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La crisis cambiaria complica a los tomadores de préstamos hipotecarios

La devaluación que tuvo lugar desde los últimos días de abril ya provocó (y probablemente lo siga haciendo) dolores de cabeza a los deudores hipotecarios en UVA, por dos razones: primero porque el aumento del dólar le quitó “poder de compra” a aquellos que tenían adjudicado un crédito y por otra parte, porque la presión que ejercerá la depreciación del peso sobre la inflación hará más difícil la capacidad de repago para los asalariados.

Una suba del precio del dólar como la que sucedió en las últimas tres semanas (mayor al 20% en el mercado minorista) obligará a tomadores de crédito en UVA a sacar la calculadora para medir cuánto retrocedió la capacidad de compra del crédito que le otorgó el banco.

El economista Federico Furiase, director de la consultora EcoGo, le explicó a este diario que “en principio el más perjudicado es el que tiene un crédito adjudicado por un monto en pesos y que está esperando la escritura por un bien fijo en dólares. Una persona que tenía un crédito por 1.300.000 pesos perdió con esta devaluación 12.000 dólares para comprar una propiedad”.

Para solucionar este problema, algunos expertos afirman que sería necesario que los bancos ofrezcan una especie de “seguro” contra devaluaciones repentinas a los que ya tienen créditos adjudicados, para evitar este tipo de impactos. Una manera sería a través de un instrumento financiero, el “dólar futuro”, aunque la aplicación debería ser implementada por las entidades que dan los préstamos hipotecarios porque tienen la experiencia suficiente en ese mercado.

“Hoy en día tenés que salir a buscar plata prestada en otro lado para cubrir esa brecha que perdiste por la devaluación”, comentó por su parte Santiago Bulat, economista de la consultora Orlando Ferreres.

En este marco, un relevamiento de Zonaprop sobre los precios de propiedades, dice que el valor medio de venta medido en dólares publicados en la Capital aumentó un 4,7% en los primeros cuatro meses del año, casi la mitad del 10,8% que aumentó en el 2017, y esta medición es previa a la crisis cambiaria, según publica Crónica.

 INFLACIÓN, SIN TREGUA 

La segunda vía por la cual los deudores podrán experimentar las consecuencias de la devaluación será por una aceleración de la inflación, ya que es la forma en que se actualizan los UVA. Después de un movimiento tan marcado del tipo de cambio, los precios de los bienes en general suelen tener aumentos por incrementos en costos de transporte, combustibles, tarifas y demás. Todo esto, en un contexto en que los salarios podrían subir más lento que la inflación.

Según Bulat, “tenemos que esperar para ver cuál va a ser el traslado a precios de la devaluación, ya sabemos que algo va a haber y que las paritarias van a cerrar en torno del 15% en un contexto en que ya en mayo con una inflación de 2% vamos a llegar a 12% en lo que va del año. La capacidad de repago va a ser complicada especialmente en el tercer trimestre”.

Un reciente informe elaborado por la consultora Ecolatina, asegura: “Producto de la dinámica del dólar de las primeras dos semanas de mayo estimamos que no sólo no se cumplirá la meta de inflación este año, sino que probablemente tampoco se alcance un descenso en la inflación anual”.

Concretamente, esta medición privada considera “que la suba de precios se ubicará en 2018, de mínima, en la zona de 25% de modo que, en el mejor escenario, igualará al resultado del año pasado (24,8%)”.

En tanto, esta semana el INDEC informó que el Nivel General de precios avanzó 2,7% a nivel nacional durante abril, principalmente empujado por el rubro Vivienda y Servicios y Alimentos y Bebidas.

Por otra parte, Furiase se detuvo en una importante variable como lo es la tasa de interés alta que decidió el Banco Central para frenar la corrida cambiaria. Esto “puede hacer que las tasas de interés de los créditos UVA aumenten, y se sabe que cada 1,5% que suben la cuota es 1.000 pesos más alta” para los que aún no sacaron un préstamos de este tipo.

Durante 2017, año en que se otorgaron más de 56.000 millones de pesos de créditos, el ritmo de la suba de precios y el de los salarios fueron en la misma línea. El temor general es que este año esa balanza se desequilibre y el pago de las cuotas comience a ser un gasto cada vez más pesado para los asalariados.

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