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El ocaso de uno de los deportes más populares

El especialista en historia argentina en el período comprendido entre 1850 a 1950, Roy Hora explica que en las décadas del ’20 y ’30 el turf era de tal importancia en nuestro país que representaba más que todo el resto del mundo deportivo. “Era importante porque el volumen de apuestas per cápita era más grande que la de los principales países europeos como Francia e Inglaterra”, dice y añade que no fue azaroso que el turf haya sido el gran protagonista en la escena nacional de aquella época y esto se nota en que las apuestas se multiplicaban comparadas con las de la lotería o de la quiniela, las otras dos opciones que el público tenía para apostar.

Tan importante era el funcionamiento del Hipódromo de Palermo, que su costo operativo fue uno de los más altos del mundo. “Lo que pagaba Palermo en salarios, premios de los caballos y el costo de funcionamiento del hipódromo era más grande que el presupuesto de algunas provincias argentinas, excepto las grandes, una dimensión que uno no encuentra en otro país. Esto era así porque sin duda éste es el país del caballo. Cuando se compara a la Argentina con otros países, uno de los rasgos más notables es que el número de caballos per cápita es altísimo”, explica el historiador. Aquella sociedad montada a caballo y con una enorme empatía con el animal es lo que disparó el auge del turf.

Pero aquel amor por el turf distaba mucho de ser una industria como lo concebimos en la actualidad, sino que se parecía más a una afición de los sectores más adinerados de la sociedad. “Yo creo que la preocupación fundamental de los Unzué o los Anchorena, era tener el mejor caballo de carrera de la Argentina. No era gente tonta y eso quiere decir que miraban las cuentas, pero no es que subordinaban su nivel de exposición en el turf. Fundamentalmente la pasaban bien, porque el hipódromo tenía algo fundamental que era una competencia que se desarrollaba manejada por la élite social del país pero con un enorme rebote popular. Quien tenía el caballo que ganase el premio nacional iba a ser conocido y eso es muy gratificante porque tiene un impacto social enorme”, comenta Hora.

La evolución del turf trajo también la aparición del jinete que hasta principios del siglo XX era sólo una figura desdibujada por un caballo pura sangre y un dueño perteneciente al club de los más ricos de la Argentina. “Eso cambió desde la década del ’20 -relata Hora- en parte por el propio crecimiento del espectáculo, porque no es lo mismo un tipo que monta bien a otro que monta mal en el carácter competitivo de la actividad. Al volverse más popular la gente está más dispuesta a mirar a los jinetes y eso estuvo apoyado por la aparición de la prensa popular de la mano del diario Crítica. Ese diario no se va a contentar con decir que ganó tal caballo de tal señor millonario, sino que van a buscar otras cosas y los jinetes van a tener un campo más amplio donde desarrollar su actividad”.

Sin embargo, una serie de condimentos iban a hacer que el otrora entretenimiento popular y masivo, en el que se gastaban millones de pesos en caballos pura sangre y donde el prestigio estaba por delante del rédito pecuniario, empezara a añorar sus mejores días. Para Roy, la historia de la declinación del turf es muy larga y tiene como elemento de fondo la aparición del automóvil. “A partir de la década de los ’50 el turismo carretera comienza a ganar cada vez más entusiastas y por supuesto la aparición del fútbol y el box, todo esto compite con el turf, sobre todo en la atención del público más joven”, dice.

El hito que marca el fin del crecimiento de las carreras de caballos fue en 1952 en el Hipódromo de San Isidro con 102.600 personas registradas. Desde ese entonces sólo se registran descensos. Las causas: el crecimiento exponencial del fútbol como deporte de masas, del box, en materia de “héroes populares” y de la aparición de la TV, como fenómeno de masas. “Estos deportes –explica Hora- son muy atractivos visualmente y esa competencia lo fue golpeando y la televisión fue determinante en este proceso, pues el turf no se adapta bien a la TV ya que son sólo tres minutos lo que lo convierte en una especie de spot”.

Hoy en día, el promedio de edad de los entusiastas del turf es muy alto y muchas personas lo asocian con el mundo de las apuestas más que con el mundo de los caballos y, según el autor, eso lo quita del pedestal que había ocupado en su época de oro. “La pregunta que me hice cuando decidí escribir el libro -dice Roy- es por qué a la sociedad argentina le importaba tanto este deporte, que hoy no le interesa a nadie, excepto a un grupito. Además, lo que se veía en la época de oro del turf era un mundo de relaciones de clases, propietarios muy ricos, jinetes surgidos bien de abajo y público popular. En el fondo era un espejo de la sociedad argentina y un ejemplo de los conflicto de las clases sociales”.

Por: Gustavo Rapetti/gustavorapetticoncordia@hotmail.com

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