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La mitad de la industria argentina está paralizada

El dato difundido por el Instituto Nacional de Estadística y Censos da cuenta de los estragos de la política económica de la alianza gobernante. En el caso de la industria automotriz la caída llega al 15,7 por ciento. La secunda el sector textil, con una utilización del 31,4 por ciento de sus recursos. La caída del consumo, las elevadas tasas de interés y la apertura de las importaciones explican el fenómeno.

La utilización de la capacidad instalada en la industria manufacturera se ubicó en enero en apenas un 56,2 por ciento, informó el Indec. Esto implica que la producción industrial podría atenderse prácticamente con la mitad de las plantas, máquinas y personal actuales. Es el dato más bajo de la serie de diez años que publica el Indec en su página web.

En enero, los peores niveles de utilización se registraron en el sector automotor, textil, metalmecánica y caucho y plástico. Como las empresas no venden por el desplome del poder adquisitivo, no tienen incentivos para fabricar y en cambio se concentran en liquidar los stocks acumulados. El reordenamiento y achicamiento del esquema de trabajo en las plantas, que afecta a microemprendimientos y a pequeñas, medianas y grandes empresas, redunda en la política de despidos y suspensiones masivas de personal que se anuncian a diario y, en los rubros más comprometidos, quiebra y cierre de empresas.

El modelo económico de Cambiemos ataca a la industria nacional desde varios flancos. En primer lugar, la contención salarial frente a la inflación deprime el poder adquisitivo de los trabajadores y de toda la población en general, con el consiguiente impacto negativo en el consumo. Según los últimos datos de la CAME, en febrero las ventas minoristas medidas en cantidades tuvieron una caída del 11,9 por ciento frente al mismo mes del año pasado, y cerraron el 2018 con una merma acumulada del 6,9 por ciento.

Junto con la baja del consumo, las altas tasas de interés vuelven atractiva cualquier tipo de opción financiera en contraposición con la actividad productiva, al tiempo que encarecieron los préstamos para capital de trabajo y para cambiar cheques. En tercer lugar, el Gobierno liberó restricciones para importar, lo cual redujo aún más el mercado interno disponible para la industria local, y la política tarifaria elevó costos fijos.

El sector automotor registró un grado de utilización de la capacidad instalada del 15,7 por ciento, lo cual aumenta las suspensiones generalizadas que están llevando a la práctica casi todas las terminales instaladas. Entre los rubros de peor desempeño le sigue el textil, con una utilización del 31,4 por ciento. Los empresarios del sector advierten que en realidad ese dato es optimista, porque en los últimos años se produjo el cierre de muchas empresas que, en consecuencia, dejaron de contar como capacidad ociosa y mejoraron el indicador de utilización.

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