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Llegada triunfal de Echeverry y Silveira a Concordia

María Itatí Echeverry y Alejandro Silveira tuvieron ayer una gran bienvenida a nuestra ciudad. Volvieron como Medallistas Olímpicos y recibieron el cariño de todos. El Intendente les entregó Diplomas por su hazaña.

Una gran caravana los trajo desde El Martillo a la ciudad, donde recibieron una muestra inolvidable de cariño. El Intendente agasajó a ambos.

Llegaron. Sus rostros demostraban la ansiedad que tenían de compartir y abrazarse con todos ayer en nuestra ciudad. También denotaban el cansancio de tanto viaje, a pesar del descanso del viernes a la noche. Pero más grande aún y superándolo todo, tapándolo todo era la sonrisa, la inmensa alegría que los desbordaba y los miles de gritos y saludos que atendieron, casi sin darse cuenta, por estar metidos dentro de su sorpresa por la cantidad de gente que había ido a rendirles el tributo que les corresponde.

A las 16.00 horas en punto, María Itatí Echeverry y Alejandro Silveira llegaron en el vehículo del “Piojo” Silveira a El Martillo y los abrazos comenzaron a sucederse, las lágrimas también, y con el entusiasmo enorme de todos partió la gran caravana hacia la ciudad. Tránsito abría paso, la autobomba de Bomberos anunciaba a los Medallistas Olímpicos con su sirena y la gente que salía a la calle a saludar.

A las 16.37 la camioneta que los traía pisó calle Urquiza y pareció como que todo se potenció, porque ellos se sintieron más cerca de todos y se soltaron, los que los esperaban comenzaron a sentir latir más fuerte sus corazones, y disparaban fotos desde celulares y cámaras. La Bandera Argentina que ambos tenían iba de un lado a otro, la de CAFESG también y las medallas brillaban como nunca en una tarde soleada. Eran Tati y Ale, y su alegría, sus medallas, su historia con el impresionante logro conseguido en Abu Dhabi, que realmente sacudió al mundo deportivo.

Dos seres sumamente queridos que ayer necesitaban sentir el abrazo de los suyos, de los más cercanos, de su familia, de los compañeros que quedaron acá y de todos, porque todos los saludaron con un particular aprecio, y sabiendo muy bien, y con detalles, lo que habían conseguido. Los mayores se secaban las lágrimas, por ese orgullo de que no la vean caer en sus mejillas, y otros directamente no disimulaban porque su emoción podía realmente más. Era lo que necesitaban, sin duda, porque parecía que Tati y Ale se “cargaban” con cada abrazo, sentían más fuerza, pero también iban cayendo cada vez más respecto a lo que consiguieron, aunque no del todo, claro.

Luego de “mil” abrazos, gritos de sus compañeros y demás, apareció el Intendente Enrique Cresto, quien les entregó sendos Diplomas, charló con ellos, los felicitó, hablaron juntos para los medios y luego dio un paso al costado, dejándoles, lógicamente, el protagonismo a los Olímpicos quienes no paraban. Una voz, o quizá más voces, les pidieron que vuelvan a subir a la camioneta. Esperaba el Club Alumni, con Batucada, y el final en AIADRES. Faltaba más cariño por cosechar, más abrazos por dar aunque, como ya dijimos, todo es poco para reconocer lo que han hecho, lo que son.

Tal vez anoche, si quedaba resto físico, ya se iban a dar una vueltita por el Ideal para tomar y comer algo, escuchar música, porque aman esa rutina. Y si iban, claro, también iban a cosechar más cariño. Y lo que les falta todavía, porque sencillamente se lo merecen.

Tal vez hoy, cuando se levanten luego de reencontrarse con su cama, ambos se miren al espejo y vean otra vez, en cinco segundos, toda la película de lo que pasó en diez días. Y, seguro, no se quedarán con el brillo de las medallas, sino con el cariño que recibieron, el que les llenó el alma, el que va a perdurar a través del tiempo. El que los hace sentir, ni más ni menos, cada día más queridos. Después tendrán tiempo para darse cuenta, verdaderamente, de que entraron en la historia.

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