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Estudiantes tenía ganado el aplauso hace rato

El verde construyó una actuación única basada en “guerreros”.

Las lágrimas de los jugadores, seguramente eran las de muchos en la cancha. Pero seguramente esas lágrimas estaban entremezcladas con orgullo, con pasión y sí, una pizca de desazón. Pero estaban directamente emparentadas, desde el lado del público, con la emoción de ver a su equipo en una instancia tan importante, verlo pelear como lo vio hacerlo, jugar por momentos como un grande de verdad ante un equipo netamente superior individualmente, corajear como nunca ante la adversidad, dejar cuerpo y alma en cada pelota, en cada situación.

Pero no fueron solo por estos cuatro partidos ante los venezolanos, sino que Estudiantes tenía ganado el aplauso desde hace rato, desde el primer minuto, por afrontar el Primer Torneo Internacional en la Historia del Club Estudiantes, con seis o siete partidos juntos en la Liga Nacional, con técnico nuevo, con cuerpo técnico casi de cero, con sólo Orresta y Vildoza como conocidos, y los otros les decían “mucho gusto” dentro de la cancha, prácticamente.

Sí, a esto ya lo dijimos, pero es la pata importante que magnifica lo hecho por Estudiantes en esta Liga Sudamericana, de la que orgullosamente puede decir Subcampeón. Sí, amigo lector, caiga en la cuenta que hoy por hoy Estudiantes es el segundo mejor equipo de Sudamérica. Construyó su camino y no me lo compare con nadie. Sí vamos a decir que es uno de los clubes con más bajo presupuesto en la Liga, que se pudo reforzar de acuerdo a lo que da el bolsillo, donde los dirigentes encontraron un técnico como Lucas Victoriano centrado, dispuesto a no hacer locuras ni experimentos con el equipo.

Un técnico que de verdad se tomó este inicio para trabajar en serio, amoldado a los jugadores que tiene. Y no hay duda que se formó una química, que se evidenció en estos partidos de Liga Sudamericana por la respuesta de los jugadores en cancha, que fue de notable para arriba. Si este equipo no consiguió un plus de rendimiento jugando esta Liga, que alguien lo desmienta. Es impresionante lo que han hecho.

Porque, ey, muchachos, era solo participar de la Liga Sudamericana. Ya estábamos todos hechos con un hacer un papel digno y regreso a casa. Muchachos, no era jugar como lo hicieron. Listo, se ganó el primer cuadrangular y ya está. Ahora sí, estamos más que satisfechos y orgullosos. Pero…no, tampoco era ganar el segundo cuadrangular y llegar a la Final de la Liga Sudamericana.

Muchachos, ¿en qué manual leyeron eso?. No, paren un poco. Ya es mucho. Ey, no, tampoco era para jugar una final así, tan bien, contra un equipo superior y encima ganarle un partido con suma autoridad, y perder los otros peleando como leones. No era así, no era…pero fue así y lo que parecía un sueño se convirtió en realidad gracias a estos gladiadores que dejaron todo por la camiseta, por la gente, por Concordia.

Porque es indudable que este grupo se identificó, felizmente, demasiado pronto con la camiseta, con los colores y pareció que siempre nos pertenecieron, como si hubieran salido de aquí a la vuelta. Por eso la gente también, felizmente, los adoptó rápidamente, los hizo “sus” jugadores, “sus” guerreros, y estos les devolvían todo desde la cancha tal como los imaginaban. Habilidosos, certeros, guerreros, atléticos, cuando había que serlo.

Usted tal vez sepa que este cronista vio el partido por televisión y no fue a la cancha. Pero, créame, hasta verlo por la pantalla fue emocionante, porque los primeros planos de los jugadores nos dejaban ver el rostro de concentración, de fe, de valor, de vergüenza deportiva para pelear todo. Nos dejó ver los rostros de muchísima gente que solo quería alentar, llevarlos hacia adelante, de contagiarlos, y por momentos, es cierto, lo hicieron por demás, porque los jugadores aceleraron más de lo debido en varias jugadas, bajo su tablero como en el ajeno o en correr a veces más rápido que la pelota. Pero eran y serán errores casi lógicos.

Cuesta y mucho tener la cabeza fría en semejante caldera. La misma que amedrentó, si cabe el término, por momentos a los visitantes, que no tenían en cuenta ni ahí de lo que es el fervor concordiense. ¿Qué a alguno se le fue la mano y tiró agua al banco visitante?, sí, está bien, pero ya está, no pasó nada. Pero fue una fiesta absoluta, aun en la derrota, porque la gente coreó el nombre del equipo por un larguísimo tiempo, hasta verlo con las medallas y la copa de subcampeón.

Ver a los jugadores de Guaros aplaudir a Estudiantes en el podio, emocionó. Ver a los jugadores arengándose luego de perder, como diciendo “no hay que bajar la cabeza”, fue emocionante. Ver a Orresta llorar y mostrar entero su rostro lleno de lágrimas, es de valiente, además de darnos cuenta de lo que sentía, claro, fue más emocionante. Ver que hay dirigentes que trabajan en serio, que apuestan siempre a más y llegaron a la cúspide, también emociona porque cuando se quiere, se puede, Concordia. Cuando todos nos unimos, se puede, Concordia.

Y el deporte nos ha dado, por suerte, muchos ejemplos de estos. Pero de alguno nos tendremos que agarrar para ser mejores en otros deportes también, porque hay talentos y se puede llegar bien alto. Dejemos de lado la plata que se invierte en el básquetbol, que en el noventa por ciento es privada, sino quedémonos con la actitud, porque más allá de dinero es actitud, es querer que todo salga bien y caminar por el sendero correcto, nada más.

Por eso contagia a todos, a la gente que es y la que no es del básquetbol. Como este cronista que se emocionó delante del televisor y a la distancia (no tan grande) aplaudió lo hecho por este grupo que sintió absolutamente toda muestra de afecto. Pero, insistimos, a ese aplauso, a esa ovación, se la tenía ganada desde hace mucho rato. Simplemente se hizo efectiva el jueves. Por lo que mostró Estudiantes, por lo que mostró la gente, por lo que mostró Concordia hacia toda América…¡¡Gracias!!… Estamos a la altura. Se puede, Concordia.

Por: Edgardo Perafán

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