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Dipuñoqui se orino en los pantalones tras recibir dos sonoras cachetadas

La versión circuló como reguero de pólvora en los correveydiles políticos. Se dice que en el Juzgado de Familia se encontraron el vociferante empleado del dueño del Casino de Paraná (que funciona en el Mayorazgo que estuvo regenteado por el hoy legislador y consiguió “vendérselo” ($) a los Ferrari (de Gualeguaychú) con el abogado que representó a un empleado bancario que fue imputado tras la amañada denuncia de un supuesto plan criminal para “liquidarlo” físicamente al susodicho por lo cual parece que las relaciones entre ambos no quedaron nada bien.

Pero de ahí a que un diputado de la provincia –aunque muchos ya lo conocen por el mote de “dipuñoqui“ le grite a un auxiliar de la justicia “gordo delincuente” (algunos dijeron que habían escuchado que saludaba a la madre acusándolo de HDP) acostumbrados a las “locuras” del inimputable sujeto no pensaron que la respuesta del agraviado sería “hola, por tu casa como andan”, la respuesta airada del pelado dipuñoqui no se hizo esperar y acompañada por gestos de pelea con los puños cerrados y los ojos encendidos de ira le gritó “…ahora no puedo dedicarme a vos porque tengo plata y vos seguís siendo un croto”.

“Devolvé los 5 millones de dólares robados en el Mayorazgo y la plata de los estudiantes, lo que lo sacó y se le abalanzó para pegarle al abogado quien para frenarlo le aplicó dos sonoras cachetadas mientras lo acusaba de haberles vendidos drogas a los chicos que concurrían a su boliche bailable y de cobrar plata de Urri sin haber hecho ningún trabajo, entre otras cuestiones ya conocidas del curriculum del dipuñoqui.

El dipuñoqui gritaba como alienado mientras –dijeron los testigos ocasionales- se había mojado los pantalones con su pis, una reacción nerviosa conocida por los sicológos como “incontinencia urinaria por factores de riesgo inminente”, mientras un hombre que oficiaría como su guardaespaldas personal lo retiraba y seguía gritando “gordo de mierda te voy a denunciar” su oponente lo seguía para aplicarle lo que consideró “métodos correctivos de conductas alienadas por deseos de grandeza y poder” que no era otro que completar su “tratamiento” en base a sopapos limpios pero el vociferador no tenía ganas de ofrecer el rostro para demostrar humildad por el contrario, rojo de ira y meado hasta las pantorrillas, gritaba porque –dijo un testigo- le gusta bardear pero se las vio fiera “en esta –acotó el hombre- perdió en el primer round”.

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