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Francia venció a Bélgica y es el primer finalista del Mundial

Francia le ganó a Bélgica 1 a 0 en una semifinal emotiva e irá por su segundo título. Su rival saldrá del partido entre Croacia e Inglaterra que se enfrentan desde las 15.00 horas.

Además de la magia de Mbappé y Griezmann, tiene un arquero que saca las que van adentro, dos centrales de acero y un medio que muerde y juega.

Esas banderas rojas, blancas y azules celebran allá a la izquierda, detrás del arco donde se desató el nudo del partido igual que contra Uruguay, con una fórmula de este Mundial: una jugada con pelota detenida, vía por la que arribaron 70 de los 158 goles gritados en esta aventura rusa. Vaya si tienen para gozar esos locos “blues”. A esas sensaciones imposibles de olvidar las disparó una selección como Francia que primero es un equipo de verdad, calculador al extremo si la realidad lo impone, y que luego es la sensualidad y la electricidad que transmiten algunos de esos seres especialistas en cautivar, como Griezmann y Mbappé.

Al primer finalista de esta Copa del Mundo también se lo comprende por un arquero que resuelve situaciones complicadas, por dos centrales de acero y por un combatiente inteligente como Kanté que disimula cualquier imperfección en la mitad de la cancha. Y en un partido equilibrado es capaz de romper un resultado a partir de un córner. Luego, soporta a un rival con recursos ofensivos como Bélgica sin sufrir demasiado y resignando la posesión al punto de conformarse sólo con ostentar un 40% en ese rubro. Es cierto que tal vez se le debería exigir otro protagonismo. Sin embargo, no es menos real que de todo lo que obsequia Francia se necesita para protagonizar en el fútbol universal. Ahora va por la corona.

Como corresponde a selecciones con pretensiones máximas, buscando nada menos que la final de un Mundial, resultaron estratégicas Francia y Bélgica para neutralizar y exhibieron señales dulces para lastimar. El problema del primer tiempo fue que ninguno de los dos logró soltarse del todo. No por mezquindades propias, sino por trabas ajenas. Se trató de un partido, al cabo, con múltiples sensaciones. Por momentos, parecía que explotaba uno. De a ratos, otro. También, claro, reflexionaban sabiendo que no debían desequilibrarse porque para cualquiera de los dos podía ser fatal. Al cabo, a la altura estaban Francia y Bélgica.

Roberto Martínez para bloquear el funcionamiento francés mandó a Fellaini encima de Pogba. El plan concluyó siendo positivo. Los circuitos “blues” en la mitad de la cancha no fluyeron como otras veces. Desde ese lugar, Bélgica manipuló el desarrollo en los 25 minutos iniciales y acumuló méritos como para romper el cero a cero.

Todo lo provocaba Hazard con esas fantasías que dibujaba por la banda izquierda, a puro amague, freno y velocidad, con enganches hacia dentro intentando encontrar el perfil ideal para el remate, como ese derechazo que desvió con la cabeza Varane cuando Lloris parecía sin espacio para la reacción. Eso sí, al del Chelsea le faltaba dialogar más con De Bruyne. Es que el del Manchester City no se conectó con asiduidad. Cuando ellos dialogaron, De Bruyne lo habilitó a Hazard y su zurdazo salió apenas desviado. También Bélgica pudo haber gritado tras un corner y un giro de Alderweireld que impulsó una volada de Lloris típica de arquero campeón.

Cuando Griezmann empezó a hallar posición y pelota detrás de los volantes de contención de Bélgica se generó lo mejor de Francia. Ahí Mbappé comenzó a ejercer su influencia, no tanto volando en velocidad sino asociándose, como en ese pase que dejó solo a Pavard y que desvió Courtois. El lateral derecho francés en esa porción marcó tendencia con sus proyecciones también tirándole un buen centro a Giroud para un cabezazo que pasó cerca.

Fue Griezmann con su zurda, además, el ejecutante exacto del corner que Umtiti cabeceó en el primer palo con su 1,83 de estatura a la felicidad francesa arrasando con Fellaini (1,94). Se trató del momento que quebró al desarrollo calculado. Es que Roberto Martínez no dudó: adentro Mertens para agregar condimento ofensivo por un contención como Moussa Dembele.

Bélgica presionaba con el electrizante Hazard tratando de tejer por el medio junto al impreciso De Bruyne para ver si entre ambos podían atravesar al infranqueable Kanté. Aceleraba Mertens por la derecha e inquietaba con aceleración y con centros como el que Fellaini cabeceó muy cerquita de un palo. Y estaba Francia en el escenario soñado: ganando y con espacios para su flecha Mbappé, quien con un taco delicioso puso mano a mano a Giroud, muy bien achicado por Courtois.

En medio de las emociones, los entrenadores movían piezas: Yannick Carrasco por Fellaini, para expandir el campo hacia afuera del lado izquierdo en el ataque de Bélgica; y Nzonzi por Giroud, para ubicarse junto a Kanté, para que se suelte Pogba y para que Griezmann se mude como punta definitivo en la ofensiva de Francia.

A la presión insistente de Bélgica le faltó profundidad y encontrar a Lukaku, devorado por la ferocidad de Varane y de Umtiti en cada pelota dividida. Un tiro desde afuera de Witsel asustó a Lloris. Y punto. Ya en el epílogo, Griezmann y Tolisso exigieron a Courtois. No eran necesarias las provocaciones de Mbappé. Ya Francia era una fiesta.

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