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WhatsApp contra la campaña sucia: La empresa prometió evitar el uso político de la mensajería

Los grupos de WhatsApp pueden ser útiles y divertidos o una verdadera molestia. También, como dijo el jefe de Gabinete, Marcos Peña, pueden ser una valiosa herramienta para la campaña.  En las próximas semanas, los usuarios de la aplicación de mensajes tendrán la opción de configurar sus teléfonos para que nadie o nadie por fuera de sus contactos pueda agregarlos a un grupo sin su consentimiento.

Es una de las medidas que está tomando la compañía para intentar mantener la “integridad” de la plataforma, especialmente en el contexto electoral. “Estamos muy atentos para impedir cualquier intento de abuso”, dice Victoria Grand, vicepresidenta global de política y comunicaciones para WhatsApp.

“WhatsApp fue creado para mandar mensajes privados de uno a uno o en pequeños grupos. Es como una conversación en el living de tu casa, a diferencia de Facebook, que es como una conversación o encuentro en un parque público”, fue la definición de Ben Supple, gerente de Políticas Públicas para WhatsApp y líder de Elecciones Globales. Supple estuvo la semana pasada en Buenos Aires y participó de reuniones con representantes de los partidos políticos e integrantes de la Cámara Nacional Electoral. 

Estos encuentros, como el de Grand con un pequeño grupo de periodistas del que participó Página12, muestran que en la empresa hay preocupación sobre no quedar envueltos en escándalos o denuncias de manipulación electoral.  No está muy lejos la experiencia de Brasil, donde el  diario Folha de Sao Paulo reveló que seguidores del actual presidente, Jair Bolsonaro, pagaron a agencias de marketing que tenían bases de datos con cientos de miles de números de teléfonos para enviar noticias falsas a través de WhatsApp.

En España, alrededor de 400 mil usuarios fueron bloqueados en las semanas previas a las elecciones porque se consideró que tenían comportamientos anormales. Y esto también provocó quejas: Podemos denunció que les cerraron sus cuentas por envíos masivos de WhatsApp Business mientras que otros partidos que hacían cosas similares no habían sido sancionados.

WhatsApp, que es parte de Facebook, es utilizada todos los días por más de mil millones de personas. Todos los meses se bloquean más de dos millones de cuentas y hay un equipo que revisa y responde las quejas.

Por las características del servicio, el contenido de los mensajes es siempre privado, encriptado. Es decir, a diferencia de Facebook o Twitter, se supone que WhatsApp no tiene acceso a lo que los usuarios se mandan entre sí. Entonces, ¿qué pueden hacer para impedir los abusos?

“Nuestros esfuerzos se basan en el análisis del comportamiento de los usuarios. Vamos a hacer una campaña pública para empoderarlos, para que sepan que pueden reportar o bloquear las cuentas que tengan mensajes falsos o indeseables. También vamos a trabajar con la Cámara Nacional Electoral, establecimos un canal para que se puedan reportar estas cosas. No podemos observar el contenido de los mensajes pero sí el comportamiento de las cuentas: si se detecta el envío de mensajes automatizados y masivos la cuenta puede ser bloqueda”, explica Grand.

Por ejemplo, si una cuenta se registra y un minutos después intenta mandar cien mensajes, es probable que esté involucrada en un abuso, lo mismo si intenta crear rápidamente decenas de grupos o agregar muchos usuarios a grupos existentes o si envía mensajes a decenas de destinatarios que no tienen la cuenta del remitente en sus contactos.

El macrismo fue pionero en el uso de las redes sociales en la campaña electoral. Este año ya anunció que la estrategia no pasará tanto por Facebook, como en 2015, sino por WhatApp. La idea es llegar a los grupos de “mamis y papis” o de “vecinos”. Para eso, pidieron a sus seguidores que armen grupos con amigos a los que les reenviarán información que les interesa difundir. La idea es apelar a los sentimientos y a la cercanía: que no llegue un mensaje de un funcionario o un candidato sino de una persona “común”.

Una de las medidas implementadas por WhatApp recientemente fue, justamente, la etiqueta de “reenviado”, que alerta cuando un mensaje que le llega a un usuario no fue producido por el contacto que lo envia sino que fue elaborado originalmente por otra persona. Esto lo hace menos cercano y puede dar cuenta de que se trata de una pieza viralizada cuya autenticidad o espontaneidad puede ser sospechada.

Otro cambios fueron el límite de 256 contactos para los grupos y de cinco personas o chats para reenviar un mensaje (antes era 20), lo que redujo un 25 por ciento los reenvíos a nivel global. En este contexto se inscribe la nueva modificación que estará disponible en las próximas semanas con la que los usuarios podrán prohibir que los agreguen a un grupo sin una consulta previa o autorizar a que sólo sus contactos los puedan sumar sin preguntar a una conversación colectiva.

“WhatsApp no provee servicios pagos para partidos políticos. Los partidos políticos pueden usar WhatsApp como todas las personas, pero no pueden mandar mensajes masivos o automatizados y si violan las condiciones pueden ser bloqueados como cualquiera”, señala Grand. Los controles apuntan a reducir la rápida viralización de los mensajes (sostienen que el 90 por ciento  de sus comunicaciones son de una persona a otra), pero por supuesto no impiden que la plataforma sea usada en la comunicación electoral. Una opción es hacerla más artesanal, lo que implica más tiempo y recursos. Otra es buscar la forma de saltear los controles. Algo en lo que siempre hay gente trabajando.

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