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Superliga: San Lorenzo venció a Atlético Tucumán y saltó a la punta

En el Nuevo Gasómetro, se impuso 2-0 con goles de Blandi y Reniero, y ahora lidera el torneo junto a Boca, aunque con un partido más.

Un equipo que pretende pelear un torneo debe ser capaz de ganar cuando no juega bien. O mejor: ganar cuando no lo merece. Y como San Lorenzo es esa clase de equipo, ayer alcanzó a Boca (tiene un juego menos) en la cima de la tabla de posiciones. El sufrido triunfo 2-0 ante Atlético Tucumán se edificó en los pies de Nicolás Blandi, se sostuvo en las manos de Nicolás Navarro y se ratificó con la aparición goleadora de Nicolás Reniero.

Después, durante los 90 minutos, hubo más dudas que certezas y más solidez defensiva que juego vistoso. No importa demasiado, en realidad: el elenco que comanda Claudio Biaggio mira a todos desde lo más alto y se permite soñar.

Es cierto que San Lorenzo juega mal, pero hay atenuantes. Primero y principal, los duros golpes que padeció en el año que culminaron con el ciclo del uruguayo Diego Aguirre. Segundo, la acumulación de lesiones. El mediocampo de ayer fue completamente nuevo y se sabe que desde ese sector de la cancha nace el fútbol.

De la formación que salía de memoria -y que de desarrollaba como tal- ya nada queda: Mercier, Mussis; Cerutti, Belluschi, Merlini. Los imponderables han perjudicado a San Lorenzo. Recién ayer Robert Piris da Motta pudo completar un buen rendimiento en el cuervo: el paraguayo jugó de tapón y su figura creció especialmente en el segundo tiempo.

A su lado, Facundo Quignón alternó buenas y malas, lo mismo que Gabriel Gudiño, que insinúa más de lo que concreta. Las pinceladas de Leandro Romagnoli son eternas, pero son solo eso: pinceladas de crack. A Pipi los partidos cada vez le cuestan más y con los minutos su fuego se va a apagando. El Pampa se dio un lujo: puso por primera vez desde el inicio a Jonás Acevedo, un zurdo elegante al que se lo notó muy nervioso. Con el repaso de la actuación de los mediocampistas se busca explicar porqué a San Lorenzo le costó jugar bien.

Le alcanzaron 6 minutos a San Lorenzo para ponerse en ventaja. El defensor Gonzalo Rodríguez habilitó a Gudiño (mal paso al frente de Rafael García) y el ex Atlético de Rafaela la tiró por encima de Alejandro Sánchez (salió apresurado) para que Blandi la empujara al arco vacío con la cabeza. Resultado a favor, localía y un rival que cuidó a sus mejores piezas pensando en la final contra River por Copa Argentina.

La mesa parecía servida. Pero se repite: San Lorenzo no juega bien. Se retrasó y no tuvo posesión. Los tucumanos generaron varias y solo no pudieron igualar por las notables tapadas de Nicolás Navarro. El arquero le ahogó el grito a Nicolás Romat (cabezazo), a Alejandro Melo (volea de derecha), a Francisco Grahl (zurdazo a colocar) y a Gervasio Núñez (zurdazo potente).

Conviene aclarar: San Lorenzo no juega bien cuando le toca atacar o asumir el protagonismo. Porque el equipo del Pampa es sólido en defensa y no le permite crecer a los rivales. En 8 encuentros, tan solo le anotaron 4 goles. Rodríguez y Caruzzo están afianzados como dupla central y el chileno Paulo Díaz es un bombero que rinde donde lo ubiquen.

Ayer no fue bueno lo de Gabriel Rojas -que salió lesionado- aunque el ingreso de Marcos Angeleri fue efectivo. Da Motta se movió más cerca de la defensa que de los mediocampistas y ganó en panorama: no tuvo que correr a sus espaldas y jugó cómodo.

La etapa complementaria no se pareció a la primera: San Lorenzo no sufrió. Los cambios fueron buenos y eso es un punto a favor de Biaggio. Rubén Botta gestó la jugada que terminó en el segundo tanto de Reniero, tras habilitación de un generoso Blandi.

La cabeza de Atlético Tucumán está puesta en River y por eso cuidó a los mejores jugadores. Cumplió el trámite de manera digna, pero con la mente en Mendoza y la Copa Argentina. El Ruso Zielinski mandó a la cancha a Barbona, Álvarez y la Pulga Rodríguez y el local lo golpeó duro con el segundo gol. No supo reaccionar.

San Lorenzo logró su tercera victoria al hilo y acecha a Boca. Gana sin jugar bien o sin merecerlo. Ergo: es un equipo serio.

 

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