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Lunes 27 de Marzo del 2017 - 03:41

Frigoríficos brasileños venden carne podrida

El juez Marcos Josegrei da Silva, del juzgado federal de Curitiba, que fue auxiliar del famoso magistrado Sergio Moro en el caso Lava Jato, y que ahora actúa como protagonista, hizo estallar la mañana de este fatídico viernes una bomba económica, social y política, de alcances imprevisibles en Brasilia. Instruyó a la Policía Federal a realizar 309 allanamientos y mandatos de detención en distintas capitales de Brasil.

Los sabuesos investigan a las mayores empresas brasileñas del sector frigorífico, entre ellas la multinacional BRF (de origen brasileño), que preside el célebre empresario Abilio Diniz. Esa compañía concentró casi todas las marcas de su país y, también, de Argentina (donde tiene ocho plantas).

En el gigantesco operativo, bautizado “Carne débil”, participaron 1.100 agentes federales. La causa para semejantes despliegue es la venta en el mercado interno y para exportación de carnes putrefactas, con salmonella o adulteradas.

Para cometer esos delitos fue preciso coimear los más altos niveles en Brasilia, que “habilitaron” gracias a los sobornos “la ceguera” frente a tamañas irregularidades.

En una conferencia de prensa ofrecida, por la tarde de este último viernes en Curitiba, el comisario Mauricio Moscardi Grillo (jefe del operativo) sostuvo que las gigantes BRF y JBS—principales investigadas—Fueron “corruptoras” activas e “incentivaron” un gigantesco esquema de corrupción que tuvo como uno de sus ejes al Ministerio de Agricultura, Pecuaria y Abastecimiento (Mapa) hoy comandado por el “rey de la soja” Blairo Maggi.

No es éste el único ministro del presidente Michel Temer que se encuentra comprometido. En idéntica situación está el titular de la cartera de Justicia, Osmar Serraglio, nombrado hace menos de un mes en ese puesto por el jefe de Estado brasileño. Hubo en total 38 detenciones. Y 77 ejecutivos fueron conducidos “en forma coercitiva” para declarar ante la policía.

Hasta ahora, la PF brasileña jamás había movilizado semejante cantidad de efectivos para este tipo de operaciones. De acuerdo con el comisario Moscardi Grillo, “no se trataba de una simple relación de extorsión. Los empresarios alentaban: ellos eran corruptores y no víctimas”.

En ese sentido, se afirma que esta causa tiene la misma entidad que el Lava Jato. “Aquí corrieron millones hacia arriba y hacia las laterales” dijeron los policiales. El jefe del operativo indicó, claramente, que los sobornos abastecían las cuentas de líderes del Partido del Movimiento

Democrático de Brasil (PMDB), que hoy es el partido de gobierno. “Los agentes público, que utilizaban el poder de fiscalización del cargo, actuaron para facilitar las adulteraciones de productos emitiendo certificados sanitarios sin ninguna vigilancia efectiva” reveló el juez del caso, Josegrei da Silva.

Lo cierto es que esta brutal deflagración judicial produjo una inmediata caída en la Bolsa de Valores de San Pablo (Bovespa). Las acciones ordinarias de JBS y BRF cayeron respectivamente 11% y 7,5%. Esto produjo un retroceso significativo del índice Bovespa, que venía desde hace un tiempo en alta; el viernes bajó 2,39%. Y las explicaciones dadas por los operadores remitieron al caso “carne débil”.

Entre los grandes directivos interrogados por la policía, se cuentan algunos de renombre. Por ejemplo, José Roberto Pernomian Rodrigues, vicepresidente de BRF que fue conducido en forma “coercitiva” a prestar testimonio. Otro tanto ocurrió con Roney Nogueira dos Santos, gerente de relaciones institucionales y gubernamentales de BRF.

Este holding es dueño de las marcas más famosas de Brasil como Sadia y Perdigao. En la Argentina compraron empresas de primera línea. Hoy son dueños de salchichas Vieníssima y Wilson, las hamburguesas GoodMark y los fiambres Tres Cruces y Hammond (además de las margarinas Manty y Delicia).

En los mercados bursátil y financiero indicaron que las pérdidas de las acciones de estas compañías son consecuencia del daño a la imagen de las empresas. Y no solo por la corrupción. También por los delitos cometidos.

Son suficientes dos ejemplos: la comida de la merienda escolar en Brasil fue adulterada. Prometían carne pero mandaban sustitutos de soja. El otro caso procede de Italia: el país europeo tuvo que frenar un embarque de carnes que estaba contaminada con salmonella.

La Policía Federal indicó que son 40 plantas frigoríficas las que cometieron diversos tipos de delitos. “Estas corrompían a los fiscales responsables por la vigilancia sanitaria. De esa manera, conseguían colocar en el mercado productos que no atendían los criterios mínimos de calidad”.

Reveló, también, que en el caso de una planta de la BRF en Goiás (estado provincial del centro geográfico de Brasil) “se envasó carne aviaria con salmonella”. La historia es pesadísima. Estas estructuras productivas, de empresas de alcance mundial, usaban elementos reconocidos como cancerígenos para “maquillar” la carne en mal estado.

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