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Chile: Bachelet y Piñera, una transición marcada por la cordialidad y la cooperación

Se reunieron por la mañana y acordaron trabajar juntos hasta el cambio de gobierno, el 11 de marzo.

Después de los festejos del domingo a la noche tras su victoria en el balotaje, no hubo mucho tiempo para descansar. El ahora presidente electo de Chile recibió a la mandataria Michelle Bachelet para un desayuno en el que comenzaron a diseñar el traspaso de mando, un camino que ya transitaron hace ocho años cuando, igual que ahora, la líder socialista le entregó su sillón en el palacio de La Moneda, y hace cuatro, cuando el empresario le devolvió la banda presidencial.

Sin dar detalles, el líder de centroderecha que desde el 11 de marzo volverá a ocupar el palacio presidencial afirmó que fue el primero de una serie de encuentros que mantendrá con Bachelet y que buscará una buena coordinación entre sus equipos y los del gobierno para “garantizar la continuidad”.

El tono belicoso que había marcado el final de la campaña para la segunda vuelta del domingo se apaciguó tras el resultado de la elección -por un margen mayor al que se preveía- y dio lugar, desde el mismo domingo, a un ambiente de cordialidad y cooperación entre el gobierno de centroizquierda que llega al final y la coalición de centroderecha que se prepara para volver al poder.

La mandataria llegó a las 09.00 de la mañana en punto a la casa del Camino La Viña, en una zona muy exclusiva del barrio de Las Condes, en Santiago. Así lo habían acordado el domingo a la noche en el diálogo telefónico que mantuvieron ante las cámaras, y en el que Bachelet felicitó a Piñera por su triunfo con el 54,57% de los votos contra 45,43% del senador oficialista Alejandro Guillier. La acompañaba su ministro del Interior, Mario Fernández. Tomaron café y hablaron durante más de una hora y media.

Poco antes de las 11.00 hs, bajo el sol, en la vereda ante el portón de la casa, la presidenta no dio detalles de la reunión, sólo dijo que abordaron temáticas nacionales e internacionales y que agendaron nuevos encuentros. Luego partió apurada para viajar hacia la zona de Chaitén, en el sur, donde el sábado un alud dejó más de una decena de muertos.

Cerca del mediodía, después de atender una cantidad de llamados de felicitaciones -entre ellos del presidente argentino Mauricio Macri, del brasileño Michel Temer, del colombiano Juan Manuel Santos, del boliviano Evo Morales y del español Mariano Rajoy- Piñera recibió a la prensa en el patio de entrada a su casa. Allí reiteró su compromiso de trabajar para alentar el crecimiento económico en el país, aunque no mencionó medidas concretas.

“Nuestro gobierno va a ser aliado del crecimiento, del progreso, de la innovación y el desarrollo integral”, prometió. Y se comprometió a mantener la gratuidad de la educación para quienes la tienen y a avanzar en ese sentido para la educación técnica. Este fue uno de los temas centrales en la campaña: al comienzo, el ex presidente rechazaba la reforma para extender la educación gratuita, como prometía su rival de centroizquierda.

Pero debió cambiar su postura luego de la primera vuelta, cuando recibió menos votos de los esperados y debió salir a buscar el apoyo de los votantes de centro.

Ahora el futuro presidente prepara su gabinete. “Vamos a trabajar para conformar el mejor equipo. Queremos que sea amplio, pluralista, una combinación entre la experiencia y la renovación”, aseguró, sin querer dar nombres.

El presidente electo también respondió preguntas sobre política exterior y, en particular, sobre la postura que tendrá su gobierno en relación a la crisis política en Venezuela. “Queremos que Venezuela logre lo antes posible un buen acuerdo que permita recuperar las libertades, la democracia, el estado de derecho y el respeto de los derechos humanos y también logre superar la grave crisis económica y humanitaria que está afectando y haciendo sufrir al pueblo venezolano”, señaló.

Pese al cansancio, Piñera se mostró entusiasmado por el caudal de votos que recibió el domingo, más de los que vaticinaban políticos y analistas, y de los que su propio entorno esperaba. El empresario de 68 años logró batir un récord: además de ser el primer líder de centroderecha que es elegido por segunda vez para ocupar la presidencia desde la recuperación de la democracia en Chile, obtuvo la mayor votación y porcentaje históricos para la derecha en elecciones presidenciales desde 1990 (3.794.549 sufragios), y logró el mayor margen de diferencia con su rival.

“Eso le da mucha legitimidad para comenzar su gobierno con gran poder, le da impulso para poder formar un buen gabinete”, interpretó el analista Roberto Izikson, de la consultora Cadem.

Para este experto en estudios de opinión pública, este triunfo tan marcado de Piñera se debió posiblemente a que en la segunda vuelta votó gente que no lo hizo en la primera, del 19 de noviembre, ya que en Chile el voto no es obligatorio.

Después de la primera vuelta, en la que Piñera ganó con el 36,6% de los votos -cuando esperaba cerca del 45%- y en la que se destacó la candidata del Frente Amplio, Beatriz Sánchez, que obtuvo el 20% de la mano de su alianza de izquierda, “se instaló con mucha fuerza la idea de que la gente quiere reformas sociales como la educación gratuita o en el sistema de jubilaciones”, señala Izikson.

Y agregó: “Esto movilizó a mucha gente que está en desacuerdo con esta idea, y se instaló con mucha fuerza la necesidad del crecimiento económico y la creación de empleo”, que fueron las banderas de la candidatura de Piñera.

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