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Maratón de Reyes: 40 años festejados a toda orquesta

Se merecía la Maratón de Reyes terminar así como lo hizo el sábado. Por esos 40 años que merecían ser festejados de la manera que se lo hizo. ¿Y cómo lo hizo?, de manera brillante, con elogios por todos lados y casi sin fisuras. Si las hubo, se corregirán como lo ha venido haciendo este grupo de trabajo que ya lleva más de una década involucrándose con esta gran cita de los concordienses.

Fue quizá una de las mejores ediciones de la historia, por todo lo que encerró. Si hasta el ganador tuvo de distinto, dando uno de esos golpes de escena que despertó el asombro de todos, pero también la ovación y el reconocimiento. El clima acompañó como pocas veces y todos dijeron que se sintieron muy cómodos con la hora de largada y con la temperatura, que claramente este año jugó a favor.

Entonces, con esa gran preocupación menos, todo fue una fiesta, como debía ser, como estaba pensada, porque no era una carrera más. Y hablar de la organización es hablar de gente idónea, que sabe qué hacer y cómo hacerlo. Trabajó desde hace mucho tiempo en todo, justamente para no quedar estancado en ningún tema y si aparecían inconvenientes, tener tiempo para superarlos.

Pero todo anduvo de maravillas, al tiempo que Marcelo Cresto, uno de los principales responsables del grupo organizativo, dijo “llegamos holgados con la organización. No es soberbia, sino verdad y ello se vio reflejado en la carrera, donde todos cumplieron su rol a la perfección, y eso es más que valorable. No por nosotros, sino por la gente, por el pueblo, que siempre exige en esta prueba y hay que estar a la altura”.

Los atletas valoraron los puestos de agua, y ese vital elemento había de sobra. Siempre se comenta que en otras carreras no hay tantos puestos, no se hidrata convenientemente al participante, y aquí se le da prioridad en ese sentido. Con quienes estuvimos nos comentaron que se sintieron muy cómodos con la carrera, y es algo que vimos desde muy temprano, allá por las 18 horas, cuando ya este cronista estaba en el predio y veía las caras de satisfacción, mezcladas con ansiedad, pero lejos de aquellas preocupaciones de temperatura de otros tiempos.

Las palmas de todos antes de la largada denotaban que querían largar ya, sí, pero también demostraban la alegría de estar allí a punto de “explotar” en busca de los 10 kilómetros. Y lo mismo ocurrió en Plaza España con los 5 kilómetros. Allí se vivió, quizá, el momento más emblemático de la Maratón de Reyes, porque allí en la vereda, mezclándose entre los demás, estaba el gran padre de esta criatura, Juan Diego López, que lejos de los flashes y los elogios siempre prefiere el perfil bajo y ver “su” carrera, la que hizo nacer allá por el 5 de enero de 1980.

Por supuesto que quienes lo reconocían lo saludaban y él amablemente correspondía, porque es obvio que fue criado con ese respeto, y también con muchísima humildad. Todos se emocionaron al verlo, Lolo Alani en la locución lo destacó una y mil veces, y aunque merece holgadamente estar, al menos, largando la carrera mayor, el prefiere casi el anonimato. Pero es algo que nunca tendrá, porque su nombre está atado para siempre a la Maratón de Reyes. Y todos los años se le dirá GRACIAS así con mayúsculas, aunque no alcance.

La carrera de los Mayores se largó sumamente puntual. Primero, dos minutos y medio antes de las 20, largaron los Especiales, que siempre pregonan con ese ejemplo realmente notable que nos brindan, y que suma absolutamente a todos. Una energía y predisposición notables, contagiosa al extremo.

A las 20, y luego del conteo desde los 30 segundos finales de Tito Merini, se movieron las dos mangas, ocupando toda la Avenida San Lorenzo. Por la de la izquierda, y en contramano, digamos, Federico Bruno era quien tomaba la delantera y muy escondido, casi como agazapado, largó Julián Molina, a quien casi nadie tenía en “carpeta”.

Solo Enrique Rodríguez, de Deportes Villa Adela, quien viaja mucho por todo el país, nos dijo el viernes en la conferencia “ahí llegó Julián Molina, que me parece es uno de los candidatos a pelear la carrera”,  y por su comentario lo sentaron en la mesa principal, aunque también aportó conocimiento Marcelo Flores, quien lo invitó. De paso, también hay que decir que Marcelo Flores no sale casi en ninguna foto, pero es uno de los artífices en el trabajo diario y más aún durante la carrera. Incansable, como en su época de atleta.

La gente acompañó mucho en la llegada, pero más que nada todos quisieron ganar su lugar en las tribunas, que estaban repletas, cual si estuvieran esperando el desfile de Comparsas, más que el final de Reyes. Hubo familias enteras que aplaudieron a todos y más al ganador y a los nuestros, reconociéndoles el esfuerzo y el estar presentes defendiendo por Concordia a esta prueba.

La prueba de 3 kilómetros debutó con éxito, aunque hubo algunas críticas constructivas a la falta de bebida isotónica en la llegada para recuperar, sobre todo a la gente mayor que caminó ese trecho, y también cobertura periodística para no quedar tan olvidados en la zona de largada. Pero se pulirá, porque siempre de una primera experiencia se aprende mucho y se esperaban errores para perfeccionar la prueba.

Hubo muchísima gente conocida, como Alcides Almirón, el primer ganador de Concordia que tuvo la prueba en 1981 que andaba mirando, y envidiando sanamente a los que participaban de la prueba. Un grande, sin duda. Y así otros de otras localidades, porque vino gente de todos lados, y muchos desde el Uruguay y Brasil, que ya son habitué a esta gran cita atlética.

Un tema puntual que tuvo también elogios fue la llegada, que ahora sí fue limpia y todos pudieron captar los momentos culminantes. Los fotógrafos oficiales de la Municipalidad sacaron fotos estupendas, que inmediatamente repartieron, amén de que igualmente los distintos medios pudieron trabajar y sacar sus fotos. Incluso, fue tan limpia la llegada que cuando llega Julián Molina se alcanza a divisar en el fondo a Federico Bruno entrando al Corsódromo, y así calcular bien la distancia en metros que le había sacado.

La carrera en sí fue excepcional, porque se pasaron muchas veces entre los protagonistas y hasta que Molina decidió hacer el cambio de ritmo en ese kilómetro 7, más tirando al 8, nada se sabía de lo que iba pasar.

Y pasó que le cortaron la serie de victorias a Federico Bruno, un notable invicto en pruebas de calle de muchos años, pero también bienvenido sea para la salud de la prueba, porque se encuentra a otro ganador, joven también, que por momentos se mostró dolido por arruinarle la fiesta a Bruno y la gente, pero es obvio que como gran profesional hizo lo que tenía que hacer, y vaya si tuvo resto para hacerlo. Un gran atleta que esperemos el año que viene podamos tenerlo otra vez para reeditar esta lucha con Fede.

En otro orden, la sanidad ayer tuvo poco trabajo, y solamente se aceleró un poco todo en la zona de llegada. De todas maneras, había mucha gente atenta allí, y cuando un atleta se agachaba nomás luego de cruzar la meta, ya lo asistían inmediatamente para preguntarle cómo estaba y acompañarlo. Incluso, Molina cuando cruzó la meta se tiró al piso y todos pensamos que era descompostura por el esfuerzo, pero era de felicidad nomás y hasta se dio el lujo de apagar el cronómetro estando acostado, mientras entre la sanidad y cámaras de fotos lo rodearon.

El periodismo que siguió la prueba también dio su gran visto bueno para el transporte que tuvo, primero, porque fue excelente en cuanto a ubicación y el timming que exhibió para que ellos no se perdieran nada. Y también porque fueron viendo todo y elogiaron a la organización, y por supuesto a la enorme cantidad de gente en el recorrido.

Muchos medios, incluso de otras provincias, siempre vienen a registrar sus imágenes y se llevaron la mejor impresión el sábado, sin duda.

En lo personal, agradecer a la organización la oportunidad de estar bien adentro de la prueba y poder sentir todo de primera mano. Poder estar cerca y palpitar con los participantes esta emblemática competencia.

Y por supuesto que todo fue emoción, porque la prueba me envuelve de tal manera que te atrapa, te mete dentro de esa hermosa vorágine y en el final no queda otra que sentir satisfacción. Gracias a la organización por confiar en este trabajo de conducir, de estar junto a la gente, junto a un súper profesional como Tito Merini y poder disfrutar de semejante acontecimiento.

A la organización también felicitarla por el trabajo, porque sabemos que lo hacen de corazón, que ponen todo y que todavía quieren mucho más para esta prueba. “Vamos por más”, dijo el Intendente Enrique Cresto en conferencia, y por supuesto que sus compañeros recogieron el guante y estamos seguros que a mitad de año ya estarán otra vez encima armando la edición número cuarenta y uno. La Maratón de Reyes está más viva que nunca.

 

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