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Dominic Thiem ganó su segundo Open de Buenos Aires

Un movimiento unísono en todas las tribunas del Buenos Aires Lawn Tennis Club. Manos agitando carteles, papeles, lo que sea para apaciguar el calor. En el polvo de ladrillo del court central, Dominic Thiem y Aljaz Bedene batallan por quedarse con la 18° edición del Argentina Open. El austríaco fue el que más soportó y triunfó por segunda ocasión en su carrera en Palermo.

Más de 35 grados castigaron la final del torneo porteño. El sol, presente en toda la semana, golpeó con toda la furia. ¿De qué manera resisten dos tenistas que desean ser campeones? Con el hambre de triunfos. Y una preparación física y mental diferente.

A Thiem le gusta jugar en Buenos Aires, se siente cómodo. Tras el 6-2 y 6-4 ante Bedene, le puso el broche de oro perfecto a una semana en la que no cedió sets. Fue un partido con muchos errores, disputado, más allá de lo que indique el marcador. Uno de los factores determinantes fue la capacidad de obtener los puntos con peloteos largos, aquellos en los que la perseverancia física es vital.

Para eso, el dos veces campeón del Argentina Open atravesó por un sistema poco ortodoxo de entrenamiento. En los albores de su carrera, la capacidad física era el punto más débil de su tenis. Entonces, su coach, Gunter Bresnik, buscó a Sepp Resnik, un ultratleta austríaco, competidor en Ironman, que debía transformarlo.

La primera noche lo llevó a correr 15 kilómetros a un bosque. Luego llegaron ejercicios con troncos, nado, carreras con ropa mojada, tareas de resistencia al clima. Poco tiempo después, su entereza había cambiado radicalmente.

“Fue un gran entrenamiento, me ayudó en lo mental también porque no fue típico. Si hacés este tipo de ejercicios es más fácil entrar a la cancha”, le dijo el flamante campeón a ámbito.com.

Dentro de la cancha principal, cada golpe causa un efecto. Tal vez el número 6 del mundo no estuvo fino con su revés, pero está acostumbrado a estos episodios. Jugó mejor que Bedene, le ganó desde lo físico, y con autoridad, tan determinante para los top ten.

“Es muy importante romper con ciertas cosas para poder afrontar estas condiciones muy duras como aquí, o Australia. Pero ya conocí estas condiciones hace dos años”, describió Thiem.

El esloveno fue la bestia negra de los argentinos. Eliminó a Diego Schwartzman y a Federico Delbonis, e impidió que los nacionales vuelvan a festejar tras una década. Caer ante un rival de jerarquía superlativa no es un desmérito.

Thiem no verá modificado su ranking, seguirá sexto, pero el título en el BALTC lo reafirma como uno de los jugadores más importante sobre polvo. Es, según su propia palabra, que es la superficie que más le gusta.

Su preparación la hizo en condiciones naturales y sin pisar un gimnasio. También evade las cuestiones climáticas por la costumbre austríaca: las canchas bajo techo.

“En Austria tenemos courts indoors de polvo. Practicamos todo el año, lo hacemos bajo techo o al aire libre, sin que nos afecte el frío o el calor. Creo que es por eso que los austriacos podemos jugar en todas las superficies”, explicó.

Durante toda la semana hubo calor y nada de lluvia. El campeón ya sabía lo que era jugar en Buenos Aires: “El clima es complicado a veces, es muy caluroso durante el día y luego más frío a la noche, y eso hace que sea muy diferente el momento en el que jugás”.

Luego de los primeros trabajos de recuperación, el campeón posó con el mate que protagoniza el trofeo. Dijo, tras el match, que no pudo probar la infusión. Y eso le dio pie para dejar en claro que este no será su último Argentina Open. Lo disfruta, se siente en condiciones de hacer buenos papeles. Tal como lo aclaró él mismo, está preparado.

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