitió valorizar el entorno que me ha rodeado en forma permanente, y en distintos momentos especiales vividos, que me permitió marcar un camino en la Gimnasia Artística Masculina desde Concordia, Entre Ríos.

En mi corazón y alma sólo hay agradecimiento hacia vosotros que sois mi familia directa, y la que se formó en torno a la gimnasia. La comunidad de Concordia, que me ha acompañado en el camino que elegí en esa etapa de mi vida”, termina diciendo Osvaldo Tomás Martínez Erazun. Y todavía le falta un camino por recorrer, el de recibir honores por todo lo que ha hecho por el deporte. Y sí, más de uno, como yo, le va a decir “Gracias por todo lo que hiciste, Osvaldo”.

Por: Edgardo Perafán

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