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Dari Sers cumplió 41 años

La empresa familiar del matrimonio de Zulema Voscoboinik y Gregorio Slavkin cumplió 41 años ininterrumpidos de actividad comercial. En diálogo con EL SOL definieron que el esfuerzo, el sacrificio y la unidad familiar, fueron las claves para mantenerse en el tiempo y crecer.

“Pasamos muchas crisis y ésta va a pasar también”, dice Zulema con optimismo y agrega: “cuando las cosas están bien no hay que volar, hay que ser austeros para mantenerse”. Así, con humildad, empiezan a contarnos las vivencias este domingo mientras el local está abierto en la lluviosa mañana.

El matrimonio cuenta que comenzaron en un garaje, allá por 1978, en calle Colón y Salta, en el barrio Lezca, “durante la noche corríamos el mostrador para entrar el autito que teníamos, la inversión era de 100 pesos, era lo que había para comprar golosinas y cigarrillos, compraba telas y cosía ropas, tenía 30 años, primero fuí empleada en Brener, después en Talerman y, los últimos cinco años, en Pío Vallilengua, guardo buenos recuerdos de todos mis empleadores. Gregorio fue ferroviario y el sueldo era poco para mantener a la familia, por eso empezamos el negocio”.

Parte del mobiliario que actualmente tiene el comercio de calle Entre Ríos perteneció a tiendas emblemáticas de Concordia que ya no están como “Blanco y Negro Funcional” o “Casa Rosa”. A medida que fueron creciendo se arrimaban al centro de la ciudad, primero fue en Entre Ríos y Güemes y, después, sobre calle San Martín. “Llegamos a tener tres locales en la Peatonal, durante 15 años, y por la edad misma nos recluimos acá, donde tenemos nuestra casa”.

Cuando les preguntan sobre el rubro del comercio, ellos responden: “de todo menos comestibles, esa es la respuesta”. Como una constante para progresar, el matrimonio fundo bases en la unidad familiar y el sacrificio. Gregorio cuando salía del ferrocarril, vendía gas y hacía instalaciones, todo para ayudar al negocio.

Para ellos, la relación con el público y la atención es fundamental, “pese a la situación, en estos días de venta colegial, la gente nos sigue respondiendo como siempre y tratamos de darle los mejores precios y una atención cordial, las chicas que trabajan saben que al sueldo no se los paga el patrón, se los paga el cliente conforme”.

El nombre del comercio proviene de los hijos de Zulema y Gregorio, “ellos se acostumbraron a trabajar y nunca cotizaron su trabajo, solo lo que necesitaban, de allí proviene el nombre, Darío el hijo segundo, Sergio el mayor y el más chico por el apellido Slavkin”.

Sobre la situación actual del país y la ciudad, opinaron que hay que tener paciencia y esforzarse, “tenemos que salir adelante, es un país muy rico pero hay que trabajar y no está conceptuado en la mentalidad de nuestra gente, nosotros viajamos mucho y vemos en otros países la limpieza, el respeto y la cultura del trabajo, estuvimos en Japón y en una superficie de 2×2 tienen plantado arroz, acá tenemos mucha tierra y no plantamos una semilla de zapallo que crece sola, veo que si se trabaja y hay esmero, se puede salir adelante”.

Por último, recordaron como anécdota de un viaje que hicieron hace tres años, en automóvil con otro concordiense, Leopoldo Wildau y su señora, llegaron hasta Nueva York donde desplegaron la bandera del popular negocio en el puente de Brooklyn. “Salimos de acá, desde calle Entre Ríos, con la bandera de Dari Sers, en abril del 2015 y llegamos en auto, el viaje duro bastante tiempo y llegamos a la sinagoga principal en Estados Unidos, esa era nuestra meta, cruzamos 13 países”.

Con 80 y 76 años respectivamente, ambos están agradecidos con la ciudad y anhelan lo mejor para Concordia y su gente.

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