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Jaguares jugará una histórica final en el Super Rugby

Con un rendimiento excelente, la franquicia nacional le ganó 39-7 la semifinal a Brumbies.

Los fuegos de artificio iluminan la noche cerrada en Liniers. Hay fiesta en Vélez. Una fiesta de excitación desatada tras las emociones contenidas. En el medio de la cancha, un grupo de jugadores saltan enloquecidos y por encima de todos ellos aparece Agustín Creevy, el que fue capitán y juega como capitán. Está descontrolado el hooker. Grita, se abraza. Hay lágrimas en su rostro porque él, como pocos en ese grupo, supo de tiempos no tan felices con el equipo.

De repente, Juan Manuel Leguizamón, ese santiagueño que es el único heredero del bronce histórico de Francia 2007 y que se ilusiona con ser parte del plantel Puma de Japón 2019, pide la palabra en el medio de la ronda. Quizá para repetir aquellas que Agustín Pichot había dicho en París hace 12 años, cuando el seleccionado argentino dio el primer golpe del Mundial francés, al derrotar al local en el Stade de France de París, en el partido inaugural.

Quiere decirles a sus compañeros que celebren, que es su momento, que nadie les regaló nada.Que a Jaguares le falta un solo paso para salir campeón del Super Rugby. Porque este viernes se clasificó por primera vez a una final histórica tras el inapelable 39 a 7 frente a Brumbies. En la madrugada del sábado se sabrá si enfrente estará Crusaders o Highlanders. Y todo a cuatro años del comienzo de una aventura hacia lo desconocido.

Fueron 39 minutos perfectos los primeros 39 del partido. Fueron 39 minutos soñados en los que Jaguares hizo lo que quiso frente a uno de los mejores equipos de la competencia. Fueron 39 minutos en los que las 31 mil personas que llegaron a Vélez -récord para la franquicia en su historia en el Super Rugby- se entusiasmaron pese al frío y a la llovizna. Fueron 39 minutos en los que cada uno de los 15 argentinos supo qué tenía que hacer con la pelota y sin ella.

Con la pelota, todos buscaron cuidarla y atacar en el momento justo. Y sin la pelota, el equipo de Gonzalo Quesada siguió atacando… pero con su defensa. Fue perfecto ese largo pasaje, entonces.

Con el try de Folau Fainga’a sobre el cierre de la etapa, hubo quienes creyeron en una recuperación (esperada, por cierto) del conjunto australiano, pero…

Con un 20-0 parcial producto de los tries de Tomás Cubelli (un error de comunicación increíble de Brumbies, una falla garrafal de Valetini y la viveza del medio scrum para apoyar a los 3 minutos) y Tomás Lavanini (penal, line, maul, primera puntada de Petti y segunda con el segunda línea lanzado a pura potencia y velocidad sobre el ingoal, a los 18) y la certera puntería de Joaquín Díaz Bonilla, autor de dos penales y dos conversiones en esos maravillosos 39 minutos.

A pesar de que en el inicio del complemento el scrum de Brumbies dominó y equilibró la batalla de los forwards, en la que Jaguares había sido superior con la obtención en el line (cinco pelotas robadas de esa formación), Jaguares volvió a golpear.

Primero con Matías Orlando en dos oportunidades, tras aprovechar una brillante cesión de Matías Moroni y un agujero que se le abrió en el centro de la defensa adversaria, respectivamente; y luego con Emiliano Boffelli, después de un pase del tucumano ante una recuperación notable de Montoya. Iban 37 minutos del segundo tiempo cuando el rosarino llegó al quinto try de su equipo. Y ya todo era una celebración en el José Amalfitani.

Y todo por las grandes virtudes que exhibió Jaguares. Hacía mucho tiempo que un equipo argentino no jugaba tan bien al rugby: hubo consistencia defensiva, concentración, adecuada toma de decisiones, intensidad y entrega, y un notable uso del pie que ya es una marca registrada del equipo.

Fue una noche soñada. Perfecta. Ideal. Mágica. Para seguir despertando ilusiones gigantes.

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