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River festejó en una fiesta «Monumental»

El plantel llegó al país y tuvo su homenaje en un estadio repleto. Gallardo, el más ovacionado, dijo “ganamos la final soñada”.

Pasó mucho tiempo para que el plantel de River se reencuentre con su gente. Fue un periplo que llevó muchos días, más de los esperados. Desde aquella primera final en la Bombonera pasaron más de 40 días, y los tuvo a todos afuera, porque aquella súper final se jugó en España, en el Santiago Bernabéu, un lugar inédito para una Final de Copa Libertadores. Muchísimo pasó en el medio, haciendo la final más larga de la historia. Pero también ahora la que más se disfruta.

El Mundial de Clubes, el podio y el regreso a nuestro país, y el mismo fue soñado, o tal vez no, porque la gente sobrepasó todo lo que se podía imaginar siguiendo al micro desde que salió de Ezeiza  y llegó el Monumental, donde desde temprano la gente empezó su fiesta, la que merecía luego de tanto tiempo.

De a poco, el estadio se fue llenando hasta llegar a completarse y así darle el marco lógico a una jornada sencillamente inolvidable para los hinchas de River. Los jugadores, dirigentes, cuerpo técnico, sentían esa deuda de compartir con su gente este logro magnífico, “el triunfo más importante en la historia”, porque fue ante el más acérrimo rival, y porque significó ganar la cuarta Copa Libertadores.

Además, porque fue en uno de los estadios más importantes del mundo, el Santiago Bernabéu, y ante los ojos del mundo que poco menos que se paralizó para esta gran final en Europa. Ante grandes jugadores y el mejor del mundo, Lionel Messi, que se acercó a verlo en vivo. ¿Habrá festejado?, se preguntaban, porque ya más de uno afirma que el mejor de todos es hincha de River.

Toda esa “vuelta” que dio la final tuvo que esperar el hincha que se quedó aquí, que no pudo pagar su pasaje para viajar tan lejos y la disfrutó por televisión, pero con el mismo fervor como si hubiese estado en la cancha. Y la fiesta siguió y seguirá, porque no tiene final justamente, porque fue el mejor partido de todos, la final más deseada, la que se quería ganar sí o sí, y será eterna, inolvidable por los siglos de los siglos.

Ayer, cerca de las 8 de la tarde-noche el micro ingresó al Monumental y la temperatura empezó a subir, empezó a sentirse el clima que los jugadores querían ver y escuchar. Se encerraron, para cambiarse, en la Concentración del Monumental, mientras la que gente ya los sentía ahí adentro y comenzaba a cantar cada vez más fuerte.

Una media hora después, la fiesta comenzó a brillar en todo su esplendor. Alfombra roja, luces, fuegos de artificio fueron el marco para recibir a los jugadores uno a uno, con ovaciones interminables. Claro, las más grandes fueron para Leonardo Ponzio y para el gran Marcelo Gallardo, quien entró portando la Copa Libertadores, nada menos.

El entrenador de River recibió un aplauso y ovación que recorrió el país, por lo sentida, muchos con lágrimas en los ojos y él con una cara de felicidad que quizá nunca la tuvo, aun disfrutando cosas desde chico. Seguro que esto lo superó y nada superará a esa cara de felicidad al ver a toda la gente corear su sobrenombre “Muñeeeeeeeco, Muñeeeeeeeco…”, que como reguero de pólvora recorrió el país y en sus casas también lo cantaron quienes lo miraban por televisión.

Habló Ponzio, celebró esta obtención y la magnificó como corresponde. Pero luego tuvo la palabra Gallardo, y como si fuera una charla técnica ante su plantel, que también estaba ahí, a su lado, se hizo un silencio absoluto para escucharlo.

“Quiero agradecerles a todos por estar acá, por bancarnos, por darme tanto cariño a lo largo de estos tres años, por aguantarse todo lo que se aguantaron y por esperarnos. Estamos orgullosos por lo conseguido por este plantel de grandes jugadores, pero de excelentes personas también, que me toca dirigir con mi cuerpo técnico, a quien también le agradezco. Gracias a Rodolfo D´Onofrio por confiar en mí, a Enzo Francescoli. Hemos ganado la Final más soñada del mundo”, cerró Gallardo y el estadio estalló como en el mejor gol que se haya vivido en el Monumental.

Como si a la gente le hubiera vuelto a la memoria el gol del “Pity” Martínez en el Bernabéu. Y lo más importante que escuchó la gente de boca de Gallardo fue ese “vamos por más, como siempre, para seguir dejando a River en lo más alto”, que el entrenador le dijo a toda su gente.

Luego fue el tiempo de subirse al micro especialmente acondicionado para dar la vuelta olímpica y recibir el cariño de toda la gente que copó el estadio. Con bombos y platillos, que ejecutaron los mismos jugadores, lo más “jodones” del plantel. Entre ellos también estaban los juveniles, a quienes se les notaba la incredulidad por “no saber” lo que estaban viviendo, al menos no magnificar eso que les sucedía. Seguramente ya van a “caer”, como lo hará el plantel entero por la historia que han escrito con letras muy grandes.

Para el final, “la frutilla del postre” fue la recreación del tercer gol de River en el Bernabéu, y esa inolvidable corrida del “Pity” Martínez que quedará para siempre en la historia, de la copa, del fútbol y de los hinchas de River. Sergio Goycochea, quien condujo para Fox con Alina Moine, le tiró la pelota y el “Pity” corrió entre muchos chiquitos, hijos de los jugadores, llegó hasta el área y permitió que uno de los pibes la empujara al gol, para la ovación de todo el estadio.

La copa estaba posando justamente cual arquero en la raya de ese arco y los jugadores se tiraron hacia ella y continuaron con el festejo. Un festejo que llegaba a su fin, de acuerdo a lo programado por la gente de River, pero que continuó por horas. Como si el partido final ante Boca hubiera terminado hace un rato nomás.

Si hasta el Obelisco, en Buenos Aires, tenía a un gran grupo de hinchas festejando, como si todo hubiera sido ayer mismo. El Monumental despedía fuego, por los fuegos artificiales que iluminaron la ciudad toda y esos estruendos daban a conocer que allí estaba el Campeón. La gente seguía con el festejo, dando a entender que no se va a terminar nunca más, que va a seguir para toda la vida.

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