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Tras 25 años: La noche que Regatas volvió a ser campeón

Los jugadores vivieron una noche especial y recibieron el reconocimiento de todos. El rival estuvo más que a la altura y se vio un partidazo. Emoción y entretenimiento en una gran noche.

En aquellos tiempos, en 1993/94 costaba sacar una buena foto, porque no había cámaras fáciles, sólo para entendidos. No existía lo digital, ni casi que mucho menos internet que parecía que iba a desembarcar por aquí en forma definitiva, cosa que hizo después. Entonces, había que ir y acomodarse en ese “mar” de gente en el Gimnasio Municipal y hacer una linda foto para el Diario El Sol, provocando un primer impacto con la misma para adornar el texto. Por suerte, la mayoría eran fotos de festejos, de puños apretados por una victoria, algo que solía suceder muy seguido en ese lugar. Claro que también había que decir la verdad y publicar cuando había tristeza, cabezas gachas por alguna victoria que se había escapado.

Luego de 25 años es obvio que ha cambiado todo, y muchísimo. Ahora casi que cualquiera saca una buena foto con un celular, que cada vez vienen más inteligentes ya que hasta se les puede hablar para que tome la imagen en el momento justo o simplemente mover la mano para que lo haga. Increíble hace unos años atrás. Pero, paradójicamente, fue el único cambio que noté el viernes por la noche en el Gimnasio Municipal, porque el lugar estuvo abarrotado de gente como en aquellos años, y se vio un gran nivel de voleibol, también como otrora.

Sentado a un costado de la mesa de control, que tan bien comandó la “voleibolera” de alma Paola Díaz Vélez, miraba a los jugadores de Regatas Voley, ahora con 25 años más encima, y los veía igual de concentrados, con los dientes apretados, alentándose unos a otros diciendo en cada pelota “es ésta”, mordiéndose los labios de bronca por no llegar a una pelota y dejar escapar el punto, más bronca aún por no poder aprovechar uno de los tres match ball que tuvo. En los tiempos muertos pedidos se hablaba, se corregía. ¿Partido homenaje?, las pelotas, queremos ganar porque ese es nuestro espíritu, parecían decirnos telepáticamente.

Mirá si estos tremendos ganadores iban a querer perder ante toda esa gente y así poco menos que echar a perder una noche estupenda, o ponerle siquiera una manchita, eso jamás. Era a “matar o morir”, aunque ayer anduvieran todos doloridos, rengos, golpeados, pero seguramente felices por lo que vivieron y lo que sintieron. Casi como volver 25 años atrás y volver a ser esos “monstruos” que fueron para conseguir un ascenso siendo campeones y jugar una Liga A.

Ver que no se han perdido los liderazgos, como el de Alejandro Bordacahar, que armaba el equipo mucho antes siquiera que empiece el acto de inauguración. Que fue a hablar con Aníbal Challiol para que esté, porque fue una pata vital para que esto se realice, para que aquel ascenso se consumase. Pero fue el gran ausente el viernes. El que seguro habló con casi todos para no faltar, para ir a divertirse, pero también a poner todo. Y en ese liderazgo le siguen el “Chepa” Prat, “Fino” Sterki, “Chino” Humere y Franco Zanier, casi en ese mismo orden. Porque estuvieron y estarán hechos para esto, para jugar al voleibol y para entender lo que es el deporte, dentro y fuera de la cancha. Adentro unos leones y afuera unos señores, como siempre ha sido y será.

Ver los intactos “palazos” de “Coqui” Humere, quien era juvenil en aquella época. La suavidad, la delicadeza de Zanier para levantar, la “frescura” del “Ganga” Lezcano, que jugó un partidazo a sus cincuenta y pico de años como si fuera un pibe. El ver totalmente igual, como si no pasaron 25 años, a Fabián Moussa, aquel grandísimo jugador que también era uno de los jóvenes de aquel momento, y ver que su voleibol está intacto. “Chepa” Prat con ese saque “voladito” que es característico de siempre y su forma de arengar y parar al equipo en cancha.

El “Víbora” Edgardo Fernández haciendo honor a su apodo y llegando a todas con una simpleza enorme. A Miguelito León, que sigue con su voleibol intacto y de jugador pensante, y que también era un jovencito en aquel tiempo. Pablo Antoniutti jugó como si no hubiera dejado, y metió unos bloqueos y “palos” interesantes. El “Fino” Sterki juega como casi desinteresadamente, pero eso se llama concentración y era un león en cada pelota. Cornú, a pesar de estar pasadito en kilos, hizo un esfuerzo tremendo y esos kilos no le pesaron a la hora de ir a buscar una pelota al piso. Jugaba y mucho el orgullo, también.

Al “Huevo” Portaluri comprometiéndose en cada revolcón, en cada devolución, en cada corrida, como si fuera la última. Volviendo a Bordacahar, escuchar ese cerrado aplauso cuando ingresó a jugar, porque la gente también entiende que es un líder y un gran precursor de este deporte, y recibió ese premio merecido. Pero estos muchachos se conocen con la mirada, saben que hacer desde aquel 1994 y lo plasman en la cancha, ante el rival que sea. Y el rival del viernes fue tremendo. ¡¡Lo que jugaron esos muchachos!!.

Querían a toda costa “arruinar”, deportivamente claro, la fiesta de Regatas y se mandaron un partido que sorprendió a propios y extraños. Obligaron a sacar todo de sí a Regatas para pelear cada pelota, cada punto con todo. “¿Para homenajearnos nos trajeron a Tucumán de nuevo?”, podría haber sido una pregunta en medio del partido. Que digo partido, partidazo de voleibol con puntos largos, con bloqueos, con tiradas al piso temerarias, con todos los condimentos que podía tener para deleitar a la gente. Y los más jóvenes podían pensar: “si estos juegan así ahora, lo que habrán sido hace 25 años”. Y sí, tenían la derecha en ese razonamiento.

Se perdió el primer set 23-25 apretadísimo, pero donde se vio a un rival un poco mejor. Se ganó el segundo 25-23 y se notó la mejoría de Regatas, y se terminó ganando el set final 27-25 a puro coraje, punto a punto y poniendo ese “par” que todos conocen para aprovechar recién el tercer match ball que les dio el partido, y habían levantado en el segundo set uno en contra.

¿Ven?. No pasaron los años, terminamos haciendo casi la crónica del partido como si fuera uno actual, por los puntos. Como si estuviéramos en aquel 1994. Como si tuviéramos que poner uno de los ocurrentes títulos que le poníamos a cada triunfo, y que quedaron en la memoria de estos muchachos (“Un Tales Guimaraes”, “En casa de “Palito” fue “Palazo” de Regatas”, entre otros). Y ahora le ponemos uno serio, como amerita ese recuerdo, por la pasión y lo vivido el viernes: LA NOCHE QUE REGATAS VOLVIÓ A SER CAMPEÓN.

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