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Un cierre brillante para Matías Molinari en el Mundial

De riguroso e impecable traje se lo vio durante la conferencia de prensa del jueves por la noche, y por supuesto desde la Ceremonia de Apertura y durante los días de competencia en el Mundial, en el Gimnasio Capuchinos. Pero ayer, al Múltiple Campeón Mundial Matías Molinari, el traje no le duró mucho.

Es que el Master Naserallah Alí le trasladó un desafío que le proponían entre Egipto (su país) y Túnez, para hacer rotura de bloques de cemento como cierre del campeonato. Y obviamente que Matías aceptó el reto, y se puso la vestimenta adecuada, tal como si hubiera a salir a competir sobre el ring o el Tatami.

Y se dijo así mismo, aquí no puedo fallar. Quizá las mismas palabras que en el Open de este año, cuando inmortalizó aquel 14 de mayo como el día de los Récords Mundiales de Rotura, junto a Antonio De Sábato.

Por eso ayer se concentró, se aisló por un momento del Mundial y comenzó a endurecer los músculos, más que nada el del codo y el canto de mano, que eran las formas que debía respetar para romper los bloques, que eran ocho en cada caso.

Pero desde el planteo del desafío, a la concreción, pasaron muchos combates en el medio, unas dos horas, y por eso la ansiedad de los tres crecía y también la de la gente, que veía todo armado y quería observar tan buen momento, tan buen cierre. Minutos antes de las 19.00 horas todo quedó dispuesto y la música “guerrera” empezó a sonar bien fuerte, y los tres protagonistas comenzaron a acelerar su concentración.

Gino Vitrano, el Secretario General de la World Martial, fiscalizaba todo, que todo esté en orden y la cantidad exacta. Primero fue Naserallah Alí quien rompió 4 en cada caso (codo y canto de mano).

A continuación, entró en acción Mohamed Bergasmi, de Túnez, quien rompió seis bloques con el codo y cuatro con el canto de mano. Todo fiscalizado y comprobado por Vitrano. Hay que decir que para los dos grandes maestros hubo ciertas dificultades al romper los bloques, que no se rompieron en su totalidad, claro.

Por último, llegó el turno del dueño de casa, que tenía el aliento de su gente. Lo de Matías Molinari fue asombroso, porque primero con el codo y luego con el canto de mano, le asestó sendos golpes secos a los bloques y en ambos casos rompió con holgura los ocho que estaban en posición. Para graficar aún más, aunque la foto de arriba lo certifica, el brazo y la mano pasaron de largo hasta casi el piso por el tremendo golpe que les dio.

Una bestialidad que no conoce fronteras, ya que el mundo supo admirarlo en su momento y ahora lo vuelve a hacer, pero en su casa. El Gimnasio Capuchinos explotó y todos fueron abrazos. Hidalgamente, los primeros en abrazar a Molinari fueron sus rivales, que incluso le levantaron los brazos en señal de clarísima victoria, porque las roturas no dejaron ninguna duda.

Ya en el podio, se escuchó el grito continuado de “Argentina, Argentina, Argentina…”, lo que obviamente que llevó a Matías a emocionarse casi hasta las lágrimas, porque quizá era su cuenta pendiente, la de tener un podio y ser coronado en Concordia, en un Mundial.

Gino Vitrano entregó las medallas y las colocó Dave Wong, el Presidente de la WMKF, ante la euforia de los locales, de ese grupo de gente que incluso trabajó a la par del Mundial, y que también tenía el premio de festejar algo bien nuestro.

No se puede negar que fue el broche ideal para el Mundial, porque se lo merecía esta organización y también se lo merecía Matías, para coronar ese sueño que se hizo realidad en forma de torneo y que cobró más vida en forma de bandera que ayer lo envolvió en lo más alto del podio.