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Argentina ganaba fácil, pero perdió con Nigeria y volvieron las dudas

Después de un buen primer tiempo, la Selección de Sampaoli cayó 4-2 y dejó una pobre imagen en Krasnodar.

El desafío era mantener la línea, y mejorarla, sin Lionel Messi. Pero ocurrió lo contrario. En el modernísimo Stadion Krasnodar, la Selección le ganaba 2-0 a Nigeria pero terminó perdiendo 4-2 en su última presentación en Rusia, donde perdió su invicto de siete partidos el equipo de Jorge Sampaoli.

Fue, sin dudas, un partido rarísimo que tuvo dos tiempos: el primero lo ganó bien Argentina, pese al descuento del final, pero una ráfaga en el arranque del segundo mostró otra Argentina y otra Nigeria, que se quedó con una victoria inobjetable.

La Selección tardó un cuarto de hora en arrancar. Al principio, compartió el dominio de la pelota y fue imprecisa, mientras Nigeria se movía al compás del sabio John Mikel Obi.

Hubo un punto de inflexión curioso: un codazo de Kelechi Iheanacho a Nicolás Otamendi, su ex compañero en el City. Cuando volvieron a jugar, la Selección fue otra. Fue mejor incluso que ante Rusia, más precisa para salir y más dinámica. El único que no conectaba hasta ahí era Dybala y por eso se eligió la vía del pelotazo, que en ese lapso resultó efectiva.

La paridad duró, entonces, hasta que Argentina le tomó la mano al partido. Llegó el tiro libre de Banega que destrabó el partido. Y empezaron a sucederse situaciones de gol: dos desbordes de Di María, un cabezazo muy claro de Otamendi, una gran combinación Di María-Lo Celso.

Después, casi por decantación, llegó el golazo de Agüero. Salió Mascherano del fondo, Dybala tocó para Pavón, quien desbordó y mandó el centro para el gol del Kun. Como contra Rusia.

Parecía resuelto. Sin embargo, revivió Nigeria en el último minuto con el tiro libre, y una floja reacción del arquero Marchesín. El primer tiempo se fue con la tarea de Dybala como única deuda.

Volvió dormido del vestuario el equipo de Sampaoli, que ya había movido el banco obligado por la indisposición de Agüero. Con un par de distracciones en el arranque pasó de estar de 2-1 a 2-3 por los goles de Alex Iwobi y Brian Idowu.

Poco aportaron Papu Gómez y Belluschi. A Benedetto le llegaba poco, y Argentina empezó a empujar por Mascherano y Otamendi, fórmula desaconsejable porque a sus espaldas se generaba un océano tentador.

Cada contraataque de Nigeria parecía medio gol. Y además lo tenía a Ibowi, del Arsenal, que la rompió. La jugada del 4-2, caño incluido a Mascherano, es inolvidable.

La acumulación de cambios desvirtuó el partido. El equipo nunca asimiló esos cachetazos aun con tiempo para reaccionar. Ya no lograría parecerse al que su DT sueña.

 

 

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