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Nuevas revelaciones sobre el hallazgo de Santiago Maldonado

No había ningún pozo aunque la profundidad del río en ese punto impedía hacer pie a los prefectos. El cuerpo no estaba sumergido ni cubierto de vegetación, sino flotando y apoyado sobre una rama. Pese a su relevancia, el momento en que encontraron a Santiago no fue filmado.

El sector del río Chubut donde fue encontrado el cuerpo sin vida de Santiago Maldonado tenía mayor profundidad que la media de ese curso de agua, y si bien los buzos que lo hallaron no hacían pie, esto no implica que hubiera allí pozo alguno. De hecho, doce personas, del total de 22 buzos y policías que participaron del procedimiento, coincidieron en que el cuerpo no estaba sumergido sino flotando, apoyado o “atajado” por la rama de un sauce.

De la docena de declaraciones testimoniales a las que accedió PáginaI12 surge que el momento del hallazgo del cuerpo, a las 12.25 del 17 de octubre, por parte del correntino Rodolfo Altamirano no fue filmado, y sólo estaban presentes los buzos de la Prefectura Naval.

A la espera de los resultados finales de la autopsia que estarían a fin de mes, y ante el indicio preliminar de que Maldonado habría muerto por ahogamiento, la versión oficial difundida por algunos medios se apresuró a concluir que esto sucedió en un hoyo de dos metros y medio. Es decir, no lo habrían visto antes porque estaba en ese pozo, pero en ninguna de las fojas que contienen la reconstrucción de los hechos se menciona la palabra “pozo”.

“Veo un bulto en el margen derecho, al llegar toqué la parte que flotaba, era la espalda. El cuerpo estaba apoyado sobre una rama, no agarrado, recostado sobre ella en la parte lateral del torso, del lado izquierdo y boca abajo”, dijo Altamirano en su declaración del 31 de octubre. “El cuerpo estaba como apoyado en un sauce, que hacía una especie de tope para que el cuerpo no navegue”, dijo el buzo rescatista Marcos Montaña.

Los relatos de los mapuches, la familia y la abogada Verónica Heredia dicen lo mismo: el cuerpo apareció flotando, no estaba sumergido ni fue desenganchado del fondo, como sugería la nota publicada por un matutino el 2 de noviembre. “Fue detallado (por los buzos a los que no identifica) que el cuerpo estaba en un pozo superior a los 2,4 metros, cubierto de vegetación, entre ramas de sauces y raíces en un espacio donde apenas penetra la luz solar”, publicó ese día el diario Clarín.

Algunos de los seis integrantes de la Prefectura interrogados por el juez Lleral, la fiscal federal Silvina Ávila, el abogado de la APDH y la letrada de la familia afirmaron que en el lugar no hacían pie, y deducían que habría más de un metro con setenta, en base a su propia estatura.

Sin embargo, el oficial Juan Carlos Mussin declaró que “en el lugar la profundidad aproximada que me fue indicada por los buzos se trataba de 1,40 metros, los buzos hacían pie en un sector donde hay casi nula corriente de agua y abundan las ramas”. El buzo, a quien el jefe del operativo atribuye el hallazgo cuando en realidad fue Altamirano, agregó que “en esa zona no hay remolinos, a diferencia de otras ubicadas río abajo”.

Del cotejo de los testimonios surgen contradicciones respecto del inicio del procedimiento, Mussin dice que fue a las 11.00 mientras Ruata habla del mediodía, y también hay diferencias a la hora de calcular la profundidad, lo cual lleva a una lógica sin salida. Los mapuches que viven allí afirmaron (como dijo a PáginaI12 Soraya Maicoño el 1 de agosto cuando Santiago desapareció) en ese sitio no había agua, era orilla.

Ahora bien, los testimonios de los buzos y los policías nada dicen sobre la caída de Matías Santana al agua, cuando iba en una de las balsas y justo minutos antes del hallazgo, pero lamentan haber sido agredidos por la comunidad cuando se retiraban, alrededor de las 21.00 hs. La rabia de los mapuches se sintetizaba en esta frase: “Lo plantaron ante nuestras narices para mostrar la impunidad de que pueden hacer lo que quieran”.

Las versiones que publicó el matutino mencionado describían a 15 personas en las balsas, cuando en realidad en un gomón no entran más que la mitad, muy apretados. Del mismo modo describen el sitio como “sin luz solar” cuando todos los buzos indicaron que en todos los operativos podían divisar el fondo desde la superficie, haciendo snorkel.

 Plantado el sauce 

Ante la pregunta específica sobre si luego de encontrar el cadáver siguieron rastrillando en busca de elementos personales, todos respondieron que no. Este diario había publicado que el juez federal Gustavo Lleral fue interpelado enfáticamente durante las horas sucesivas por los familiares de Maldonado, su abogada y los miembros de la comunidad mapuche Lof en Resistencia de Cushamen ante la sospecha de que el cuerpo haya sido plantado, porque habían estado en ese mismo lugar pocos días antes y no habían visto nada.

Tal como ratifican los testimonios, el magistrado se limitó a esperar la llegada del perito de parte, Alejandro Incháurregui, y no avanzó tampoco en el allanamiento a la estancia Leleque, como había previsto en la resolución que firmó cuatro días antes para ordenar el operativo.

En la resolución el juez había argumentado que la necesidad de volver a rastrillar el río tenía que ver con utilizar elementos de búsqueda más sofisticados, tales como los canes que detectan restos cadavéricos en el agua. Sin embargo, los buzos indicaron que usaron la misma metodología que en los siete rastrillajes anteriores. El jefe de la Prefectura de Bariloche, Ruata, había tenido la iniciativa de sugerirle al magistrado que había que revisar de nuevo, por la cantidad de ramas y zonas irregulares. Y finalmente apareció flotando y lo encontró un buzo, no un perro.

Fueron veintidos personas en aquel rastrillaje, que tuvo a los Maldonado y a la comunidad custodiando el cuerpo horas porque el juez pretendía sacarlo del agua sin esperar la llegada del perito Incháurregui. Tres timoneles fueron en dos balsas, en una de ellas iba Sergio Maldonado, y diez buzos en el agua cubriendo el ancho del río.

El 3 de octubre cuando Ruata acudió al juez para sugerir un nuevo operativo dijo que “la séptima búsqueda, el 18 de septiembre, había sido en el mismo lugar que la primera, del día 5 de agosto y que cubrieron mil metros aguas arriba respecto del punto dato (lugar donde Santiago intentó cruzar y fue visto por última vez), hasta el puesto El Quemado”. También describió que en todos los rastrillajes hicieron natación de superficie observando, salvo algunos buceos en zonas de 2 metros de profundidad, pero que los “pozones” se forman en las curvas del río donde hay remolinos o remansos”.

Aquella vez aconsejó “repasar desde el punto dato hasta el puente que une las localidades de Gualjaina y Cushamen”. Esto es hacia Vuelta del Río, es decir, Ruata recomendaba repasar río arriba, y justamente contra la corriente fue hallado el cuerpo, respecto del denominado “punto dato”.

Las declaraciones también coincidieron en destacar su malestar por haber sido requisados por la comunidad, para que no entraran con armas al territorio recuperado por los mapuches. Ruata volvió a ser interrogado el 31 de octubre, y ante una pregunta de la querella dijo que el informe del 17 lo entregó a la dirección de Operaciones de la Prefectura, y que tiene entendido que “lo eleva al Ministerio de Seguridad”.

Preguntado por la fiscal si pudo rastrillar el fondo del río donde se encontró el cuerpo, Ruata respondió: “Se obvió la parte de la batimetría (medir la profundidad y el fondo) porque se ordenó preservar el lugar por el hallazgo”. El jefe de los buzos de Bariloche dijo que en los siete operativos previos no habían pasado por el lugar donde finalmente encontraron a Santiago. Otros, como Montaña, dijeron que “no recordaban”. Y Gómez declaró que él no pasó pero “los otros buzos sí pasaron por ese punto”.

 Postura de la abogada 

Por otra parte, la abogada de la familia de Santiago Maldonado, Verónica Heredia, destacó que “no se está investigando como corresponde lo que significa una hipótesis de desaparición forzada” en la causa donde se estudian los hechos que desembocaron en la muerte del joven artesano tras la represión en la comunidad mapuche Pu Lof de Resistencia Cushamen el 1 de agosto. “La fiscal Ávila siempre pareció la abogada de Gendarmería”, denunció Heredia, al resaltar que sus peticiones “fueron para garantizar los derechos de los gendarmes”.

“Para ella, luego de que se encontró el cuerpo ya esta casi concluida la investigación, cuando para nosotros todavía no empezó”, advirtió Heredia en diálogo con FM La Patriada. Agregó que los resultados finales de la autopsia, que se conocerán el 24 de noviembre, no serán suficientes para “contestar todos los puntos de pericia” porque para poder hacerlo “falta un montón de información que todavía no está en el proceso”.

La abogada de la familia Maldonado reiteró las críticas por el rechazo del juez Gustavo Lleral a su última petición de incluir a especialistas extranjeros en la investigación y lo instó a que reconsidere su decisión. “Queremos que el Juez Lleral cuente con investigadores imparciales e independientes, imparciales de las personas que ya intervinieron en el proceso e independientes del Poder Ejecutivo”, insistió.

Además destacó que el pedido de incorporar a un grupo de especialistas extranjeros se funda en que la investigación se llevó adelante “con las mismas fuerzas que pertenecen al Poder Ejecutivo”. Heredia se refirió “concretamente” al Ministerio de Seguridad al que “pertenecen las fuerzas que produjeron los hechos el día 1 de agosto”.

“Para poder llegar a la verdad de lo que pasó, no solamente tiene que investigar hasta el 1 de agosto sino luego de ese día. Eso no se puede realizar con las mismas personas que no son imparciales, porque ellas mismas son las que en todo caso deberían ser investigadas”, puntualizó.

En otro pasaje de la entrevista, se refirió al escándalo que protagonizó la forense que se hizo pasar como perito de la CIDH y aseguró que Maldonado había sufrido un “ahogamiento intencional”. “Todos los peritos que participaron en la autopsia firmaron una obligación de confidencialidad bajo pena de incurrir en delito. Por lo tanto, cualquiera que haya dicho algo estaría incurriendo en un delito. Ni nuestro perito, ni ninguna de las personas que intervinieron ese día nos han dicho a nosotros alguna información”, aseguró la abogada.

Ayer en un comunicado la misma CIDH negó que hayan enviado un perito especial a la Argentina.

Por último, resaltó la lucha que están llevando adelante Sergio Maldonado y su esposa Andrea porque “con muchísimas fortaleza e inteligencia, se han convertidos en militantes de derechos humanos”.

“Ellos simplemente piden, nada más y nada menos, que Verdad y Justicia, una investigación independiente e imparcial, cuestiones tan simples que a uno le sorprende porque pareciera que se ofenden cuando uno les exige esto”, concluyó.