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El forense “sospecha” abuso sexual: Se conocieron más detalles del espeluznante crimen de un niño en Uruguay

El forense “sospecha” abuso sexual. El menor tenía un brazo fracturado y fuertes golpes en la cabeza. “Vamos a recoger piñas”, habría sido la invitación del adolescente de 16 años a Nahuel en la mañana del viernes. Al día siguiente el asesino orientó a los policías dónde había dejado el cuerpo. Este domingo hubo enfrentamientos entre familiares de la víctima y el homicida, acompañado de una fuerte protesta de vecinos frente al juzgado

Según revela el diario El País, un funcionario judicial, con 37 años de experiencia en juzgados penales de Montevideo y Canelones, dijo que nunca había visto un asesinato tan horrendo.

La autopsia reveló que Inti Nahuel Lois, de ocho años, fue muerto a golpes en la cabeza presuntamente con una piedra o una pala, tenía un brazo fracturado y casi desmembrado. La autopsia indicó que hay “sospechas de abuso sexual”, dijo la fiscal del caso, Darviña Viera.

El cuerpo fue encontrado en Pinamar Norte, en una zona boscosa y cerca de una cañada, a cinco kilómetros de la casa del menor en Neptunia Norte.

A un adolescente de 16 años, que vive a pocas cuadras de la casa de Nahuel, se le inició este domingo una formalización de la investigación en base a dos evidencias: muchos testimonios de testigos y pericias forenses.

Hay testigos que señalaron a la fiscal Viera que vieron como el adolescente interceptó al niño en Neptunia Norte. Otros vecinos, de Pinamar Norte, relataron que vieron al sospechoso salir de la zona boscosa mojado hasta la cintura y dos bicicletas al hombro: una era de su propiedad y la otra la de Nahuel.

CRÓNICA DE LAS ÚLTIMAS HORAS CON VIDA DEL NIÑO

A las 10:30 horas del viernes 21, Nahuel se encontraba en su vivienda humilde pero de material. Hacía apenas dos meses que la familia, compuesta por su madre, el padrastro y otras dos hermanas pequeñas, se instalaron en Neptunia Norte.

Nahuel subió a su bicicleta modelo Jazz, despintada. Tomó calle Los Teros. A unos cincuenta metros de su casa, dobló por Tabaré y transitó las dos cuadras que lo separaban del “almacén de Ana”, un pequeño comercio muy bien surtido, situado en Tabaré y Zorzal.

Ana, la comerciante, dijo a El País que no recordaba haber visto a Nahuel la mañana del viernes 21. “Él venía a menudo a comprar acá”, señaló.

Otros testigos declararon ante la fiscal Viera que el adolescente y el niño conversaron en la calle, frente al comercio. “Vamos a recoger piñas”, invitó el adolescente a Nahuel.

Al mediodía de ese viernes, la madre de Nahuel trabajaba en un residencial de la zona. Le dijeron que el niño había desaparecido. La madre dio instrucciones para que buscaran en tres o cuatro casas de la zona donde el niño acostumbraba a jugar con otros chico.

A las 15:00 horas, la madre concurrió a la seccional de Salinas a realizar la denuncia de la desaparición del menor. En ese momento, comenzó la búsqueda. La Policía y otros vecinos recorrieron infructuosamente los campos de Neptunia Norte.

Al día siguiente, sábado 22, la Policía ya contaba con alguna pista sobre el autor de la desaparición del menor pero no avisó a la familia. “A las 11:00 horas del sábado pasado la Policía ya sabía quién era. Pero temían que si daban la información, el adolescente podía ser capturado y linchado por los vecinos”, dijo un allegado a la familia de Nahuel.

Uno de los que ayudaba a los vecinos en la búsqueda de Nuhuel era el adolescente hoy acusado por la Fiscalía. El padre del joven, Carlos G., quien trabaja en un programa del Ministerio de Desarrollo Social (Mides), también participó, sin saber que su propio hijo era el causante de la desaparición.

A las 16:00 horas de ese sábado, el adolescente se dirigió a la casa de Nahuel. En ese momento allí estaba el padre del menor cuidando a las dos niñas. La madre y el padrastro de Nahuel habían concurrido a la comisaría. El adolescente dijo al padre que tenía la bicicleta de Nahuel porque se la había comprado.

Éste llamó a su exposa y le trasmitió que en la casa se encontraba un adolescente que decía haber comprado la bicicleta a Nahuel. La madre respondió que eso no era real e informó a la Policía.

SOSPECHA Y DETENCIÓN

En ese momento, varios patrulleros circulaban por las calles de Neptunia Norte buscando al adolescente. Uno de ellos se acercó al sospechoso. Dos agentes lo detuvieron.

La Policía no informó a nadie que el adolescente había sido capturado. En esferas policiales querían evitar un desborde de vecinos enardecidos.

A las 17:30 horas de ese sábado, se desató un diluvio en Neptunia Norte y en otras zonas del sur del país. Los vecinos, obligados por el clima, retornaron a sus casas.

Cuarenta minutos más tarde, más de 10 patrulleros y móviles de la Fiscalía de Pando ingresaron en una zona boscosa de Pinamar Norte. En un ex-tambo y a unos 300 metros de un camino vecinal, el adolescente mostró el lugar donde se encontraba el cuerpo de Nahuel.

FAMILIAS FRENTE A FRENTE: GRITOS E INSULTOS

Poco después de la formalización, las familias del adolescente y de Nahuel se encontraron frente al Juzgado Penal, lo cual generó un incidente con mucha tensión y elevada carga emotiva.

El padre del niño, Fabricio Lois, vio que familiares del acusado hablaban con la prensa y supuso que defendían al adolescente. “¿Vos sos la madre de la rata que mató a mi hijo? Lo acabo de enterrar”, gritó Lois e intentó acercarse a la pareja furioso, pero varios allegados de la familia lo apartaron. “Fijate al animal que trajiste al mundo y criaste”, gritó otro familiar de Nahuel a la madre del acusado.

La mujer replicó señalando que ella y su pareja desaprobaban el crimen cometido por su hijo. “Yo no lo tapé”, expresó. Para evitar que el incidente terminara a golpes, la Policía condujo a los padres del adolescente hacia el interior del juzgado y la situación se calmó en forma momentánea.

LA IRA DE LOS VECINOS FRENTE AL JUZGADO

Cerca de las 17:00 horas de ayer, unos 60 vecinos se agruparon frente al Juzgado. Cuatro policías de choque con escudo custodiaban el lugar. Otros efectivos se ubicaron frente al garaje del juzgado.

Cuando un patrullero ingresó al garaje, los uniformados debieron formar un anillo protector alrededor del vehículo. Cuando el móvil cruzó la vereda, fue rodeado por los vecinos y la custodia no aguantó la embestida. Varios vecinos golpearon los vidrios mientras insultaban al acusado. Un mate voló e impactó en el parabrisas trasero del patrullero que se alejó a toda velocidad.

UNA FAMILIA SACUDIDA POR UNA TRAGEDIA

La familia de Nahuel Lois llegó hace dos meses a Neptunia Norte. Se alojaron en una pequeña casa de material ubicada sobre la calle Los Teros esquina Tabaré. La madre de Nahuel trabaja en un residencial de la zona. El padrasto del niño es empleado.

Según vecinos consultados por El País, el niño rara vez andaba solo. Siempre lo acompañaba una hermana algo mayor y la otra más chica. También acostumbraban a hacer los mandados con otros niños del barrio. “La zona era muy tranquila hasta que pasó esto”, dijo un vecino.

Otra vecina, Verónica García, expresó que vio a Nahuel antes de desaparecer a las 10:10 horas de ese viernes. “El estaba solo y andaba a pie. Como le tenía miedo a mi perro, me pidió: ‘vecina, se anima a agarrar el perro así puedo pasar?”. Verónica le respondió: “Pasá tranquilo, que está atado”. Luego ingresó a la casa. Horas después, Verónica supo que el niño era buscado por su familia.

LOS PADRES DEL ACUSADO

Carlos y Sonia, padres del adolescente acusado, residen casi al final de una calle de Neptunia Norte, donde comienza el campo. Luego de escuchar detalles del asesinato por personal de la Fiscalía, Carlos, con lágrimas en los ojos, el padre dijo a la prensa: “Es mi hijo y me duele. Pero esas cosas no se hacen a un ser humano”.

Sonia le pidió disculpas a la madre de Nahuel. “No sé cómo mirar a la pobre mujer; es horrible lo que ocurrió”. Y agregó que no quiso ver a su hijo en el Juzgado.Negó que su hijo fuera adicto a las drogas. “Dejó el estudio”, añadió.

Además expresó que el adolescente estuvo bajo tratamiento de psiquiatras y psicólogos y tomó medicación durante años, “pero nunca le dieron un diagnóstico”.

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