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Una derrota que desnuda muchas falencias

Más allá de aquel comienzo un tanto auspicioso de partido, asumiendo el control del mismo, con pelota dominada, aunque sin ser profundo, nos alentaba a que podía ser otro partido. Pero luego la Selección Argentina volvió a modo híbrido. Y para significar lo que es Híbrido, en un auto es tener un motor convencional a nafta y otro eléctrico, para andar con las dos variantes por igual.

Pero, en este caso, Argentina no supo si poner el motor a nafta o usarlo eléctrico, o bien no tenía batería, porque volvió a deambular por la cancha. Sin un rumbo definido, donde hasta Messi lució embarullado, sin un timón para tomarlo y llevar el equipo adelante, y el resto en su misma sintonía. Un montón de jugadores en un superpoblado medio campo no fueron suficientes, porque hasta a veces parecían muchos en serio y no se miraba para adelante, sino que se era muy horizontal.

Para colmo se evidenció algo que viene pasando hace rato, que es la mente frágil que tiene este equipo. Las tres finales perdidas, más las críticas de la gente, hicieron mella en lo psicológico en el plantel, aunque nadie quiera decirlo. Y cuando Caballero pifió la pelota, dejándole el primer gol a Rebic, que además definió bárbaro, el equipo se derrumbó anímicamente. Fue un mazazo más que un gol, más que un resultado que era posible de levantar.

Decidieron sumergirse en su débil cabeza y poco menos que entregarse ante un rival que vio todo eso claramente y decidió ir por más, y lo consiguió, con uno y otro gol más para redondear una sólida actuación. Pero lo ocurrido hoy es simplemente ver lo que no veíamos, el bosque, porque esto es una consecuencia de muchas desprolijidades de AFA, que viene de aquellas elecciones empatadas, y donde todo parece tomado como de los pelos.

De una AFA que dejó de lado a las juveniles, por lo que ya casi no puede nutrirse más de jugadores nuestros (como surgieron tantos en la época Pekerman-Tocalli). De una AFA que, como último desarreglo, hizo un Manual para engancharse mujeres rusas, que debió merecer otro tratamiento y no tanta liviandad que se tuvo con ello. Fue una derrota, pero también fue una consecuencia y otra vez estamos en boca de todos, porque fue una vergüenza mundial. Difícil de tapar, obvio.

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